Los monasterios aragoneses
Sombra

Tema 1. Antecedentes a los primeros monasterios

La introducción del cristianismo en Aragón fue distinta según las zonas. En el siglo III se conocen las primeras comunidades cristianas, pero desde el siglo IV, con las persecuciones y martirios (Santa Engracia, San Vicente…) esta propagación se producirá de una forma más rápida en las áreas urbanas y mejor comunicadas del Valle del Ebro. Sin embargo, apenas tuvo incidencia en las zonas más alejadas y montañosas, que seguía con sus ritos y creencias previos a la romanización en la mayoría de los casos.

La Iglesia se organizó en diócesis y pronto surgen tres sedes episcopales en Caesaraugusta, Osca y Turiaso. Una vez desaparecida la administración imperial romana, la Iglesia se convierte en la única organización capaz de integrar a la población indígena hispano romana.

Es en este momento cuando surge el movimiento del eremitismo. Una forma de vida de algunos cristianos -clérigos o laicos, hombres o mujeres- que, renunciando a la vida social, se retiran en soledad para dedicarse a la oración y la penitencia, pero sin sujeción a un orden jerárquico. Son llamados anacoretas, eremitas y también ermitaños.

Este género de vida, implantado por San Pablo, primer ermitaño en el año III, apareció en Aragón en la primera mitad del siglo V, como estrategia de penetración del cristianismo y floreció especialmente en la época visigoda y durante la dominación musulmana. Se tiene noticia de los eremitorios altoaragoneses de la Val d'Onsera, valle de Nocito, valle de Atarés, valle de Basa, ribera del Vero entre Alquézar y Lecina y otros.

La proliferación del eremitismo despertó la desconfianza de las autoridades eclesiásticas y se favoreció el paso del eremitismo a la disciplina cenobítica o monástica. El eremita Victorián se vio precisado a fundar el monasterio de Asán. Los eremitas de Nocito crearon el monasterio de San Úrbez. Los eremitas del Vero propiciarían la fundación del de San Cucufate de Lecina. Y el eremitismo del valle de Atarés terminó en la fundación monástica del 920, que fue, a partir de 1071, San Juan de la Peña. Sin embargo, no desapareció el eremitismo, si bien se procuró someter los eremitas a la tutela de algún monasterio. Todavía en el siglo XVI se practicaba el eremitismo en San Hipólito de Bagüeste, Santa María de Cillas, San Julián de Andría, Santa Orosia en Yebra de Basa y Santas Mártires del Puy.

 

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