Aragón en los inicios del siglo XX: Del Desastre del 98 a la II República
Sombra

Tema 6. Aragón en la Dictadura de Primo de Rivera

La tensión social había llegado hasta tal punto que la opinión pública general llegará a respirar aliviada y esperanzada cuando, el 13 de septiembre de 1923, Miguel Primo de Rivera provoca el golpe militar en Cataluña.

Así acababa el sistema del gobierno de turnos de la Restauración. Las razones para el golpe de estado: la enquistada guerra de Marruecos, agravada con el desastre de Annual (1921), el malestar en el Ejército, la ola de conflictos sociales prácticamente ininterrumpidos desde 1917 (huelgas, terrorismo...) y el desencanto por la corrupción y por los escasos avances democráticos paralizados por un sistema de gobierno decimonónico.

Con la excusa de acabar con el caciquismo se suprimen las Cortes y se cesan a los concejales de los ayuntamientos; además los gobernadores militares pasan a ser también civiles. El general Sanjurjo, gobernador militar de Zaragoza, se convierte en un hombre clave del golpe y asume las funciones también de gobernador civil.

Se colocan a militares en todos los puestos administrativos reprimiendo cualquier oposición al nuevo régimen; se clausuran partidos como la CNT, el PCE o los nacionalistas; se ejerce una férrea censura en la prensa y se creará el Somatén, fuerza armada de civiles al servicio del orden público ahora establecido. En Aragón, el dictador encontrará un territorio favorable con importantes adhesiones por parte del sector conservador burgués (pese a que no es tenido en cuenta el Proyecto de Bases para un Estatuto de la Región Aragonesa dentro del Estado español), el asociacionismo agrario y, sobre todo, el católico.

Un aragonés formará parte del primer Directorio Militar (1923-25) como el general Mayandía, militar que había intervenido en Marruecos. Sus gestiones en las compras de terrenos en el acampo de San Gregorio permitieron el restablecimiento de la Academia General Militar en 1927, dirigida por Francisco Franco en esta segunda etapa hasta 1931.

Cuando se considera que la situación se ha estabilizado, ya no hay peligro de los separatismos y la conflictividad social se ha minimizado, ya se puede formar un gobierno civil, aunque plenamente controlado por Primo de Rivera. Para ello, el dictador creó un partido político, la Unión Patriótica. Este nuevo partido iba a servir como instrumento de movilización popular y, al mismo tiempo, para instruir a los futuros dirigentes de lo que deseaba el Régimen militar. Este partido estuvo fuertemente marcado por las directrices del catolicismo social. En Aragón destacan las figuras de Manuel Banzo Echenique en Huesca o la de Miguel Allué Salvador en Zaragoza, a quien se deben múltiples obras municipales como la apertura del Ensanche de la Gran Vía tras el cubrimiento del Huerva, la terminación de la urbanización de la antigua Huerta de Santa Engracia, la ampliación del Parque de Buenavista en el recién creado Parque de Primo de Rivera (hoy de José Antonio Labordeta)... además de actos emblemáticos como la celebración del Centenario de la muerte de Goya en 1928.

En ese directorio civil participa el aragonés Galo Ponte como ministro de Gracia y Justicia. Bajo su mandato se promulgó el Apéndice foral aragonés al Código Civil. Otros personajes relacionados con Aragón se iban a incorporar a la Asamblea Nacional (sin pasar por las urnas): Antono Gregorio de Rocasolano, Inocencio Jiménez, Mariano Baselga, el arzobispo Doménech, Basilio Paraíso, Manuel Lorenzo Pardo, Odón de Buen, Lasierra Purroy...

Otro aragonés iba a tener parte fundamental en la resolución del conflicto marroquí tras el desembarco en Alhucemas y la siguiente derrota de Abd el-Krim. Se trata de Julio López Oliván, quien presidió la Delegación española para negociar los tratados de paz.

