Los Romanos en Aragón
Sombra

Tema 5. La sociedad romana

Uno de los rasgos que definen a la sociedad romana es su carácter urbano. La ciudad constituye el marco básico de las actividades administrativas, políticas, económicas, culturales y religiosas.

Las clases altas romanas las componían los senadores (senadores) y equites (caballeros). Para acceder a estos órdenes en época imperial era necesario poseer un censo mínimo (un millón y cuatrocientos mil sestercios respectivamente) y además que el emperador inscribiera a los aspirantes en las listas correspondientes, con lo cual el control de ambos estamentos quedaba totalmente en sus manos. Aparte de las funciones militares los senadores se dedicaban al ejercicio de las antiguas magistraturas y a la gestión de los bienes propiamente estatales. Los caballeros se consagraban esencialmente a la administración imperial (el emperador poseía inmensos recursos y propiedades y, además dependían directamente de él un buen número de provincias, entre ellas Hispania Citerior). Los equites constituían también la cantera de la cual el emperador reclutaba habitualmente a los senadores.

Augusto, Turiaso
Augusto, Turiaso

Un paso inferior de estas dos clases era el de los decuriones, que eran miembros de las aristocracias indígenas locales o de emigrantes itálicos, las familias más importantes y ricas de la comunidad. Los decuriones constituían el senado local, la asamblea de notables o curia. Además, otros rasgos les caracterizaban: su dedicación a la cosa publica, la construcción de edificios públicos o monumentos que embellecieran su ciudad, repartos de grano en años de escasez, etc.

La escala social más baja es la de los esclavos, es decir, la de un amplio sector de la población reducido jurídicamente al estado de 'cosa', propiedad privada de otra persona sin ningún derecho. Esta gente podía adquirir su carta de libertad por voluntad de su amo o mediante su compra, entonces pasaban a ser libertos aunque seguían estando unidos a sus amos mediante la institución de la clientela. El esclavismo pese a lo que pueda parecer perduró en Hispania hasta época visigoda y musulmana.

Poca cosa puede decirse del resto de los grupos sociales, acerca de los cuales apenas quedan testimonios puede señalarse la presencia indudable de una plebe urbana y rural, dedicada a los oficios artesanales y al pequeño comercio, la primera, y al cultivo de la tierra, en condiciones ciertamente más duras, la segunda.

¿A qué se dedicaban?


Esquema de los tipos de ánforas usados para el transporte de mercancías
Esquema de los tipos de ánforas usados para el transporte de mercancías
El valle del Ebro tuvo una base agraria cerealista. Durante las guerras cesarianas se suministraron grandes cantidades de trigo a las legiones. Los datos de Marcial sobre la verdura y prados de Bilbilis y los datos arqueológicos nos dan referencias a la producción de aceite.

Hay estudios sobre la ganadería por los hallazgos de huesos de animales domésticos en Juslibol o en Caesaraugusta. Por éstos sabemos que la presencia de cerdos, ovejas, cabras, bueyes, caballos o gallinas eran normales en esta época.

El comercio tiene una gran importancia en la época. Se importa cerámica, vino, aceite, frutas en conserva o salazones, los cuales serán transportados en grandes cantidades de ánforas. Del movimiento de los productos nos habla la abundante acuñación de moneda.

Sus creencias


Diosa Juno hallada en el templo de Azaila
Diosa Juno hallada en el templo de Azaila
La religión romana es politeísta (distintos dioses) y tiene distintas procedencias: la base etrusca, la griega y la oriental. Sobre todo es del panteón griego de donde asimilan a sus dioses, asignando nombres latinos a los antiguos griegos (así el Mercurio romano sustituye a Hermes, o Júpiter sustituye al Zeus griego). Además de estas divinidades se le debe añadir el del culto al emperador o a Roma, tratados como a otro dios.

Progresivamente se fue implantando en el imperio el cristianismo, que cree exclusivamente en un solo dios (monoteísta), y por eso entra en conflicto con la religión tradicional romana, produciéndose persecuciones sobre todo en el siglo III, lo cual fue una buena propaganda para la religión cristiana. Estas persecuciones seguirán hasta que el emperador Constantino legalice esta religión en 313 por el Edicto de Milán.

Aragoneses martirizados


Sarcófago de Santa Engracia
Detalle del sarcófago de Santa Engracia
Santa Engracia, aunque nació en Bracara Augusta (Braga), es mencionada por el poeta calagurritano Prudencio entre los mártires de Zaragoza, víctimas de la persecución decretada por el emperador romano Diocleciano en el 303. Al parecer, se hallaba en Zaragoza de paso hacia la Galia Narbonense, cuando sobrevino la orden persecutoria contra los cristianos. También en esta persecución le acompañaron en su martirio los llamados innumerables mártires (un total de 18).

No se sabe con seguridad el lugar de nacimiento de San Lorenzo, diácono de la Iglesia y también martirizado en Roma en el S. III, aunque tradicionalmente se dice que fue Osca.

La cultura: Marcial


Marcial
Marcial
La importancia efectiva de la conquista romana es sobre todo porque no sólo fue militar, sino también cultural. Tras el paso de las legiones romanas se dio una nueva forma de vida, una forma nueva de pensamiento y otro idioma con un nuevo alfabeto. Dice Estrabón que a mitad del siglo I a.C. la gente del valle del Ebro ya viste con la toga, al modo romano. También se impone rápidamente el latín entre los indígenas por lo universal de esta lengua y se ven las monedas como no usan el alfabeto ibero ya por esas fechas. Los nombres de las personas se romanizan y sus creencias también.

Inscripción Labitolosa
Inscripción, Labitolosa
Éste es el caldo de cultivo perfecto para que ya en el siglo I d.C. surja la figura del poeta bilbilitano Marcial (40-104 d.C.). Descendía de una familia relativamente humilde pero pese a ello pudo marchar a vivir a Roma (entre 64 y 98 d.C.). Allí desarrollará toda su carrera poética más importante apoyado por varios protectores y consiguiendo la fama especialmente gracias a sus Epigramas (86 d.C.), un total de 1.500 poemas que nos hablan de las peores costumbres de la sociedad romana. Volvió a su ciudad natal al final de su vida, añorante, cansado del ajetreo de la capital del Imperio. Una vez en Bilbilis, su añoranza por Roma fue mayor, si cabe, que la que antes sintiera por su patria celtibérica.

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