Los monasterios aragoneses
Sombra

Guía de los monasterios de Aragón

San Pedro de Loarre

Durante el siglo XI el castillo de Loarre presentaba una importancia estratégica fundamental dentro del sistema defensivo aragonés, frente a la posición musulmana de Bolea. Su construcción fue iniciada por Sancho III el Mayor, pero fue el rey Sancho Ramírez quien lo engrandeció notablemente. En 1071 fundó una iglesia dedicada al Salvador y el monasterio de San Pedro con una comunidad de canónigos regulares de San Agustín, cuyo primer prior se llamaba Simeón.

El castillo se sabe que existía en 1035, y es presumible que su construcción se iniciaría a raíz de la reconquista de los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza entre 1016 y 1020 por el rey navarro Sancho III.

La implantación de la comunidad de canónigos regulares supuso la ampliación de la fortaleza y de los edificios religiosos, iniciados seguramente en la década de los 1070. A la iglesia primitiva del castillo se le añadirá otra capilla real dedicada a San Pedro para la que se hubo de trazar un ingenioso plan para salvar el declive oriental del mogote rocoso sobre el que se asienta el castillo.

El acceso al conjunto se realiza mediante una escalera de honor con dos aceras laterales, impostas ajedrezadas y bóveda de cañón. A mitad de la escalera se abre la puerta de la cripta, sencilla, de arco de medio punto y un crismón como remate. A ambos lados de la puerta, dos angostas escaleras que conducen a la iglesia mayor.

La iglesia mayor, dedicada a San Pedro, titular del monasterio, consta de nave de planta trapezoidal y ábside semicircular. Destaca la cúpula hemisférica, de tradición musulmana, apoyada en dobles trompas cónicas superpuestas. La caja exterior de esta cúpula es un edificio de dos cuerpos, uno cuadrado y octogonal el superior.

Los muros laterales de la iglesia están adornados con imposta ajedrezada y ventanales de arcos de medio punto y capiteles esculpidos. En el ábside destaca una arquería ciega de trece arcos semicirculares con capiteles esculpidos y columnas; en la superior cinco ventanales de la misma traza, tres de los cuales abren al exterior y dos aparecen cegados.

En total son unos ochenta, los capiteles labrados que ilustran el interior de la iglesia, obra de un maestro hábil, sobre todo en los motivos ornamentales -entrelazados, lacerías y motivos geométricos y florales.

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