Los monasterios aragoneses
Sombra

Tema 4. La nueva organización monástica

El siglo XI vivió una revitalización de los antiguos cenobios, destruidos en las campañas musulmanas del cambio de milenio y además se crearon algunos otros nuevos como respuesta a una necesidad política y espiritual en el nuevo reino.

Esta necesidad política es la de la reafirmación de la nueva dinastía de los reyes de Aragón encarnada en Sancho Ramírez. Este rey siguió una política de apertura y europeización del reino, estableciendo lazos de amistad con el Midi francés y especialmente con el Papado, de quien se declara vasallo para que el nuevo reino aragonés sea legitimado. A cambio de este vasallaje deberá pagar un importante tributo anual, pero además de esto se vio instado a introducir un cambio en la liturgia en Aragón y una reforma en la organización monástica, introduciendo la Regla de San Benito. Así se acaba con la atomización en pequeños cenobios aislados e individualistas, de propiedad particular en muchos casos, y cuyos monjes en ocasiones no seguían un modo de vida que se pudiera considerar como apropiado para la moral cristiana.

Un monasterio de propiedad particular…    Santa María de Iguázel

En la Garcipollera podemos encontrar la iglesia perteneciente al monasterio de Santa María de Iguázel. Ésta fue edificada a mediados de siglo XI y transformada en 1072 según se dice en una inscripción en la puerta occidental de acceso al templo por el conde Sancho Galíndez y su mujer Urraca, que según consta en los documentos también poseía el monasterio de Ballarán.

Sancho Galíndez fue uno de los personajes más interesantes del siglo XI. Asignado como eitán, una especie de tutor durante la infancia del rey Sancho Ramírez, poseedor de varias tenencias aragonesas y que acumuló una gran cantidad de rentas y posesiones patrimoniales.

El monasterio de Iguázel era una de estas posesiones patrimoniales y tras transformarlo en 1072 al gusto románico fue donado pocos años más tarde a San Juan de la Peña. En sus dependencias se instaló una comunidad cisterciense femenina, que más adelante se trasladó a Cambrón, a Huesca y finalmente al convento de Santa Lucía en Zaragoza.

El Miércoles de Ceniza de 1071 se procedió al cambio de rito celebrándose una misa en el monasterio de San Juan de la Peña por primera vez bajo la liturgia romana. Se sustituyó así el rito hispánico o mozárabe, en un proceso de unificación de las liturgias en toda Europa.

Este cambio de rito no habría sido posible si no se hubiera introducido previamente la Orden benedictina en Aragón, con su reforma propugnada desde la abadía francesa de Cluny. Los llamados "monjes negros", por el color de su hábito, seguían la Regla de San Benito aunque transformada, ya que suprimía el trabajo manual del antiguo precepto de Ora et labora para dedicarse tan solo a la oración.

Los monasterios claves para esta reforma cluniacense serán San Victorián, Santa María de Alaón y sobre todo San Juan de la Peña, que se refunda ahora sobre el antiguo cenobio de los Santos Julián y Basilisa en el valle de Atarés. Estos monasterios concentrarán bajo su autoridad a la mayoría de los antiguos cenobios que originariamente independientes, y que a partir de ahora se convertirán en prioratos.

Antiguos monasterios de tanta solera como el de Obarra pasan a depender ahora del abad de San Victorián. Igualmente bajo la autoridad del abad de San Juan de la Peña pasan ahora a pertenecer monasterios como los de Fanlo, Ballarán, Iguázel, Cercito o Matidero...

La reforma…    los primeros monasterios cluniacenses

Planeando la instauración de la Orden cluniacense en su reino, el rey Sancho el Mayor de Navarra reclamó al abad Odilón de Cluny el regreso de un grupo de monjes navarros y aragoneses que permanecían en el monasterio borgoñón. Al frente de ellos estaba el abad Paterno y repoblaron hacia 1025, entre otros monasterios, el de San Miguel de Maltray (Ruesta) introduciendo la regla de San Benito y el espíritu cluniacense. Sus discípulos continuaron su obra durante el reinado de Ramiro I de Aragón, en cuyo tiempo se fundaron dos nuevos monasterios, los de Samitier y San Juan de Pano.

Pero la plena implantación de la reforma cluniacense no se realizó en Aragón, como se ha dicho, hasta el año 1071, en que se fundaron las abadías benedictinas de San Juan de la Peña y San Victorián de Sobrarbe. Pocos años después, la condesa Sancha, hija de Ramiro I, fundó el primer monasterio femenino del Aragón medieval, el de Santa María de Santa Cruz de la Serós.

 

Principales monasterios benedictinos cluniacenses

 

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