El siglo XIX en Aragón: La disolución del Antiguo Régimen
Sombra

Tema 6. Un nuevo poder: la burguesía

Tras el final de la primera guerra carlista estaba claro que habían cambiado las relaciones sociales y había surgido definitivamente con fuerza un nuevo poder, el de la burguesía y la clase media.

Todavía continúa el predominio de la economía agraria, y hasta ese momento la mayor parte del territorio y de sus hombres estuvieron en manos de la nobleza y el alto clero. Los hombres que trabajaban estas tierras estaban obligados a pagar una serie de censos y tributaciones, además de estar sometidos a otras servidumbres como el trabajo en la tierra señorial o el uso obligatorio de sus hornos y molinos. Además de la presión económica existía la personal, ya que los señores gozaban de la jurisdicción civil y criminal en su señorío.

En 1815, el historiador zaragozano Agustín Alcaide escribía refiriéndose a Aragón: "Abrumados los habitantes con el peso de los treudos, vexaciones feudales y derechos prohibitivos; ni siquiera pueden respirar, porque no les queda con qué subsistir". Los campesinos debían pagar por utilizar los monopolios del señor, las rentas señoriales, los derechos de quindenio, laudemio y fadiga y, además, el diezmo eclesiástico y los impuestos municipales y reales.

Se habían realizado decretos abolicionistas de los señoríos en las cortes de Cádiz y en el trienio constitucional, pero siempre habían prevalecido los derechos señoriales. Por fin, en 1837 se acabará definitivamente con los señoríos, aunque su disolución práctica será mucho más lenta y se arrastrará el problema a lo largo de todo el siglo XIX y las dos primeras décadas del XX, con largos y tediosos pleitos por la propiedad de la tierra.

Un proceso similar se produjo con la disolución de los cerrados gremios artesanales. Las Cortes de Cádiz en 1813, declaraban la libertad de industria, sin que fuera necesario para su ejercicio examen, título o incorporación en gremio alguno. Con el regreso de Fernando VII esta deroga pero vuelve su vigencia en el trienio liberal. En 1836 se publica el decreto para la abolición definitiva de los gremios. Este proceso, como el de la disolución señorial, fue impulsado por la burguesía que buscaba unas formas económicas capitalistas de liberación de mercados.

Durante los años de la regencia de Espartero puede adivinarse un enfrentamiento entre un sector de la burguesía que apuesta por un desarrollo industrial de modelo catalán o británico representada, por ejemplo, por el industrialismo del alcalde Miguel Alejos Burriel, fundamentada en el aprovechamiento de las aguas del Canal como fuerza motriz y fabril, y el más extendido y tradicional agrarismo que entiende a la región como productora y exportadora de productos agrarios.

Por estas fechas comienza a desarrollarse la industria harinera, que va a ser durante muchos años la avanzada del sector industrial (en Zaragoza se crean las dos primeras harineras en 1845). Sus propietarios pueden estar ejemplificados por Felipe Almech, fuerte comprador en la Desamortización de Mendizábal, y miembro de la Junta Revolucionaria zaragozana de 1835.

Esta lenta industrialización es debida a los efectos todavía devastadores de la Guerra de la Independencia, sobre todo en sectores como el textil, y la asfixia por la competencia de las regiones catalana y vasca. Solo a partir de la segunda mitad del siglo XIX gracias a la entrada de capital extranjero se producirá un cierto despegue de la industria aragonesa, pero siempre irá por detrás de las regiones vecinas y los países europeos. La primera instalación de industria metalúrgica se produce en 1853 con la Sociedad Maquinista Aragonesa.

Para finalizar, también como producto de la ascensión burguesa, hay que hablar del inicio de la banca con la Caja de Descuentos Zaragozana. Esta entidad fue fundada en 1845 por Juan Bruil ofreciendo créditos a corto plazo y realizando descuento de efectos. En la década siguiente se iba a transformar en el Banco de Zaragoza, precedente del que luego sería Banco de Crédito de Zaragoza.

El alcalde industrializador…    Miguel Alejos Burriel

Fue alcalde de Zaragoza en 1840, durante la regencia de Espartero, y como notable progresista formó parte de la Junta Revolucionaria zaragozana de 1835 y fue procurador y diputado en Cortes por Teruel desde 1835 a 1843.

Lo más destacado de su actuación fue la concepción detallada de un proyecto de industrialización de la capital aragonesa de gran envergadura. Apoyándose en las posibilidades de utilización de energía hidráulica barata el agua del Canal Imperial, que, al discurrir por el Monte Torrero, lo hace a una altura de 90 pies sobre el nivel del Huerva y del Ebro, imaginó tres grandes calles industriales entre Torrero, la subida de Cuéllar y San José, por las que discurrirían tres canales en tres niveles distintos, suministrando la energía necesaria a un gran complejo industrial de base textil y lanar, para el que diseñó hasta las viviendas de los obreros. El último día de 1840, el Ayuntamiento constitucional solicitó del ministerio-regencia la concesión del agua a "capitalistas nacionales y extranjeros" para poner en marcha el plan de su alcalde, y la liberación de diez años de contribución a quienes instalaran las fábricas. Habiéndole exigido el gobierno una memoria más precisa, redactó un folleto que se publicó en 1841 con el título de El Porvenir industrial de Zaragoza, en el que su proyecto se ampliaba al conjunto de la región, describiendo un sistema de comunicaciones en el que la navegabilidad del Ebro y el "camino de hierro a Canfranc" (una de las primeras referencias conocidas) estaban en la base de un utópico industrialismo para la región.

 

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