Pero el aragonés que más influyó en el gobierno de Primo de Rivera fue Joaquín Costa. Pese a llevar quince años fallecido, la bandera del regeneracionista fue enarbolada por el dictador, aunque en la mayoría de ocasiones solo como una forma de propaganda. Primo de Rivera hace suyas las ideas del hombre que urgía para salvar a España un "cirujano con la mano de hierro". Se identifica con sus proyectos hidráulicos, de repoblación forestal y obras públicas, de escolarización, etc. Un apasionado costista es precisamente el encargado de proyectar y llevar a cabo la política hidráulica: Manuel Lorenzo Pardo, vinculado a la Confederación Hidrográfica del Ebro, fundada en 1926.

La etapa de crecimiento económico de los años veinte favoreció el desarrollo de distintas infraestructuras estatales como son los regadíos. Desde la creación de la Confederación hasta 1931 se podrán regar más de 72.000 nuevas hectáreas en el valle del Ebro con un presupuesto de 160 millones de pesetas (la misma inversión que en los veinte años anteriores y con una eficacia cinco veces superior).

En esta etapa se inauguran grandes obras de ingeniería como las inauguradas en Teruel impulsadas por Carlos Castel, la escalinata del Óvalo, la traída de aguas y el viaducto de Teruel, que proyectaba la expansión de la ciudad hacia el actual Ensanche. También Zaragoza sufrirá un importante crecimiento en los barrios periféricos en esta época, que acogieron la inmigración procedente del campo. La dificultad para estos grupos desfavorecidos para el acceso a la vivienda dará lugar a proyectos sociales como el plan de casas baratas realizado por el arquitecto municipal Miguel Ángel Navarro, que en la década siguiente daría lugar a la Ciudad Jardín, ambos constituyen los primeros intentos locales de promoción de vivienda social.

También las comunicaciones reciben un importante impulso. Se construyen nuevas carreteras, túneles y puentes, así como nuevos tramos de ferrocarriles: Zuera-Turuñana, Caminreal-Zaragoza, Calatayud-Soria y la planificación del Teruel-Alcañiz-Caspe-Lérida, aunque no llegará a inaugurarse. Pero hay uno de especial trascendencia para Aragón: por fin se inaugura el ferrocarril de Canfranc en 1928.

 

El sueño dorado…    El ferrocarril de Canfranc

El primer proyecto para construir un ferrocarril desde Zaragoza hasta Pau por Canfranc fue presentado en 1853 por Juan Bruil. Se pretendía en primer lugar la vertebración de las comunicaciones aragonesas, pero existía un componente económico muy importante, por la posibilidad que ofrecía de exportación directa de los productos aragoneses sin tener que pasar por otros mercados intermediarios.

Tras largos trabajos previos, en 1880 se fija la ruta definitiva a través del túnel de Somport. Para llevar a cabo las obras se crea la Sociedad Anónima Aragonesa para la construcción del ferrocarril a Francia por Canfranc, que está respaldada por el Banco de Crédito de Zaragoza con Íñigo Figueras al frente tras el fallecimiento de Bruil. Las obras se inauguraron en octubre de 1882 pero, a pesar de que se había fijado un plazo inicial de seis años para su culminación, el ferrocarril sólo había podido llegar a Jaca en 1893. Un año antes, y ante la magnitud de los problemas financieros que se habían planteado, la Sociedad Anónima Aragonesa se había liquidado, cediendo sus derechos a la Compañía del Norte, que sería la encargada de culminar las obras muchos años después, con la ayuda del Estado.

El tramo de Jaca a Canfranc todavía iba a tardar 35 años en realizarse, inaugurándose en 1928 por el rey Alfonso XIII, Primo de Rivera y Gaston Dourmergue, presidente de la República francesa. Por una parte, fue necesario salvar las dificultades del tendido Jaca-Canfranc (21 km. con un desnivel de 400 m. y varios puentes, viaductos y túneles por construir, entre los que destacaba el de Somport, de 7 kilómetros, a través del cual se cruzaba la frontera), pero, además, los militares españoles veían con excesivos recelos la construcción de un nuevo paso con Francia, por lo que se demoró la concesión de las oportunas autorizaciones y hubo que acceder a la construcción y reparación de costosas fortificaciones (torre de fusileros entre Canfranc y Villanúa, fuerte de Col de Ladrones en Canfranc y de Rapitán en Jaca, dotado este último de cañones procedentes de los restos de la escuadra española tras el 98, etc.).

