Aragón en los inicios del siglo XX: Del Desastre del 98 a la II República
Sombra

Tema 3. 1908: La entrada en la modernidad

Pese a la falta de libertades de la Restauración se había conseguido una estabilidad social que propició una coyuntura económica favorable para el despegue definitivo de la industrialización aragonesa y el ascenso definitivo de la burguesía.

Desgraciadamente, este fenómeno se concentró casi exclusivamente en Zaragoza ciudad, que se había convertido en un nudo de comunicaciones fundamental desde la llegada del ferrocarril, iniciándose el proceso de crecimiento demográfico zaragozano, que superó los cien mil habitantes con la entrada del siglo XX.

Ya se ha hablado de la relación entre el desarrollo de las azucareras y la ascensión de la clase burguesa. Esta clase burguesa, conservadora, esencialmente mercantil e industrial, y por vez primera regionalista, fue la promotora del desarrollo de una exposición para la conmemoración del Centenario en 1908 de los Sitios de Zaragoza. Esto servirá como reforzamiento de la conciencia regional y la superación de viejos tópicos, pero sobre todo para el fortalecimiento de los crecientes lazos económicos, principalmente con Francia.

La idea se venía gestando tiempo atrás y en 1902 se creó la Junta Magna del Centenario de los Sitios, de la que formaban parte todas las instituciones zaragozanas, desde el Ayuntamiento a la Universidad, pasando por la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País o la Real Academia de Bellas Artes de San Luis. El principal impulsor de la Junta Magna fue el deán del Cabildo de Zaragoza y presidente de la Caja de Ahorros de Zaragoza, Florencio Jardiel Dovato.

En 1907 se deciden las directrices generales de la exposición, que debía englobar aspectos tan diferentes como el artístico, el industrial, histórico, comercial o pedagógico. Además se nombraba responsable de su organización a uno de los empresarios más prestigiosos de la ciudad, Basilio Paraíso Lasús.

El personaje…    Basilio Paraíso

Este oscense obtuvo la licenciatura en Medicina por la Universidad zaragozana, pero no era aquélla su vocación y se interesó más por el mundo empresarial. En 1876 fundó junto a Tomás Colandrea un taller de fabricación de espejos y una tienda para la venta de los mismos. A esta sociedad se la llamó La Veneciana. Fue un negocio próspero, abriendo nuevos establecimientos en las ciudades como Madrid y Sevilla.

Poco a poco fue adquiriendo un creciente prestigio en el ámbito zaragozano por su capacidad organizadora y su dominio en la actividad comercial e industrial. Por esto accedió a los puestos directivos de las más relevantes instituciones económicas locales: Centro Mercantil y Cámara Oficial de Comercio e Industria.

También se hizo hueco en el mundo de la prensa interviniendo en la fundación en 1895 de la sociedad editorial de Heraldo de Aragón. Su salto a la política no iba a tardar defendiendo los valores regeneracionistas y fundó junto a Joaquín Costa la Unión Nacional en 1900. Pese a que Paraíso consiguió su escaño en el Congreso, el partido fracasó por las tensiones internas y el régimen caciquil, así que se acabó disolviendo poco más tarde.

Sin embargo el evento por el que pasará a la historia es por la organización de la Exposición Hispano-Francesa de 1908, por cuya participación recibe el nombramiento de hijo adoptivo de la ciudad y senador vitalicio por parte del gobierno de la nación.

El 1 de mayo de 1908 se inauguró en la antigua Huerta de Santa Engracia la Exposición Hispano-Francesa, una muestra que iba a dar entrada a Zaragoza y Aragón en la modernidad. En sus pabellones se daban cita casi 5.000 expositores agrupados en diez secciones: Agricultura, Alimentación, Mecánica, Industrias químicas, Arte Retrospectivo, Bellas Artes, Pedagogía, Economía Social, Higiene, e Industrias diversas.

