El siglo XIX en Aragón: La disolución del Antiguo Régimen
Sombra

Tema 2. Aragón en el Trienio liberal

El 1 de enero de 1820 se desencadena la reacción de Rafael del Riego a la política absolutista de Fernando VII con el pronunciamiento liberal de Cabezas de San Juan (Sevilla) proclamando la Constitución de Cádiz. El levantamiento militar culminó con éxito, propagándose a otras ciudades y en marzo de 1820 el rey se vio obligado a jurar la Constitución.

José Zamoray, líder natural del barrio de San Pablo zaragozano, agrupó a los constitucionalistas (o doceañistas) militares y civiles mediante reuniones secretas en su propia casa, consiguiendo la ayuda del antiguo ministro de hacienda Martín de Garay, y la participación de la guarnición con objeto de conseguir sin sangre la instauración del régimen constitucional, cuidando él y sus partidarios del orden público y dejando a las tropas en los cuarteles.

La proclamación constitucional en Zaragoza se producirá el 5 de marzo de 1820 colocando una lápida dedicada a la Constitución (la "losa"). La diferencia radical entre este levantamiento y el de Cabezas de San Juan, estriba en que éste fue civil, con la intervención de los veteranos combatientes de los Sitios como protagonistas fundamentales. Las parroquias de Zaragoza eligieron una Junta Suprema de Aragón. Su primera medida fue la reposición de los ayuntamientos anteriores a 1814 y la supresión de la Inquisición, cuya cárcel, donde sólo había un preso, fue asaltada por el pueblo. Más tarde se restablecerá la Milicia Nacional, un ejército de voluntarios en defensa de la Constitución.

A nivel nacional se vuelven a convocar las cortes españolas a las que acudirán nueve diputados por Aragón, entre los que destaca el turolense exaltado Juan Romero Alpuente defendiendo la abolición de los diezmos que se pagaban a la Iglesia.

Las ideas liberales pronto se propagaron sobre todo a través de la prensa con diarios como el Diario Constitucional de Zaragoza, el Diario Político de Zaragoza o El Zurriago Aragonés, y también a través de las sociedades patrióticas. Estas sociedades eran unas tertulias reunidas en cafés y otros lugares públicos de las principales ciudades, organizadas por liberales para comunicarse las noticias, leer los periódicos, proponer ideas y soluciones.

En Aragón, la más influyente fue la Sociedad Patriótica de Zaragoza, que celebró su primera junta preparatoria el 12 de abril de 1820. Sin embargo, por ley de las Cortes se disolvieron las sociedades patrióticas ese mismo año. Aunque al año siguiente se da la continuidad con la nueva Tertulia Patriótica de Zaragoza, muy activa por la presencia en Zaragoza de Rafael del Riego, nombrado capitán general de Aragón. También se sabe de la existencia de una agrupación similar en Calatayud.

Sin embargo, entre los propios partidarios de la Constitución enseguida surgieron los primeros conflictos, dividiéndose entre doceañistas (más moderados) y exaltados (más partidarios de una reforma social completa) cuyo representante principal es Juan Romero Alpuente.

El nombramiento de Riego como capitán general de Aragón, convertido ya en un mito, potenció a los exaltados, cimentando una línea de talante ideológico progresista leal al rey constitucional. Sin embargo, la situación cambiará con los rumores sobre un levantamiento que elevarían a Riego a la presidencia de una posible República. Riego fue destituido y apartado, nombrándole gobernador militar de Lérida.

Pero no toda la población era favorable a la Constitución, los llamados apostólicos eran una facción religioso-política caracterizada por un frenético anticonstitucionalismo y defensa a ultranza de la Inquisición, y por su violencia guerrillera rural. Nace como reacción inmediata y violenta a la política eclesiástica del régimen constitucional, que rebaja los privilegios de la Iglesia y ordena enseñar, jurar y propagar desde el púlpito la Constitución.

En Zaragoza, la primera reacción de los apostólicos se produjo en mayo de 1820, cuando un grupo de labradores de las parroquias de San Miguel y del Arrabal intentan quitar la placa dedicada a la Constitución.

Francisco López Ballesteros
El liberal López Ballesteros

Los apostólicos cobrarán más fuerza con la destitución de Riego, provocando una revuelta en Zaragoza el 23 de abril de 1821. En esa acción, José Zamoray, el doceañista que inició la revolución de 1820, sería capturado en la sacristía del Pilar disfrazado de clérigo y asesinado. Desde entonces, Aragón iba a ser el escenario de frecuentes revueltas provocadas por los realistas, partidarios de la monarquía absoluta que combatieron el régimen constitucional, entre los que destacan Capapé en el área de Teruel y Bessieres en la de Zaragoza.

No obstante, Zaragoza mantendrá una línea liberal, apoyada en su capitanía general y en su fuerte Milicia Nacional, hasta que desde Francia lleguen los Cien Mil Hijos de San Luis para restaurar el absolutismo en 1823. Destacados militares liberales encargados de hacer frente a este ejército fueron el navarro Espoz y Mina y el zaragozano Francisco López Ballesteros. Los dos tuvieron que marchar al exilio, como muchos otros liberales, y los que no lo hicieron acabaron en prisión.

Con este apoyo militar francés Fernando VII volvió a abolir la Constitución y todas las reformas efectuadas durante el Trienio Liberal. A partir de este momento iba a iniciarse la "Década ominosa", una vuelta a la represión y al triunfo del Antiguo Régimen.

Una nueva provincia aragonesa…    Calatayud

Uno de los temas tratados en las sesiones de cortes del trienio liberal fue la nueva división provincial de España. Esta nueva división se aprobó por un Decreto aprobado el 27 de enero de 1822 y no se tuvieron en cuenta las delimitaciones históricas de los reinos ni la tradición. En Aragón el principal cambio fue la división en cuatro provincias: las tres actuales más Calatayud.

Este intento de reorganización territorial implicaba para Aragón una consecuencia notable: venía a alterar sus límites exteriores consolidados desde hacía muchos años. Así, en la nueva provincia bilbilitana se incluían Medinaceli y su comarca, pertenecientes históricamente a Soria, algunos lugares de Guadalajara y de Teruel, así como también La Almunia y Daroca, que en 1833 se asignaron a Zaragoza.

En cuanto a los límites exteriores de Teruel, también fueron alterados. Pueblos del Maestrazgo como Mirambel, Cantavieja, La Iglesuela, Mosqueruela, Puertomingalvo y San Agustín fueron asignados a Castellón. Por el contrario en el reparto le atribuyeron el partido de Ademuz, perteneciente a Valencia.

Esta reforma fue efímera, ya que tras el retorno del absolutismo se deroga la Constitución y se revocan todas las leyes del Trienio Liberal. En las siguientes divisiones provinciales ya nunca más se volverá a citar la provincia de Calatayud, y en lo que respecta a Aragón, su delimitación permanecerá inalterable desde 1833 y la organización territorial de Javier de Burgos.

 

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