Si bien el aspecto artístico fue muy importante en la Exposición Hispano-Francesa, lo que definió realmente al certamen fue su vertiente económica y, sobre todo, industrial. En este sentido, la muestra puede considerarse como la puesta de largo o el inicio de la madurez de la industria aragonesa.

Las grandes exposiciones nacidas en la segunda mitad del siglo XIX siempre incluyeron entre sus principales objetivos el fomento de la economía de la ciudad y el país organizador. Revisando sus participantes es posible tener una idea muy clara de cuál era el momento económico y productivo en el que tenía lugar. En este sentido, mientras que las Exposiciones Aragonesas de los años 1868 y 1885, ofrecen un predominio de participantes de los sectores agrícolas y ganaderos, la de 1908 fue claramente una exposición industrial.

El gran organizador de la muestra, Basilio Paraíso, propietario de la fábrica de vidrio La Veneciana, era un significado empresario. Desde el primer momento apostó por dar a la Exposición un aire decididamente moderno e industrial. Quería que a ella acudieran con sus productos las más importantes industrias españolas y francesas, pero, sobre todo, que la exposición fuera un escaparate para que las jóvenes y pujantes empresas locales se dieran a conocer y proyectaran hacia el exterior.

Desde la década anterior, la industria había comenzado a apuntar como el futuro motor de la economía regional, en especial gracias a la pujanza de determinados sectores como las azucareras, las industrias mecánicas o las eléctricas. Y todo ello, además, en un ambiente de optimismo gracias al avance de grandes proyectos para el desarrollo de Aragón que, como los Riegos del Alto Aragón o el ferrocarril de Canfranc, comenzaban a convertirse en realidad.
El resultado de ello fue un enorme e inesperado éxito de público en la Exposición. Según los organizadores, más de medio millón de visitas quedaron registradas y fue preciso retrasar el cierre de la muestra, inicialmente previsto para el 31 de octubre, hasta el 5 de diciembre de 1908. Ésta es una cifra importantísima ya que Zaragoza contaba a principios de siglo con cien mil habitantes.
Las industrias participantes...

Tal fue el nivel de la participación industrial aragonesa en la Exposición de 1908 que no desentonó con la presencia de empresas tan potentes como Altos Hornos de Vizcaya, que llegó a construir un horno auténtico en el recinto del certamen; Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona; Darracq, casa de automóviles de la que nacería más adelante Alfa Romeo; o Hispano-Suiza, empresa puntera también en el terreno automovilístico.
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