El siglo XVIII en Aragón
Sombra

Tema 5. La sociedad aragonesa

Se ha dicho anteriormente que el espíritu ilustrado influyó fuertemente en las clases más favorecidas de la sociedad. Sin embargo, la mayor parte de la población, de una extracción social baja, permanecerá ajena a este movimiento. Esta población está adscrita al régimen feudal, o sea, pertenecen a una minoría de señores feudales con grandes extensiones territoriales y están obligados a pagarles una serie de censos y tributaciones (por la explotación de las tierras, hornos, molinos, etc.), además de estar sometidos a otras servidumbres.

Especialmente en la primera mitad de siglo verán como las clases bajas incrementan su empobrecimiento debido a una fuerte presión fiscal y una coyuntura de malas cosechas y la crisis de subsistencias. Comienza a escasear el alimento para la mayoría de población y las instituciones de beneficencia como el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, la Casa de Misericordia o la Hermandad de la Sopa no llegan a atender a la cantidad de gente necesitada.

La revuelta...    El motín del pan

El punto de inflexión de la penosa situación económica es el denominado Motín de Esquilache de 1766. Una revuelta generalizada en toda España cuyos sucesos más dramáticos se vivieron sobre todo en Madrid, pero le sigue en violencia la de Zaragoza, donde se la conoce como el Motín del Pan. Tomás Sebastián y Latre recogió todos los datos de este motín en un tratado. La subida desmesurada del precio del pan debido a la crisis de subsistencias llegó a un punto insostenible hasta que finalmente el día 6 de abril se levantó la población zaragozana asaltando casas de comerciantes, de usureros y el palacio del intendente real.

La posterior represión del motín fue enérgica y cruenta, con trescientos heridos, doscientos presos y casi una veintena de muertos, a diferencia con Madrid, no reprimieron el motín los soldados sino voluntarios labradores de diversas parroquias conocidos como broqueleros porque iban armados con espadas y broqueles (pequeños escudos). Aunque estos broqueleros fueron encausados dada la ilegalidad de su iniciativa e intervención, Carlos III les perdonó y en 1767 extendió cartas de hidalguías a favor de veintiún jefes de broqueleros y sus descendientes.

El motín se extendió durante todo el mes a distintas poblaciones aragonesas como Alcañiz, Barbastro, Caspe, Codo, Huesca... y el último de todos en Benabarre. Esta situación de inseguridad finalizó con la destitución del Marqués de Esquilache y la ascensión a la presidencia del Consejo de Castilla del Conde de Aranda.

En el último tercio de siglo, con la ascensión de Aranda y el "Partido aragonés", la introducción de medidas ilustradas de la Real Sociedad Económica de Amigos del País y la construcción del Canal Imperial de Aragón, la economía aragonesa se verá bastante recuperada, de manera especial en la producción agrícola. Es significativo en relación con esto el considerable aumento de la población a lo largo del siglo, pasando de los 360.000 habitantes al inicio de la centuria a los 650.000 del final.

En el siglo XVIII es la primera vez que se dispone de un gran número de estimaciones globales de población desde el incompleto de 1709 hasta el de Calomarde de 1800. El aumento es generalizado en todos los corregimientos aragoneses, especialmente en los de Zaragoza y Alcañiz, que sobrepasan los cien mil habitantes.

Las causas de este crecimiento tienen que ver con la disminución de la mortalidad por una preocupación de los ilustrados por la sanidad, pero sobre todo por la expansión económica del sector agrario, ya que el comercial y preindustrial se desarrollan escasamente.

El siglo XVIII es en otros lugares el de la eclosión de la clase burguesa, sin embargo en Aragón fracasarán los intentos de desarrollar un sector burgués potente. Fracasan proyectos como el de la Real Compañía de Comercio y Fábricas de Zaragoza, creada en 1746 para la comercialización de los productos aragoneses en el exterior y la promoción y fomento de la industria en el país, para lo cual recibió una serie de privilegios jurisdiccionales, comerciales, fiscales, diversas franquicias y exenciones aduaneras y puertos francos en Tortosa, Vinaroz, Reus, San Sebastián y Bilbao. Esta compañía poseía manufacturas de papel, de jabón y sobre todo de tejidos. Según Ignacio de Asso controlaba por entonces al menos 177 telares y tuvo un gran desarrollo inicial sobre todo en Zaragoza y en el Bajo Aragón. Pero la compañía fracasó por errores de financiación y gestión.

Existen otros intentos particulares de revitalización de una industria en Graus con la fábrica de curtidos o el molino de papel, o la fábrica de tejidos de Gelsa del conde de Atarés. También se desarrolló el sector textil en Ejea y Tauste, Huesca, Sariñena, Borja, Tarazona, Épila o Bujaraloz. Los curtidos de Calatayud y de Brea, fábricas de papel en Castejón y Villarluengo, primera en España.

Un estamento...    La iglesia en el siglo XVIII

El último de los estamentos a destacar en el panorama aragonés de este siglo es el eclesiástico. Según el censo de Floridablanca de 1787 existían en Aragón 171 conventos masculinos ocupados por 4.644 frailes y 64 casas femeninas con 2.064 monjas. Pero además hay que contabilizar el número de sacerdotes y otras dignidades eclesiásticas.

Como se ve existía un problema por la gran densidad demográfica del clero y la considerable masa de bienes eclesiásticos que venían acumulando durante siglos. Sirva como ejemplo el recuento de Zaragoza de 1723, la ciudad tenía 29.601 habitantes, de los cuales 383 eran clérigos seculares y 1.509 religiosos y religiosas (casi un 10% de la población). Además se sabe por este recuento que poseían 2.016 inmuebles, el 44% del caserío total.

Este estamento, no era productivo en términos económicos y tenían unas considerables ventajas fiscales. Vivían de las limosnas, los diezmos y las rentas de los bienes amortizados (casas y tierras) y a finales de siglo llegaron a poseer el 20% de las tierras de Aragón.

Para la mentalidad enciclopedista ilustrada este estamento suponía un lastre y la monarquía aprovechó la coyuntura para realizar acciones puntuales como la expulsión de la Orden de los Jesuitas entre los que se encuentra José de Pignatelli, con la excusa de ser los responsables del Motín de Esquilache. Otra acción es el inicio de una serie de desamortizaciones de bienes de la Iglesia, aunque tendrán más trascendencia en el siglo siguiente con Mendizábal y Madoz.

Sin embargo, dentro del propio estamento eclesiástico se encontraron firmes partidarios de la Ilustración como Hernández y Pérez de Larrea, impulsor de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. Además hay otros buenos ejemplos: en materia económica Dámaso Generés o Antonio Arteta; en Historia destacan Ramón de Huesca, los Traggia, Latassa, Abbad y Lasierra o Miguel Monterde; en los campos de Biología y la Medicina destaca Antonio José Rodríguez y en campos como la pedagogía destacaron Joaquín Millás o el escolapio Pedro Celma. Pero sin duda, el prototipo del clérigo ilustrado es Ramón de Pignatelli, impulsor del Canal Imperial.

 

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