El siglo XVIII en Aragón
Sombra

Tema 4. La Ilustración aragonesa

La Ilustración es el movimiento cultural que inunda el siglo XVIII en toda Europa y que tiene como base al empirismo racionalista promulgado por el filósofo francés Descartes. Los ilustrados debían analizar y comprobarlo todo en cada una de las manifestaciones del hombre. De ahí que el fenómeno alcanzara globalmente a la sociedad. Eran tan solo una afortunada minoría de población, ya que la posibilidad de estudio no estaba al alcance de casi nadie, pero fueron muy activos e influyentes. Lo componían clases altas de las familias nobles que siguen en posesión de la tierra pero también las clases medias enriquecidas por el comercio, que eran todavía pequeñas en relación al resto de la sociedad pero empezaban a cobrar su importancia.

En Aragón se comienzan a manifestar las nuevas corrientes ilustradas venidas desde Francia e Italia a mediados del siglo XVIII, sobre todo desde el reinado de Carlos III. El apoyo político de la Corte de Madrid fue fundamental y personajes como el Conde de Aranda y los miembros del Partido aragonés influyeron notablemente en el sustento a las iniciativas de los ilustrados aragoneses.

La transformación de la sociedad en busca del progreso se debía hacer a través de la creación de nuevas instituciones como la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País (Zaragoza, 1776), que fue emulada en 1783 con la Real Sociedad Económica de Jaca y sus Montañas o en 1803 con la Sociedad Económica Turolense de Amigos del País.

El siguiente paso era la revisión del estado real en que se hallaba Aragón en los órdenes social y económico, lo cual supuso la realización de un buen número de recopilaciones, trabajos, estudios, informes, etc. para poder así emprender las reformas necesarias. La principal de estas recopilaciones en materia económica fue la Historia de la Economía Política de Aragón (1798) de Ignacio Jordán de Asso.

El espíritu ilustrado comportaba una generalización de la cultura, considerando una de sus prioridades la educación básica de carácter laico para todos los niños.
 

Primeras letras…    Educación primaria generalizada en la Ilustración

Aragón en el siglo XVIII tiene notables representantes teóricos y prácticos en la educación. Andrés Piquer, de Fórnoles, médico, humanista y autor de Filosofía Moral para la juventud española (1755). Francisco Mariano Nipho, de Alcañiz, periodista y educador. Sus ideas pedagógicas quedaron plasmadas en su famoso Diario noticioso y en su tratado didáctico Curso de leer y escribir (1770). La pedagogía femenina está altamente representada en la labor que desarrolló Josefa de Amar y Borbón y el análisis que de la formación femenina nos ha legado en su obra Educación Física y Moral de las Mujeres (1790). Sobre didáctica de lectura y escritura también escribió el maestro de Muel J. Vicente Meave (1782). Sobre educación de niños nos dejó un tratado el jesuita zaragozano Crispín Poyanos Zapater y Domingo Francisco Salas ideó un plan que enseñaba a leer en seis meses, asistiendo sólo a las horas regulares y sin auxilio de libros o cartilla.

El propio Goya refleja su preocupación por el tema educativo desde el punto de vista de la Ilustración cuando plasma en el pequeño cuadro de la Escena de Escuela, también conocido por La letra con sangre entra, donde critica el tipo de enseñanza que se dispensaba en aquel momento, que usaba como procedimiento habitual el castigo físico.

En los estudios de bachillerato, dado el absoluto control que la Iglesia ejercía sobre los centros de enseñanza fueron escasas las innovaciones, así como la participación de la mujer, a pesar de las teorías de Josefa de Amar y Borbón. Lo mismo ocurría con las universidades de Zaragoza y Huesca, que variaron poco sus estructuras y planes de estudio. Sin embargo, los ilustrados, a través de la Real Sociedad Económica Aragonesa dotaron a la ciudad de Zaragoza de enseñanzas superiores en ciencias tales como Matemáticas, Álgebra, Trigonometría, Geometría, Estadística, Agrimensura, Arquitectura civil y militar, Física, Química, Botánica, Filosofía moral, Derecho público, Economía civil y Comercio, que suplieran las evidentes lagunas que presentaban las enseñanzas tradicionales universitarias.

La sanidad pública fue otra de las grandes preocupaciones de la Ilustración. Fueron abundantes los análisis sobre la potabilidad de aguas, prestándose especial atención a los manantiales de aguas medicinales aragonesas. A partir de la década de 1780 se inició una lucha decidida contra las endemias como la rabia y la viruela.

La Ilustración aragonesa se divide en cuanto a la preocupación por las distintas áreas de la economía. La nobleza, tradicional poseedora de la tierra, abogaba por las mejoras técnicas agrícolas, ganaderas y en las vías de comunicación, para incrementar la producción y dar salida adecuada a sus excedentes. Se agruparon en torno a Ramón Pignatelli y su obra cumbre fue el Canal Imperial de Aragón.

Mientras tanto las clases medias, a través de la Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, buscaban la salida del régimen casi autárquico en el que se hallaba sometido Aragón, por sus propias fronteras. Informaban a agricultores, artesanos, fabricantes y comerciantes acerca de técnicas nuevas, maquinarias, necesidades de mercado, etc.

Lucharon por abolir el proteccionismo del comercio de productos agrícolas, la reducción de los aranceles aduaneros en las fronteras del reino y promovieron una reforma en los cerrados gremios artesanales. Buscaron la salida al mar de sus productos, bien por la costa mediterránea a través del puerto de los Alfaques (Castellón) o bien por Laredo (Cantabria). Además crearon distintas escuelas o cátedras en materia económica como la de Agricultura, Flores de Mano, Hilar al Torno, Economía Civil, Comercio…

Pero no todo fueron apoyos para los ilustrados aragoneses ya que se le opusieron estamentos como el religioso por su laicismo en la educación, instituciones como las universidades por las nuevas cátedras creadas y el Ayuntamiento de Zaragoza por causa de la reforma de los gremios. El hecho más grave en esta oposición lo protagonizó Fray Diego de Cádiz cuando, en un intento de detener el movimiento ilustrado, acusó a la Sociedad Económica Aragonesa de fomentar proposiciones heréticas.

 

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