Los monasterios aragoneses
Sombra

Tema 5. Función de los monasterios medievales

En la Edad Media, el monasterio fue algo más que el establecimiento de una comunidad de monjes que debían hacer de mediadores para la salvación de las almas a través de la oración y la penitencia. Además de la espiritualidad del momento, controlaron gran parte de la actividad económica de su entorno, convirtiéndose en un elemento de poder al reunir un extenso patrimonio fundiario. San Juan de la Peña fue el monasterio aragonés que atesoró una mayor riqueza patrimonial, contando con un buen número de iglesias, señoríos y propiedades desde la costa vizcaína y a las sierras del sur de Teruel, cuyas rentas iban a parar al monasterio. Así, los abades de estos grandes monasterios se convirtieron en unas de las personas más influyentes en la política del reino

En el contexto de la sociedad teocrática medieval, los monasterios ejercieron un control sobre la tierra reuniendo, por lo general, extensos patrimonios que anularon la capacidad adquisitiva de los pequeños particulares. Éstos se veían obligados a vender, empeñar, donar o cambiar sus heredades, en ocasiones, por una sepultura en las iglesias conventuales o por la garantía de la salvación de su alma.

Todo esto contribuyó, además, a que el monasterio interviniera directamente en la formación y evolución de la mentalidad y de la cultura, al custodiar y monopolizar todo el legado literario heredado de los primeros tiempos del cristianismo. Salvo contadas excepciones, las únicas bibliotecas y los únicos copistas amanuenses medievales los podíamos encontrar en los monasterios.

Sin embargo la cluniacense no fue la única orden monástica de finales del siglo XI. La expansión aragonesa de los monjes negros se vio frenada por la implantación de otro movimiento de comunidades de canónigos regulares que seguía la regla de San Agustín, introducida en Aragón en las abadías de canónigos de San Pedro de Loarre, Montearagón, Santa María de Alquézar y Santa Cristina de Somport.

Los monarcas aragoneses utilizaron los monasterios como instrumentos políticos usándolos como enclaves fronterizos contra el enemigo (tuvieron una destacada actuación en la conquista de Huesca la abadía de Montearagón o la de Loarre); como activadores de la repoblación (los monasterios de la orden cisterciense se instalaban en tierras desertizadas atrayendo a nuevos pobladores); o como soluciones personales a problemas de dote o sucesión dinástica (solo hay que citar el ejemplo de Ramiro II el monje, tercer hijo varón del rey Sancho Ramírez de Aragón, que reinó tras sus hermanos Pedro I y Alfonso I, pero que inicialmente se adscribió al monasterio de San Ponce de Tomeras, por sus escasas opciones a ocupar el trono).

El rey monje…    Ramiro II

Nadie podía prever cuando nació que el menor de los hijos de Sancho Ramírez un día llegaría a ser rey. Así que fue entregado por su padre al influyente monasterio de San Ponce de Tomeras, situado al otro lado del Pirineo. Tenemos pocas noticias de la estancia de Ramiro en el monasterio. Sabemos que vivió allí sus años infantiles siguiendo la Regla de San Benito y que, como infante, fue educado "según la costumbre de los nobles varones seculares". En 1105 parece que se hallaba todavía en el monasterio, pero la muerte de su hermano Pedro y la proclamación de Alfonso como rey, colocaban a Ramiro más cerca del trono, aumentando sus responsabilidades, como la de abad en Sahagún, posteriormente obispo de Burgos y algo después de Pamplona, sin que, por diversas causas, llegasen a tener efectividad canónica estos últimos nombramientos.

Mientras tanto, las grandes conquistas de Alfonso el Batallador y la incorporación del Reino de Zaragoza habían modificado profundamente las estructuras del reino. Pero tras la muerte del monarca se puso de manifiesto su debilidad interna.

El testamento instituía como herederos a las Órdenes Militares del Temple, el Santo Sepulcro y el Hospital de San Juan. Sin embargo esto no fue aceptado por ninguno de los estamentos del reino, que proclamaron a Ramiro como rey, mientras que los pamploneses elegían a García Ramírez, descendiente de los antiguos monarcas pamploneses.

Sin embargo, la situación se complicaba con la intromisión del rey castellano Alfonso VII, que se había apoderado de la Extremadura soriana y de La Rioja, y contando con fuerzas militares muy superiores a las de Ramiro, ocupó el Reino de Zaragoza desde diciembre de 1134 al verano de 1136. Finalmente lo devolvió a Ramiro II a cambio de que éste se convirtiera en su vasallo y le rindiera homenaje.

A la inestabilidad de la situación política, vino a unirse el descontento de un grupo de nobles que habían sido desposeídos de sus tenencias y aprovechando la situación de debilidad del monarca se sublevaron. De aquí surgió el legendario suceso de la Campana de Huesca.

La solución a la crisis se produjo con el inesperado matrimonio con Inés de Poitiers, hermana del duque de Aquitania. Pronto nació una hija, Petronila, que fue entregada en matrimonio al conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, consiguiendo la estabilidad para su reino. El rey Ramiro pudo retirarse de nuevo a la vida espiritual en San Pedro el Viejo de Huesca, cediendo su puesto en el gobierno a Ramón Berenguer.

Comunidades de canónigos regulares de San Agustín

 

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