La exposición Hispano-Francesa de Zaragoza en 1908
Sombra

Tema 3. El desarrollo de la Exposición

Superadas todas las dudas y dificultades para su organización, la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza fue solemnemente inaugurada por el Infante don Carlos de Borbón, en la mañana del día 1 de mayo de 1908.

El recinto de la Exposición estaba abarrotado por miles de zaragozanos que contemplaban, en lo que hasta hacía apenas un año era una simple huerta, un extraordinario conjunto de avenidas, magníficos edificios, fuentes, jardines y monumentos. Se trataba de una verdadera ciudad dentro de la ciudad y, además, era una apuesta de futuro. Colorista, alegre, limpia y moderna, la Exposición quería ser la imagen de la Zaragoza del futuro.

En sus pabellones, construidos en su totalidad expresamente para la muestra, se daban cita casi 5.000 expositores agrupados en diez secciones: Agricultura, Alimentación, Mecánica, Industrias químicas, Arte Retrospectivo, Bellas Artes, Pedagogía, Economía Social, Higiene, e Industrias diversas. Casi todos ellos eran españoles, aunque también había una numerosa representación de más de cuatrocientas cincuenta empresas e instituciones francesas, y un buen número de participantes de otros países europeos y americanos.

Hacían falta varios días para recorrer todos los stands del certamen. Además, los expositores comenzaban a ser conscientes de la necesidad de llamar la atención de los potenciales clientes y rivalizaron no sólo por la calidad de sus productos sino, también, por la espectacularidad de sus instalaciones. Los favoritos de los zaragozanos fueron los productos de lujo del Pabellón Francés, los automóviles, entre los que destacaban los Hispano-Suiza, las exposiciones de arte, y, sobre todo, la sección de Alimentación, siempre abarrotada, y en la que se podían degustar todo tipo de productos, desde licores hasta frutas, pasando por los aceites y las pastas. Sin embargo, los stands más visitados fueron los de pastelería y repostería, con nombres como Fantoba o Zorraquino, continuamente abarrotados.

Pero los visitantes de la Exposición no sólo podían contemplar los productos expuestos, también podían divertirse en el parque de atracciones levantado en uno de los laterales del recinto, acudir al Ilusiorama, que era un espectáculo a medio camino entre el teatro y el cine, escuchar conciertos en el quiosco de la música, refrescarse en el Jardín Botánico anexo al recinto o divertirse en el Gran Casino, donde diariamente se celebraban banquetes, bailes y espectáculos.

 

Los inventos...

Se pudieron ver espectáculos como el Ilusiorama

La Exposición Hispano-Francesa fue, ante todo, una fiesta. Durante más de medio año, buena parte de la vida de la ciudad se trasladó a la antigua Huerta de Santa Engracia, que vivía en bullicio permanente. En medio de aquel ambiente optimista, Zaragoza experimentó una profunda transformación. Como símbolos de aquel cambio, algunos de los inventos asociados a la industrialización, y que hasta entonces eran vistos con asombro y curiosidad, pasaron a integrarse en la vida cotidiana de los zaragozanos. Fue el caso del teléfono, el automóvil, el cine o, sobre todo, la luz eléctrica que todas las noches iluminaba el recinto ferial sorprendiendo a propios y extraños por su espectacularidad. Como dato anecdótico pero revelador de aquellos nuevos tiempos, en la Exposición Hispano-Francesa se instaló la primera escalera mecánica que vieron los zaragozanos. Se le conocía como tapis roulant que permitía subir desde el nivel de la calle hasta el piso superior del pabellón de La Caridad.

El resultado de ello fue un enorme e inesperado éxito de público en la Exposición. Según los organizadores, más de medio millón de visitas quedaron registradas y fue preciso retrasar el cierre de la muestra, inicialmente previsto para el 31 de octubre, hasta el 5 de diciembre de 1908. Ésta es una cifra importantísima ya que Zaragoza contaba a principios de siglo con cien mil habitantes.

Pero no sólo Zaragoza vivió con intensidad la Exposición Hispano-Francesa. Los aragoneses en general la hicieron suya. Incluso a nivel nacional fue un acontecimiento de primera magnitud. Como ejemplo del interés despertado en toda España por la muestra, destacan los personajes ilustres que visitaron la Exposición durante aquellos meses, desde el escritor Benito Pérez Galdós, al músico Tomás Bretón, pasando por el premio Nobel de Medicina, Santiago Ramón y Cajal. Pero, sin duda, la visita más significativa y valorada a la Exposición fue la que, en dos ocasiones durante los meses de junio y octubre, realizó el rey de España, Alfonso XIII, a quien acompañaron tanto el presidente del gobierno, Antonio Maura, como varios de sus ministros.

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