El edificio más emblemático de toda la línea se construyó en el nuevo poblado de Los Arañones, en Canfranc. Es la estación internacional, cuyas obras finalizaron en 1925. De estilo modernista, su aspecto recuerda los palacios franceses del siglo XIX. Es un edificio de dimensiones faraónicas y cuando se inauguró era la mayor estación de España y la segunda de Europa. En su interior albergaba un hotel de lujo, un casino, una agencia de aduanas, una oficina del Banco de España, la cantina y la enfermería.

A partir de la fecha de su inauguración, las circunstancias de los siguientes años no fueron las mejores para que se consolidase un tráfico de pasajeros (la guerra civil, la II Guerra Mundial, el periodo autárquico…). Sí existirá un aceptable tráfico de mercancías, sobre todo en los años de la II Guerra Mundial, principalmente de mercancías provenientes de los puertos portugueses que se dirigían hacia Suiza. Pero las tensiones políticas entre el régimen franquista y las naciones vencedoras en la Guerra Mundial deterioraron las relaciones y contactos transfronterizos hiriendo de muerte al ferrocarril.

Tras diversos cierres temporales por circunstancias políticas la decadencia de la línea se va agudizando hasta que un accidente de dudoso origen ocurrido en 1970 en el puente de L'Estanguet, en la vertiente francesa. Desde ese momento se clausura el paso internacional y todavía hoy no ha sido reabierto.

A raíz del paso del ferrocarril se establecieron nuevos focos industriales en lugares como Sabiñánigo, donde se instala en 1924 la química Energía e Industrias Aragonesas SA., o en Monzón cuando 1925 comienza a funcionar la azucarera.

También relacionado con la puesta en marcha del ferrocarril y la mejora en las comunicaciones se desarrolla un turismo primitivo. A este desarrollo contribuirá en gran medida la creación en 1925 del Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón (SIPA). Sus actividades tienen como meta dar a conocer las bellezas aragonesas de paisaje, arte y cultura, como medio para desarrollar el turismo y el comercio. Por eso no es de extrañar que sea en esta época cuando se inauguren establecimientos como el Gran Hotel zaragozano (1929) y se produzca la primera expansión del excursionismo.

La universidad vive una época dorada con un incremento de las matrículas, con iniciativas como la creación de la Universidad de Verano en Jaca o de la Residencia de Estudiantes (llamada posteriormente Colegio Mayor Pedro Cerbuna). El acceso a la educación se ha extendido y en 1930 el analfabetismo ha descendido al 35% de la población.

Eran los "felices años veinte" y el país se supo enganchar al tren de la coyuntura económica favorable. La gran cantidad de obra pública que se lleva a cabo en la época sirve para mitigar el paro. Una ingente masa de trabajadores se ocupará en traídas de aguas, pavimentación de calles, mataderos, alumbrado público, repoblación forestal, etc.

Pese a la bonanza económica los salarios se estancan y aun bajan en algunos casos. Fueron introducidas algunas mejoras sociales (descanso dominical, retiro obrero, casas baratas…) pero éstas no resultan suficientes y el malestar entre las clases populares comienza a hacerse patente. El problema es que no existen sindicatos ni partidos políticos que canalicen las peticiones. Solo había tolerancia con el socialismo y particularmente con su sindicato, la UGT.

La sociedad demandaba mayor libertad y democracia. Comienzan a verse en prensa artículos de alguno de los principales líderes socialistas como Isidoro Achón, o el izquierdista radical Ángel Samblancat. El ejército seguía con sus divisiones internas y las clases medias retiran el apoyo al gobierno, que recibirá las críticas por parte de intelectuales y universitarios.

Así pues, Primo de Rivera se verá abocado a la dimisión, enfermo y fatigado en enero de 1930, falleciendo en el exilio tan solo tres meses después.

 

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