Los monasterios aragoneses
Sombra

Tema 3. Los monasterios en los condados aragoneses

La irrupción musulmana en la geografía aragonesa supuso una ruptura importante en el desarrollo monástico. Pese al escaso contingente inicial, la mayoría de la población se convierte a la nueva fe islámica. Sin embargo existe una tolerancia religiosa con las comunidades mozárabes y, al menos hasta mediados del siglo X, la convivencia fue pacífica.

Solo habrá nuevas fundaciones monásticas con la política expansiva imperial de Carlomagno y el establecimiento de enclaves militares en Sobrarbe (800), Ribagorza (806) y Aragón (h. 820). Esta presencia de los francos motivará la restauración del monasterio de Alaón y la fundación de los de San Juan de Matidero (Sobrarbe), San Pedro de Siresa (Valle de Echo) y San Martín de Ciellas (Valle de Ansó) fundado por el capellán Gonzalo de la corte carolingia.

Monasterios y protagonistas…    Siresa y Eulogio de Córdoba

El conde Galindo Aznar y el abad franco Zacarías fueron los fundadores del monasterio de Siresa en 833. Éste fue el principal foco espiritual en los primeros momentos del condado aragonés, atrayendo a su alrededor a nuevos colonizadores.

El único testigo del monasterio en la actualidad es su iglesia, remodelada en el estilo posterior románico. Pero sabemos que este cenobio fue muy importante y tuvo distintas dependencias en donde convivían en torno a un centenar de monjes, entre ellas una importante biblioteca. Esto lo conocemos porque en 848 el monasterio fue visitado por un obispo mozárabe de Córdoba, San Eulogio, quien se llevó distintas obras clásicas a la capital andalusí que según indica no se conocían en muchas partes de Europa.

En su viaje, además de visitar Siresa, también pasó por el monasterio de San Martín de Ciellas en el valle de Ansó y el de Leyre, ya en territorio pamplonés.

Hacia 860 se funda bajo influencia pamplonesa el monasterio de Santa María de Fuenfría (Salvatierra de Escá) y en el último tercio del siglo, el de Obarra, en la recién independizada Ribagorza (872), bajo la influencia de la nueva diócesis de Roda, desgajada de la de Urgel.

Ya en el siglo X, también por influencia navarra, en Ruesta se erige San Juan de Maltray. Al conde Galindo Aznárez de Aragón se deben los de San Adrián de Sasabe, de Santos Julián y Basilisa (posteriormente llamado de San Juan de la Peña), de San Pedro de Jaca y de San Martín de Cercito (Val de Acumuer), todos ellos entre los años 912 y 920.

Hay que reseñar la creación el 922 de la diócesis de Aragón, desgajada de la pamplonesa, con su sede episcopal en San Adrián de Sasabe. Su primer obispo es Ferriolo y el territorio sobre el que incide su poder temporal es el del condado aragonés: desde los valles de Echo y Ansó al Oeste, con su límite meridional en el valle de Atarés, hasta la cuenca del río Aurín donde se levantaba el monasterio de San Martín de Cercito, y el Valle de Tena y la cuenca del Gállego como extremo más oriental.

Para la supervivencia de los condados en los primeros momentos fue necesaria una política de pactos y alianzas matrimoniales con los territorios vecinos. Así, se pacta el matrimonio de Andregoto Galíndez, heredera del condado, con el futuro rey navarro García Sánchez I, anexionándose el condado de Aragón al reino de Pamplona.

El siglo X, especialmente en su segunda mitad, verá como se deteriora la pacífica convivencia islámico-cristiana. Por esta razón se advierte cierta dispersión de monjes mozárabes. Los de Asán se trasladarán a San Victorián de Sobrarbe y los de San Úrbez se desplazarán desde Nocito hasta distintas nuevas fundaciones lejos del poder musulmán como San Úrbez de Basarán.

Igualmente se erigen bajo la influencia mozárabe los monasterios de San Pedro de Rava, San Pelay de Gavín, San Genaro de Basa y San Andrés de Fanlo, que serán usados políticamente para colonizar tierras despobladas.

Un punto de inflexión se produce con el cambio del milenio. En 999 Almanzor realizó una de sus temidas razzias por el condado aragonés, destruyendo todo a su paso, y en 1006 su hijo Abd al Malik se dirigió en sus campañas de rapiña hacia Sobrarbe y Ribagorza, destruyendo la catedral de Roda de Isábena y otros muchos poblados y monasterios.

Desaparecen en este momento toda la organización política y eclesiástica en los condados que se ven sumidos en el caos. Por ejemplo, se sabe que el abad de Alaón tuvo que vender todos los bienes de su monasterio en 1011 para poder pagar el tributo a los musulmanes.

No se recuperará la normalidad hasta la llegada de Sancho III el Mayor con la edificación de una línea defensiva en los condados y la reconstrucción de la vida monástica. Para esta reconstrucción pide consejo al abad Oliba de Vic quien le recomienda introducir la Regla de San Benito. Esto conlleva la aceptación de la liturgia romana en vez de la mozárabe y la letra carolina por la tradicional visigótica. Pero este cambio no se producirá todavía, tardando varias décadas en llevarse a cabo.
 

 

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