Los monasterios aragoneses
Sombra

Tema 6. La reacción: la orden cisterciense

Igual que la orden benedictina, las fundaciones de la regla de San Agustín también reunirán considerables patrimonios, por eso surgirá un movimiento de reacción frente a estas abadías, más preocupadas por acumular riqueza que por la mediación en la salvación del alma de los fieles.

Así que, en Francia, frente a la riqueza y poderío de Cluny, surgió la reacción en el monasterio de Citeaux encabezada por Bernardo de Claraval, que defendía la austeridad y la rigurosa observancia de la regla de San Benito y de una mayor dedicación de los monjes a la introspección y al trabajo manual.

Esta reforma cisterciense o de los "monjes blancos", fue apoyada por la casa real por el gran territorio que se acababa de conquistar al Sur del Valle del Ebro. Este territorio quedó despoblado en su mayor parte, así que se utilizaron las nuevas fundaciones cistercienses para activar la economía agraria y la atracción de población, ya que sus monasterios debían construirse alejados de los núcleos de población y de las vías de comunicación, para conseguir el aislamiento de la vida mundana.

La primera fundación cisterciense en Aragón fue la de Veruela en 1146 con monjes procedentes del cenobio francés de Scala Dei. Posteriormente le siguieron los monasterios del Salz (Zuera) en 1154, Juncería (Villanueva de Gállego) en 1166, que serán precursoras de Nuestra Señora de Rueda (Escatrón) en 1202. También es destacable la fundación del monasterio de Piedra (Nuévalos) como una filial de los monjes de Poblet.

El arte…    Arquitectura cisterciense

La arquitectura cisterciense sigue el modelo monástico benedictino, respondiendo a un fin preciso: el recogimiento y la oración. La Orden preconiza la pobreza, la simplicidad y la desnudez ornamental en las formas, usando la piedra como material principal, sin embargo el resultado de las construcciones es de una gran belleza, llegando hasta hoy en un buen estado de conservación.

El momento de esplendor en las construcciones cistercienses corresponde a la segunda mitad del siglo XII y primera mitad del XIII. Un momento de transición en el arte con una evolución estructural desde unas formas todavía románicas a otras decididamente góticas, caracterizadas por una mayor verticalidad, luz y el empleo sistemático del arco apuntado y de la bóveda ojival.

Los monasterios se levantan en lugares aislados, valles o bosques abundantes en agua, concediendo la máxima atención al sistema hidráulico. Todas sus dependencias se sitúan en torno al claustro.

En las iglesias, destaca especialmente su cabecera con numerosas capillas radiales en los ábsides, que en ocasiones, cuentan con una girola para el tránsito detrás del altar mayor. No existían inicialmente torres campanario, ya que se consideraban construcciones accesorias.

El claustro se encuentra habitualmente en el lado meridional de la iglesia. En su lado oriental se halla el armario o biblioteca para guardar los libros sagrados de lectura obligada para los monjes. Seguidamente viene la sala capitular, de construcción muy cuidada, por ser la dependencia claustral más importante. Después están el locutorio y la sala de monjes, primitivamente reservada a los novicios. Sobre este conjunto se sitúa el dormitorio, al que se accede directamente desde el claustro o desde la iglesia.

En el lado sur, la dependencia principal es el refectorio, dispuesto de forma perpendicular al claustro, lo que permite que haya sitio para el calefactorio, que le precede, y para la cocina, que viene después. En el lado occidental se localizan la despensa y la puerta que comunica con el callejón de los conversos, que da paso a su vivienda.

Los principales monasterios cistercienses

El movimiento cisterciense aragonés dedicó especial atención a la creación de monasterios femeninos como el de Trasobares fundado en 1168, el de Casbas en 1173 y el anteriormente benedictino de Santa María de Iguázel, cuyas monjas se trasladaron a Cambrón (Sádaba) en 1212.

Sin embargo el más importante de los monasterios femeninos no fue regido por la orden cisterciense, sino por la Orden Hospitalaria o de San Juan de Jerusalén, que contará con dos fundaciones principales: Grisén y Sijena.

Una fundación femenina…    el monasterio de Sijena

Este monasterio perteneciente a la Orden militar de San Juan de Jerusalén, fue uno de los más influyentes en la época medieval, ya que su fundación es debida a la acción de doña Sancha, esposa del rey Alfonso II de Aragón, en 1188.

La disposición de las dependencias se organiza, como es habitual, en torno a un claustro de planta cuadrada; en el ala sur del claustro está la iglesia de tres ábsides, crucero y nave única, que se continúa a los pies con el refectorio y la cocina; en el ala este, la sala capitular y los dormitorios; en el ala norte más dormitorios y otras estancias, presentando adosada otra crujía; en el ala sur, el noviciado y locutorio, y al suroeste de todo el conjunto, las salas del palacio prioral.

Las construcciones más antiguas de fines del siglo XII, son la iglesia y la sala capitular. Tras esta etapa constructiva inicial, continuarían el claustro y resto del monasterio. De la iglesia hay que destacar la portada con sus catorce arquivoltas de medio punto, de sobrio y severo estilo románico. Asimismo son interesantes las soluciones en los extremos del crucero de la iglesia; en el brazo sur hay adosada una torre cuadrada con escalera de caracol, que lleva a las cubiertas; en el brazo norte está adosado el panteón real, que es una sala con nichos en los muros y dotada de ábside no acusado al exterior, a modo de capilla funeraria, donde recibieron sepultura la propia reina doña Sancha, sus hijos Pedro II y la infanta doña Dulce, y otras nobles personas de la época. Muy interesante es el pabellón que hay sobre el panteón real, de planta cuadrada y abierto en sus cuatro lados en arco de medio punto, a modo de torre campanario, pero que en realidad es un templete con significación funeraria.

Destaca especialmente su decoración pictórica. El más importante se hallaba en la sala capitular, de comienzos del siglo XIII, ahora en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Un segundo conjunto mural era el que decoraba por el interior el ábside central de la iglesia, y del que apenas sí es reconocible en la actualidad el busto del Pantocrátor en el ventanal central; cronológicamente es posterior al de la sala capitular, y se ha relacionado con una dedicación del templo del año 1258. Otros restos pueden apreciarse en la nave de la iglesia y refectorio.

Finalmente, entre las órdenes que reaccionaron a esta acumulación de riqueza hay que citar a los cartujos, fundada por San Bruno en 1084 en Chartreuse (Grenoble). Sin embargo su llegada a Aragón no se produjo hasta el siglo XVI con la fundación de las cartujas de Las Fuentes (Lanaja) en 1507, Aula Dei (Peñaflor) en 1563 y ya en el siglo XVII, la de la Concepción, más conocida como la Cartuja Baja.

Su vida en comunidad la desarrollan en las cartujas, un espacio aislado del exterior, generalmente con murallas, que combina la vida solitaria eremítica de contemplación y de retiro, con la común monástica, siguiendo unas reglas severas de austeridad y silencio.

Dos cartujas aragonesas

 

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