Los monasterios aragoneses
Sombra

Tema 2. Los primeros monasterios:
época visigoda

El tránsito del eremitismo al monacato en Aragón se produjo a inicios del siglo VI. Es San Victorián quien personifica este paso al cenobitismo; inicialmente fue un anacoreta, pero fue adquiriendo fama su santidad y se fue rodeando de otros eremitas. Así que para organizarse, fundó en las proximidades de Huesca el monasterio de Asán entre los años 507 y 511, para el cual dictó una regla que no se ha conservado, en la que se trataba de conciliar la vida eremítica con el cenobitismo, mediante la construcción de celdas solitarias con un centro de culto en comunidad.

En este monasterio se formaron varios obispos de la ciudad de Osca y de toda la Hispania visigoda, y parece que durante la dominación musulmana fue la residencia de los obispos mozárabes de Huesca. En la segunda mitad del siglo X, debido a una etapa de intransigencia religiosa por parte de la administración musulmana, los monjes de Asán se vieron obligados a abandonar el monasterio, refugiándose en las montañas pirenaicas. A partir de ese momento se pierde la localización del cenobio en los alrededores de Huesca y se refunda en un nuevo emplazamiento bajo la Peña Montañesa, convirtiéndose en el monasterio de San Victorián de Sobrarbe.

Liber Sententiarum, obra de Tajón
Liber Sententiarum, obra de Tajón

Los siguientes monasterios de los que se tiene conocimiento en Aragón son el de las Santas Masas (posteriormente dedicado a Santa Engracia), cuya iglesia fue levantada el año 609 por San Braulio y cuyo abad más famoso en época visigoda fue Tajón, quien llegó a suceder en el obispado zaragozano a San Braulio.

También existió otro monasterio femenino en Zaragoza de titular desconocido, pero además fueron fundaciones de época visigoda los monasterios de Santa María de Alaón (Sopeira, Ribagorza), San Cucufate de Lecina (Sur de Sobrarbe), San Pedro de Séptimo (cerca de Nueno, a siete millas romanas de la ciudad de Huesca) y, posiblemente, San Pedro de Taberna (Seira, Ribagorza).

 

 

La tradición…    Las santas masas

La advocación del antiguo monasterio zaragozano se debe a un milagro que sucedió en la Caesaraugusta romana en el momento de las persecuciones ordenadas por el emperador Diocleciano. En Zaragoza tuvieron especial incidencia estas persecuciones con el martirio de Santa Engracia y los innumerables mártires.

La tradición dice que hubo un bando de perdón concedido a los cristianos, con tal de que saliesen todos juntos de la ciudad para dirigirse al lugar que escogiesen. Una vez reunidos fueron traicionados y los soldados emboscados cayeron sobre ellos, pasándolos a cuchillo. Para evitar que se rindiese culto a sus restos se ordenó que fueran quemados y, aún más, que sacados de las cárceles los malhechores fueran ejecutados y sus cuerpos incinerados y mezclados con los de los cristianos.

Sin embargo, ocurrió el milagro y se distinguieron y separaron unas cenizas de otras, siendo las de las almas puras blancas como las de la masa. Así se les pudo rendir culto posteriormente.

 

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