(1786 - Cabañas de Ebro, 1846) Su presencia y popularidad en los dos sitios de Zaragoza, así como su participación en los combates en la batería de cañones de puerta Sancho y en los combates del barrio del Arrabal le confieren una destacada personalidad entre los defensores de la ciudad y en la épica historiografía posterior. El gobierno de Fernando VII le premió con una pensión y el escudo de defensor de la Patria. Como tantos otros populares defensores de los Sitios, murió prácticamente olvidada, y sólo la celebración del Centenario de los sitios recuperó el mito y su memoria.