Sabías que... un miliario era una mojón con forma de columna o estela que señalaba la distancia de mil pasos. En la toponimia también nos viene indicada la distancia de unas poblaciones con respecto a otras más importantes. Así por ejemplo, las poblaciones de Utebo (octavo) o Cuarte (cuarto) de Huerva nos indican la distancia en millas romanas con la capital de Aragón. Lo mismo ocurre en la ciudad de Huesca, que en sus alrededores tiene a los pueblos de Tierz (tercero), Cuarte, Sieso (sexto), Siétamo (séptimo) o Nueno (noveno). Además de la distancia, la toponimia también nos da pistas de por donde pasaban las vías romanas. Tal es el caso de la ermita de la Violada en el término de Gurrea de Gállego, que nos indica que por allí pasaba la Vía Lata, que comunicaba Osca con Cesaraugusta.


El conocimiento de la red viaria que Roma implantó sobre un territorio es fundamental para reconstruir esa importante etapa de la historia. Las calzadas sirven de elemento esencial para consolidar la penetración romana. La conquista y explotación de nuevos territorios exigen una infraestructura viaria trazada para acceder a todos los lugares allí en los que su interés político y económico estaba presente.
Puede decirse que el trazado de las calzadas romanas en Aragón cumple con el factor explotación-administración, estando todo el territorio perfectamente comunicado entre sí y con el sistema viario general de Hispania. La casi totalidad de sus poblaciones prerromanas quedan integradas en el sistema de comunicaciones, incluso algunas ciudades indígenas, destruidas en la fase de conquista, son reutilizadas como mansiones en la posterior red oficial.

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