Aragón en los inicios del siglo XX: Del Desastre del 98 a la II República
Sombra

Tema 2. Los cimientos de la Restauración

Hasta la primera década del siglo XX, el sistema de la Restauración se había basado en dos partidos oligárquicos, Liberal y Conservador, que apoyaban a la Corona, que todavía mantenía la prerrogativa del nombramiento del Consejo de ministros y presidente del Gobierno. Estos partidos ascendían al gobierno de una manera pactada por turnos, apoyándose en unas tupidas redes clientelares de caciques locales, especialmente en las áreas rurales, que a cambio de determinadas prebendas mantenían a los políticos en el Congreso y Senado.

Las elecciones no llegaron nunca a entorpecer el sistema, pese a que desde 1890 existía el sufragio universal masculino. Por el procedimiento del encasillado, previo a las elecciones, se repartían los escaños del Congreso (unas veces favoreciendo a liberales y otras a conservadores) y a la hora de emitir los votos, los caciques locales jugaban su papel trascendental con el uso de toda una serie de medidas de presión sobre el electorado, mayoritariamente analfabeto y al borde de la pobreza: pucherazos, compra de votos, uso de la violencia...

La consecuencia lógica de este sistema fue la desmovilización y el alto abstencionismo del electorado, analfabeto en su mayor parte (60% de la población), ya que las verdaderas preocupaciones de la población eran la subsistencia y salvar el hambre en el día a día. La esperanza de vida española no alcanzaba los 35 años y la mortalidad infantil era una de las más altas de Europa con un 18% de niños que no llegaban al año de vida, debido sobre todo a las medidas higiénicas deplorables, las hambrunas por la pérdida de cosechas y las epidemias cíclicas (todavía estaba reciente la del cólera de 1885).

En 1900, en Aragón estaban censadas 928.247 personas, de las cuales el 78% vivían en poblaciones menores de mil habitantes. Zaragoza superaba los cien mil habitantes, pero en Huesca había poco más de doce mil y algo más de diez mil eran los de Teruel o Calatayud. Este dato indica que la gran mayoría de la población vivía en el área rural, signo del atraso económico con respecto a Europa y otras comunidades más desarrolladas.

Los otros estamentos sobre los que se soportaba el sistema político de la Restauración eran el Ejército y la Iglesia. El primero como un elemento represor importante que, consciente de su poder, durante el siglo XIX había puesto y quitado gobiernos a golpe de pronunciamientos.

Estaba basado en un sistema de reclutamiento muy injusto, en el que quedaban eximidos de ingresar en filas los que aportaban una cantidad de dinero, imposible de sufragar por las clases populares, gente procedente del campo y de la clase obrera.

El sorteo de quintas era un momento dramático para la economía familiar, que no podía prescindir del trabajo de uno de sus miembros. Sobre todo si el joven era enviado a luchar a las colonias hasta el Desastre del 98 y al norte de Marruecos desde que fuera ocupado tras la Conferencia de Algeciras de 1906.

El otro estamento fundamental sobre el que se sustentaba la Restauración fue el eclesiástico. A la etapa de anticlericalismo que culminó en el Sexenio revolucionario le sustituyó otra en la que el catolicismo alcanzó unos niveles muy altos de influencia, ya que supo utilizar la libertad de asociación para rehacer las órdenes religiosas antiguas y fundar otras nuevas. Basaba su poder en la enseñanza, que estaba casi monopolizada por las órdenes religiosas. Además también se ocupaba de la función benéfica y asistencial.

Los círculos católicos, difundidos en Aragón a finales de siglo XIX, y los congresos católicos canalizaron por unos años el nuevo movimiento asociativo de los seglares, que ya, en el siglo siguiente culminaría en las organizaciones de la Acción Católica, definida como participación de los fieles en el apostolado jerárquico de la Iglesia.

Iba a tener gran influencia la encíclica Rerum novarum (1891), primera en la historia con una intención social publicada por el Papa León XIII. Será tenida muy en cuenta cuando se crea en Zaragoza la Liga de Acción Social Católica (1902), de la que proceden entre otras instituciones la Caja de Ahorros de la Inmaculada (fundada en 1905), la Obra de la Blusa (donde se confeccionaban prendas gratuitas para obreros), la Biblioteca ambulante de Artes, Oficios y Agricultura o la Sociedad de Socorros Mutuos para Obreros.

Su primer presidente es Mariano de Pano y Ruata, pero destacan personalidades como la de Severino Aznar, Inocencio Jiménez o Salvador Minguijón, que disponían de distintos órganos de expresión como La Paz Social (fundada en 1907) y El Noticiero, que desde 1901 convivirá con El Heraldo de Aragón durante la mayor parte del siglo XX. También hay que citar revistas y semanarios como El Pilar o El Cruzado Aragonés.
 

 

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