Contó, además, con instalaciones propias de empresas españolas, como la de Altos Hornos de Vizcaya o La Veneciana, propiedad de Basilio Paraíso; otras oficiales, como la de Fomento; u otras de cuerpos profesionales, como la de los ingenieros de montes. El problema del agua fue tratado especialmente en la sección dedicada al canal de Aragón y Cataluña, recién inaugurado en 1906. Los puestos favoritos de los zaragozanos fueron los de los productos de lujo del Pabellón Francés, los automóviles, entre los que destacaban los Hispano-Suiza, las exposiciones de arte, y, sobre todo, la sección de Alimentación, siempre abarrotada.

Además de La Veneciana, otras empresas e industrias aragonesas participaron en la muestra: Eléctricas Reunidas de Zaragoza, que iluminó el recinto prolongando su actividad hasta bien entrada la noche; La Zaragozana, que comenzó a popularizar la cerveza entre los aragoneses; Minas y Ferrocarriles de Utrillas, que llevó a su stand un pequeño tren con vagonetas cargadas de diferentes tipos de carbón; Carde y Escoriaza, que presentaba uno de sus lujosos vagones de ferrocarril; Mateo Lacarte, constructor zaragozano de automóviles cuando en toda la provincia sólo había matriculados 32 coches; o Coyne, fotógrafo que con motivo de la Exposición rodó una película titulada Inauguración de la Exposición Hispano-Francesa.

Los visitantes de la Exposición, que superaron el medio millón de personas, no sólo pudieron contemplar los productos expuestos, también se divirtieron en el parque de atracciones; acudieron al Ilusiorama, que era un espectáculo a medio camino entre el teatro y el cine; escucharon conciertos en el quiosco de la música; se refrescaron en el Jardín Botánico anexo al recinto o se divirtieron en el Gran Casino, donde diariamente se celebraban banquetes, bailes y espectáculos.

Del diseño general de la muestra se encargó Ricardo Magdalena, arquitecto municipal y el profesional más prestigioso de su generación. El estilo arquitectónico triunfante en la muestra fue el modernista, que se impondrá en aquella generación a partir de aquel momento.

Una de las consecuencias de la celebración de la Exposición se plasma en el urbanismo de la ciudad, que incorporó un nuevo espacio a la trama urbana. Un ensanche burgués en el que se trazaron espaciosas calles en torno a una gran plaza central, la actual Plaza de los Sitios, con infraestructuras en las que se había tenido en cuenta la iluminación y el saneamiento. Además hay que destacar los edificios que han llegado hasta nuestros días: el Museo de Bellas Artes, la sede de La Caridad y la Escuela de Artes y Oficios.

La Exposición Hispano-Francesa fue el proyecto más importante desarrollado en Zaragoza en 1908, pero no el único. Se celebraron distintos congresos, entre otros los de Exportación, Agrícola Nacional, Internacional de Turismo, Económico de Amigos del País, pero los que más trascendencia tuvieron fueron el Histórico Internacional de la Guerra de Independencia y su época, que hizo una profunda revisión sobre los estudios históricos de aquella época; el Congreso Africanista, en relación con la política colonialista que se estaba llevando a cabo en el territorio marroquí; el Congreso Nacional Pedagógico, con menor afluencia de maestros de lo que cabía esperar; y en relación con el estamento católico, el Congreso Mariano Internacional, por la importancia de la devoción pilarista; la Asamblea de la Buena Prensa, para promover los intereses de la fe católica en España por medio de la prensa; y finalmente el Concilio de Zaragoza, convocado por el cardenal arzobispo de Zaragoza, Juan Soldevila.

Toda esta cantidad de actos colocaron a Zaragoza en un lugar privilegiado en el mapa, llegando a suponer una transformación en la mentalidad de la sociedad aragonesa, que era consciente de que a partir de 1908 había entrado en una nueva época.

Tema Exposición Hispano Francesa
Para saber más sobre…    
La Exposición Hispano-Francesa

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La exposición Hispano-Francesa de 1908

 

 

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