El siglo XIX en Aragón: La disolución del Antiguo Régimen
Sombra

Tema 8. Cultura: del Neoclasicismo al Romanticismo

En Aragón el influjo del Neoclasicismo será muy duradero por la base teórica ilustrada que lo sustentaba.

En arquitectura, se sigue mirando en el espejo que supone el Pilar y no se producirá una gran innovación artística en la época más preocupada por reconstruir lo que había sido devastado en la Guerra de la Independencia que por otra cosa.

Trabajan en este momento artistas como José de Yarza y Lafuente (1759-1833), autor del Teatro Principal zaragozano o del proyecto en 1814 de reconstrucción del templo subterráneo de Santa Engracia. Siguiendo la saga, José de Yarza y Miñana (1801-1866) reconstruirá en 1827 la iglesia del Portillo y en 1829 proyectó la reconstrucción del Real Monasterio de Santa Engracia.

El arquitecto Tiburcio del Caso (1769-1846) no será capaz de igualar la iglesia de San Fernando de Torrero, y uno de los arquitectos más importantes, el aragonés Silvestre Pérez (1767-1825) va a desarrollar prácticamente todo su trabajo fuera de Aragón, esta vez principalmente en Madrid, Bilbao y País Vasco.

En escultura, se perfeccionarán las formas neoclásicas y artistas como Joaquín Arali o Juan Adán a caballo entre los siglos XVIII y XIX darán paso al zaragozano Ponciano Ponzano, que en 1845 obtiene el título de escultor de cámara honorario y es autor en Madrid del frontón del palacio de las Cortes (actual Congreso de los Diputados) y los dos leones de bronce de la escalinata.

En el ámbito propiamente aragonés destaca el alcañizano Tomás Llovet (1770-1848), autor de diversos pasos de Semana Santa para la Hermandad de la Sangre de Cristo y de la Fuente de la Princesa en honor de Isabel II.

En pintura, tras la etapa de esplendor de autores en la segunda mitad del siglo XVIII, los inicios del siglo XIX quedan eclipsados por la figura de Goya que será el precursor de un nuevo estilo en la península, el Romanticismo. Con este estilo se abandona la Razón para dar preferencia a los sentimientos y la pasión. Se supera la belleza clásica con obras en las que existe una denuncia social o en las que importa más retratar psicológicamente al personaje que no hacerle un retrato idealizado.

Más adelante, a mediados de siglo destacará como pintor, pero más en sus facetas de coleccionista, arqueólogo e historiador del arte el oscense Valentín Carderera.

Para saber más sobre Goya se puede consultar el tema Francisco de Goya y Lucientes de la GEA.

En música se sigue imponiendo la temática religiosa en las composiciones, con lo cual no se da pie excesivo a las innovaciones de la música del Romanticismo en otros países de Europa. Son destacables las figuras de Ramón Cuéllar, Vicente Palacios, Mariano Nicasio Rodríguez de Ledesma o Indalecio Soriano, que siguen la estela de Francisco Javier García Fajer, 'el Españoleto', fallecido en 1809.

En el campo literario hay que citar en las primeras décadas a autores como el montisonense José Mor de Fuentes o a Rafael José de Crespo con su obra Don Papis de Bobadilla (1830), realizada en seis volúmenes, que trata de imitar al Quijote y es sátira de los filósofos enciclopedistas.

Llegarán las corrientes románticas, aunque más tardíamente y con autores menos ilustres que en otros lugares. Liceos artísticos como los de Zaragoza, Huesca y Calatayud son encargados de propagar el ideal romántico en la sociedad aragonesa. Su autor más destacado es José María Huici, con obras históricas como Don Pedro el Cruel (1840) o Don Juan de Lanuza (1848).

Sin embargo es necesario citar el relieve que cobrará Aragón como tema romántico para otros autores foráneos. Tanto es así que dos de los tres grandes dramas históricos españoles tienen ambientación aragonesa: El trovador (1836) de Antonio García Gutiérrez (y ópera de Verdi en 1853) y Los amantes de Teruel (1837) de Juan Eugenio Hartzenbusch. Y el mismo duque de Rivas, autor del Don Álvaro o la fuerza del sino, había estrenado en Cádiz su tragedia clásica Lanuza en 1822. Incluso el romanticismo teatral francés tuvo color aragonés por la ambientación aragonesa del Hernani (1830) de Víctor Hugo.

Los dos escritores más destacados de la mitad de siglo no fueron propiamente románticos: el caspolino Miguel Agustín Príncipe, autor de Tirios y troyanos y, especialmente, Braulio Foz, autor de la Vida de Pedro Saputo.

Un autor y su obra…    Braulio Foz y la Vida de Pedro Saputo

El Eco de Aragón
El Eco de Aragón,
periódico publicado por Foz
(Fórnoles, 1791 - Borja, 1865). Este turolense cursa sus primeros estudios en Calanda y en 1807 aparece matriculado en la Universidad de Huesca. Participó en la guerra de la Independencia, siendo apresado y conducido a Francia. Tras su vuelta, en 1822 obtiene la cátedra de griego en la Universidad de Zaragoza, aunque al final del Trienio Constitucional en 1823 tiene que regresar a Francia exiliado. A su regreso, se reintegra a la docencia y en 1838 funda El Eco de Aragón, periódico liberal que redacta casi en exclusiva.

En su trayectoria literaria realizó varios ensayos relacionados con su formación clásica y distintas obras de alcance filosófico, jurídico e histórico. Realizó también cinco comedias sin demasiada calidad que no llegaron a imprimirse.

Seguramente Braulio Foz no habría pasado a la historia si no hubiese publicado en 1844 su Vida de Pedro Saputo, natural de Almudévar, hijo de mujer, ojos de vista clara y padre de la agudeza. Sabia Naturaleza su maestra, impresa por Roque Gallifa.

Tomo I de la Historia de Aragón realizada por Braulio Foz
Tomo I de la Historia de Aragón realizada por Braulio Foz

El origen de Pedro Saputo se halla en un personaje folclórico, héroe de refranes y anécdotas que se recogen ya a fines del XVI y que Foz pudo oír de viva voz en sus largas estancias oscenses. Pero, evidentemente, para la novela de 1844 eso es solamente un punto de partida. Aunque publicada en plena época romántica, poco de esa escuela tiene el autor que abomina explícitamente del adjetivo "pintoresco" tan usado por aquélla y que, en pleno momento del relato histórico excluye cualquier datación temporal y aun ambiental de una novela que se pretende intemporal.

La Vida de Pedro Saputo se divide en cuatro libros, con cincuenta y cuatro breves capítulos en total. El personaje muy conocido realiza un viaje por distintos lugares de Aragón en el que las descripciones son muy precisas. Posee una notable influencia cervantina en su desenvoltura narrativa, su tono de ironía, incluso su ideología algo estoica de la vida y sus críticas anticlericales parecen también cervantinos, pero imbuidos por el espíritu crítico ilustrado, aunque la obra sea de mediados del XIX.

Pocas aventuras son estrictamente originales y en su mayor parte tienen referencias en otras del Siglo de Oro. El secreto y la originalidad del arte de Foz reside, pues, en la atractiva trabazón del conjunto y la perfecta adecuación de un lenguaje de resonancias clásicas con el uso de innumerables modismos aragoneses.

 

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