La exposición Hispano-Francesa de Zaragoza en 1908
Sombra

Tema 5. El arte de la Exposición

La Exposición Hispano-Francesa fue uno de los grandes acontecimientos artísticos de Zaragoza en todo el siglo XX. Con acierto ha sido considerado el triunfo del Modernismo en la ciudad, pero la Exposición fue, desde el punto de vista artístico, mucho más.

El recinto de la Exposición albergó una decena de grandes pabellones, de los cuales tres tenían carácter definitivo, es decir, que se mantendrían en pie después del cierre de la muestra. Se trataba de los edificios conocidos en aquel momento como Museos, La Caridad y Escuelas. Los tres fueron concebidos para darles un uso concreto a partir del día siguiente al cierre de la Exposición. El primero sería sede del Museo Provincial de Bellas Artes, el segundo acogería a una institución benéfica muy conocida en Zaragoza, y el tercero albergaría a la Escuela de Artes y Oficios. Este fue uno de los grandes aciertos de la organización de la Exposición puesto que permitió invertir racionalmente el gasto, construir edificios sólidos que quedaron para el patrimonio zaragozano (cien años más tarde siguen siendo magníficos ejemplos de arquitectura) y, finalmente, actuaron de germen del barrio de Santa Engracia.

Junto a ellos se levantaron una serie de pabellones provisionales, de arquitectura más débil, pero también más imaginativa. Del diseño general se encargó Ricardo Magdalena Tabuenca, arquitecto municipal y el profesional más prestigioso de su generación, que estaba a punto de culminar su carrera. Para la ocasión, Ricardo Magdalena, que también había sido el autor del diseño de La Caridad y, junto a Julio Bravo, de Museos, proyectó la Puerta de acceso al recinto y los pabellones provisionales de Maquinaria, Tracción, Alimentación y Gran Casino. Estos dos últimos fueron dos de los ejes sobre los que giró la vida de la Exposición por la animación que presentaron de manera prácticamente continua.

Mientras que en los edificios permanentes, se utilizó una arquitectura de inspiración en los estilos históricos, usando el ladrillo y las formas de la tradición renacentista, en los pabellones provisionales y en el arco de entrada Ricardo Magdalena prefirió un diseño más colorista y próximo al Modernismo. Aunque en los años anteriores algunos arquitectos, como José de Yarza, ya habían construido edificios modernistas, sería a raíz del éxito de la Exposición cuando el público zaragozano aceptara este tipo de construcciones imaginativas y con abundancia de decoración vegetal al identificar el estilo con el éxito del certamen.

Al ambiente modernista de la Exposición contribuyeron también otras dos obras de gran calidad: el Monumento a los Sitios diseñado por el escultor catalán Agustín Querol y el Quiosco de la Música de los hermanos José y Manuel Martínez de Ubago.

Junto a los construidos por la propia organización, hubo otros pabellones provisionales entre los que llamaron especialmente la atención el llamado Pabellón mariano (destinado a una exposición de productos religiosos), diseñado por un joven arquitecto catalán, José María Pericás, que simulaba una pequeña iglesia pero reinterpretada en líneas modernas y el Pabellón Francés, diseñado por Eugène Charles de Montarnal y del que, más que sus propias líneas, fue destacado el diseño de los jardines exteriores proyectados por el jardinero jefe de la ciudad de París.

También las muestras de arte fueron muy importantes dentro de la Exposición Hispano-Francesa. La más destacada de todas ellas fue la Exposición de Arte Retrospectivo, que estuvo alojada en el edificio de Museos y que puede considerarse como la de mayor relevancia de este género desarrollada en Zaragoza. En ella tuvieron acogidas cientos de obras de primera categoría, sobre todo de la época medieval y renacentista.

Hoy día resultaría imposible reeditar una exposición de arte histórico tan impresionante como aquella, que iba desde dos tablas románicas del siglo XIII hasta la presencia de tres cuadros debidos a la mano de Francisco de Goya; además de tapices, relicarios, dalmáticas, y un sinfín de piezas de primerísima calidad.

En el edificio de La Caridad se ubicó la Exposición de Arte Moderno, en la que hubo obras de autores contemporáneos como Juan José Gárate, Marcelino de Unceta, Félix Lafuente y otros más jóvenes, como el triunfador del momento, Francisco Marín Bagüés.

Sin embargo, la exposición artística más innovadora fue la Sala Catalana de Bellas Artes, donde se pudo contemplar el trabajo de grandes artistas a nivel internacional, como Corot o Rodin, nunca antes vistos en la ciudad.

Aunque su arte no fue bien comprendido por todos los críticos, los aragoneses más jóvenes tuvieron una oportunidad única de apreciar a los grandes maestros, y la aprovecharon.

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