La exposición Hispano-Francesa de Zaragoza en 1908
Sombra

Tema 7. La huella de la Exposición

Detalle del monumento a los Sitios de Querol
Detalle del monumento a los Sitios de Querol

Cuando en la noche del 5 de diciembre de 1908, en el Teatro del Gran Casino, se clausuraba la Exposición Hispano-Francesa, los zaragozanos tuvieron una sensación de profunda tristeza. Eran conscientes de que habían vivido un momento único y que su ciudad había cambiado definitivamente.

Han pasado cien años y esos cambios siguen siendo evidentes. La huella de la Exposición Hispano-Francesa sigue viva en la geografía urbana de Zaragoza.

El recinto de la Exposición es un barrio consolidado en el mismo centro de la ciudad en torno a la amplia plaza de los Sitios, uno de los pocos espacios verdes de la zona, y en cuyo centro se alza el magnífico monumento levantado por Agustín Querol en memoria de los defensores de la ciudad. Una auténtica joya modernista.

Las amplias calles que convergen en la plaza son la primera muestra del urbanismo ordenado y espacioso, concebido para el tráfico rodado, de la Zaragoza contemporánea.

Junto a la plaza se levantan los tres pabellones construidos para la Exposición Hispano-Francesa con carácter permanente: la Escuela de Artes y Oficios, posterior Escuela de Bellas Artes, debida a la mano de Félix Navarro, el Museo Provincial de Bellas Artes y, tras éste, el edificio de La Caridad. Tres de los mejores edificios públicos de la arquitectura zaragozana de comienzos del siglo XX.

En el Parque Grande se conserva una de las joyas del modernismo local: el Quiosco de la Música de la Exposición. Llegó allí después de un curioso periplo que le condujo hasta el paseo de la Independencia y vuelta a la plaza de los Sitios.

Monumento dedicado a la Exposición Hispano-Francesa
Monumento dedicado a la Exposición Hispano-Francesa

También relacionadas con la Exposición Hispano-Francesa, aunque sea de manera indirecta a través del Centenario de los Sitios, Zaragoza conserva el monumento a Agustina de Aragón, de Mariano Benlliure, en la plaza del Portillo; el Mausoleo de las Heroinas, en la iglesia del Portillo; la Cruz del Puente de Piedra; diferentes lápidas conmemorativas de los Sitios en los puntos más señalados de la ciudad; la Puerta del Carmen, aislada para resaltar su presencia; y el Monumento a la Exposición Hispano-Francesa, con el busto de Basilio Paraíso incluido, también en el Parque Grande.

Pero la mayor herencia que tuvo la ciudad de Zaragoza de aquella Exposición fue la de un acontecimiento que marcó una nueva época, hasta el punto de estar presente en la memoria colectiva de sus habitantes y proyectarse hacia el futuro en forma de una nueva celebración, ahora ya completamente ajena a los tristes sitios de la ciudad, en el año 2008.

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