Uno de los rasgos que definen a la sociedad romana es su carácter urbano. La ciudad constituye el marco básico de las actividades administrativas, políticas, económicas, culturales y religiosas.
Las clases altas romanas las componían los senadores (senadores) y equites (caballeros). Para acceder a estos órdenes en época imperial era necesario poseer un censo mínimo (un millón y cuatrocientos mil sestercios respectivamente) y además que el emperador inscribiera a los aspirantes en las listas correspondientes, con lo cual el control de ambos estamentos quedaba totalmente en sus manos. Aparte de las funciones militares los senadores se dedicaban al ejercicio de las antiguas magistraturas y a la gestión de los bienes propiamente estatales. Los caballeros se consagraban esencialmente a la administración imperial (el emperador poseía inmensos recursos y propiedades y, además dependían directamente de él un buen número de provincias, entre ellas Hispania Citerior). Los equites constituían también la cantera de la cual el emperador reclutaba habitualmente a los senadores.

Un paso inferior de estas dos clases era el de los decuriones, que eran miembros de las aristocracias indígenas locales o de emigrantes itálicos, las familias más importantes y ricas de la comunidad. Los decuriones constituían el senado local, la asamblea de notables o curia. Además, otros rasgos les caracterizaban: su dedicación a la cosa publica, la construcción de edificios públicos o monumentos que embellecieran su ciudad, repartos de grano en años de escasez, etc.
La escala social más baja es la de los esclavos, es decir, la de un amplio sector de la población reducido jurídicamente al estado de 'cosa', propiedad privada de otra persona sin ningún derecho. Esta gente podía adquirir su carta de libertad por voluntad de su amo o mediante su compra, entonces pasaban a ser libertos aunque seguían estando unidos a sus amos mediante la institución de la clientela. El esclavismo pese a lo que pueda parecer perduró en Hispania hasta época visigoda y musulmana.
Poca cosa puede decirse del resto de los grupos sociales, acerca de los cuales apenas quedan testimonios puede señalarse la presencia indudable de una plebe urbana y rural, dedicada a los oficios artesanales y al pequeño comercio, la primera, y al cultivo de la tierra, en condiciones ciertamente más duras, la segunda.

Hay estudios sobre la ganadería por los hallazgos de huesos de animales domésticos en Juslibol o en Caesaraugusta. Por éstos sabemos que la presencia de cerdos, ovejas, cabras, bueyes, caballos o gallinas eran normales en esta época.
El comercio tiene una gran importancia en la época. Se importa cerámica, vino, aceite, frutas en conserva o salazones, los cuales serán transportados en grandes cantidades de ánforas. Del movimiento de los productos nos habla la abundante acuñación de moneda.

Progresivamente se fue implantando en el imperio el cristianismo, que cree exclusivamente en un solo dios (monoteísta), y por eso entra en conflicto con la religión tradicional romana, produciéndose persecuciones sobre todo en el siglo III, lo cual fue una buena propaganda para la religión cristiana. Estas persecuciones seguirán hasta que el emperador Constantino legalice esta religión en 313 por el Edicto de Milán.

No se sabe con seguridad el lugar de nacimiento de San Lorenzo, diácono de la Iglesia y también martirizado en Roma en el S. III, aunque tradicionalmente se dice que fue Osca.


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