Los monasterios aragoneses
Sombra

Tema 7. La vida diaria en un monasterio

Hasta ahora, en este tema hemos hablado de los monasterios, pero no de las personas que los habitaban en comunidad. Eran los monjes y monjas que debían profesar los votos de silencio, pobreza, castidad y obediencia según las directrices de las reglas monásticas, por eso forman parte del clero regular, a diferencia de párrocos u obispos, que conforman el clero secular.

La dedicación principal del monje es la mediación con la divinidad a través de la oración para la salvación de las almas de los mortales. Pero además de esta función espiritual, el monasterio tenía otras funciones más como es la cultural, económica y asistencial, por eso también debía dedicar parte de su tiempo al trabajo, siguiendo el viejo precepto de San Benito de Nursia de Ora et labora.

La jornada en el monasterio estaba totalmente reglamentada para evitar el vicio de la ociosidad y la campana era el instrumento que convocaba a la oración según las horas canónicas.

Antes del amanecer los monjes ya debían haberse levantado para rezar los Maitines y los Laudes. Estas dos horas canónicas eran de obligado cumplimiento en la iglesia.

Durante la primera hora después de la salida del sol, aproximadamente a las 6 de la mañana, se proseguía la oración con la Prima. Posteriormente se hacía el desayuno, trabajo o lectura. Tres horas más tarde, en la Tercia, se celebraba misa conventual y tras ésta, se acudía a la sala capitular donde se leía un capítulo de la Regla. El resto de la mañana podía ser dedicada al trabajo en el huerto, el campo, la cuadra, el ganado, los talleres... o a la lectura, que se hacía el sala de monjes o scriptorium, o bien en el claustro o en el calefactorio según la época del año.

La Sexta se rezaba a mediodía y a continuación se dirigían al refectorio a comer. Para eso debían lavarse previamente en la fuente existente en el claustro, y mientras comían en silencio escuchaban la lectura, efectuada desde un púlpito.

A las 3 de la tarde se cantaba la Nona para proseguir después en el trabajo. Posteriormente, al atardecer, se llamaba a Vísperas reuniéndose obligatoriamente toda la comunidad en la iglesia para su rezo. Después se pasaba al refectorio para una cena ligera, que en cuaresma se suprimía, y finalmente, al anochecer se acudía a rezar Completas, tras lo cual se marchaba a dormir al dormitorio común.

 

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