La Edad Moderna en Aragón. El siglo XVI
Sombra

Tema 6. La vida cotidiana en el siglo XVI

Mientras en el comportamiento de las clases altas o en la vida cultural sí que se producen profundos cambios durante todo este siglo, la vida cotidiana de los aragoneses seguirá prácticamente igual que en la Edad Media. La sociedad aragonesa estaba organizada en torno a la tierra como entonces. La agricultura era la actividad fundamental en el llano, fuertemente poblado por moriscos (especialmente en las riberas del Ebro y Jalón), mientras que la ganadería es la ocupación principal en la montaña ibérica y pirenaica.

Marcas del ganado perteneciente a la Casa de ganaderos de Tauste
Marcas del ganado perteneciente a la Casa de ganaderos de Tauste

En una sociedad rural y poco poblada como la aragonesa casi se producía para la subsistencia y no existe un comercio demasiado desarrollado. La sociedad sigue siendo feudal y los grupos que contaban con la mayoría de las tierras eran la nobleza y el alto clero. La pervivencia de los usos feudales les otorgaba no sólo la propiedad de la tierra, sino también la de la gente dedicada a su cultivo, moriscos mayoritariamente, la cual quedaba obligada al pago de numerosos tributos, derechos señoriales y rentas, y además sometida a la jurisdicción del señor.

La vida para la mayoría de la gente era complicada, sin embargo las nuevas roturaciones y los regadíos provocaron un considerable aumento de la producción agrícola y por tanto, dadas las buenas condiciones económicas en relación a otras etapas, un aumento de población, llegando a final de siglo XVI hasta los 400.000 habitantes, mientras que en el censo de 1495 eran 230.000.

La siega representada en uno de los tapices de la Seo
La siega representada en uno de los tapices de la Seo

Se cultiva mayoritariamente la llamada trilogía mediterránea: trigo, vid y olivo. Principalmente los suelos son dedicados al cultivo del cereal, sembrando trigo en las mejores tierras. La vid y el olivo se extendían por el territorio aragonés hasta alcanzar los somontanos. En estos siglos eran ya famosos los vinos del campo de Cariñena. Tanto es así, que en el itinerario de Enrique Cock de 1585, se cuenta cómo manaba de la fuente del lugar el vino para celebrar la llegada a la población del rey Felipe.

Las hortalizas y frutales cultivados en los huertos son similares a los actuales, sin embargo, el árbol por excelencia del siglo XVI es la morera. La producción de estas frutas y verduras era casi para consumo propio por su rápida caducidad.

La vida en la ciudad es distinta, especialmente en Zaragoza "la harta", por su riqueza. Es el momento de la transformación de la capital por la construcción de los palacios renacentistas. Los grandes propietarios de las tierras de todo Aragón ya no viven en sus solares patrimoniales como en la Edad Media, se trasladan a la ciudad viviendo de las rentas. Existirá una incipiente actividad mercantil basada fundamentalmente en la comercialización de los productos agrarios y ganaderos. Sin embargo, la burguesía no es tan elevada en número y tan representativa como en otros lugares, por eso no se producirá un desarrollo más profundo del comercio, que carece de una salida directa al mar para su transporte a largas distancias.

Artesanos representados en un grabado del siglo XVI
Artesanos representados en un grabado del siglo XVI

La artesanía permanece sometida al cerrado control de los gremios. Se practicaba una política de proteccionismo con la producción artesanal y agrícola de reinos vecinos, prohibiendo o poniendo grandes trabas a los productos procedentes de otros lugares. Esto era bueno para los productores, sin embargo era malo para los comerciantes compradores y artesanos transformadores de la materia prima, aragoneses principalmente, que se veían obligados a adquirir el producto más caro al no existir competencia, lo cual repercutía en su escasa rentabilidad. A pesar de este proteccionismo la economía aragonesa se vio impulsada en la centuria, desarrollándose un nuevo sector, el textil.

Para finalizar conoceremos como curiosidad los distintos oficios de los habitantes de Zaragoza según la relación de gremios existentes en 1575: pelaires, colchoneros, libreros, sogueros, freneros, guarnicioneros, silleros, cinteros, espaderos, tundidores, cuchilleros, mesoneros, parcheros, zapateros, puñaleros, cordoneros, pellejeros, herreros, zurradores, blanqueros, sombrereros, guanteros, tireteros, carreteros, cocheros, maestros de casas, fusteros, cuberos, torneros, boneteros, tejedores de algodón, tejedores de lino, tejedores de lana, tejedores de seda, calceteros, sastres, cerrajeros, plateros, boticarios, especieros, guadamacileros, pintores, batifullas, agujeros, anzoleros, velluteros, hiladores de seda, albarderos, bordadores, corredores y tintureros.

Las fuentes...    Viajeros extranjeros en Aragón

Detalle de la Vista de Zaragoza del holandés Antonio de las Viñas
Detalle de la Vista de Zaragoza del holandés Antonio de las Viñas

Una fuente fundamental para conocer la vida cotidiana de los aragoneses del siglo XVI son los libros de viajes realizados por extranjeros en el siglo XVI donde se narran sus estancias en la geografía aragonesa. Existe el precedente del paso de Jerónimo Münzer en 1494-95. Allí habla del contraste entre la riqueza agrícola de las zonas regadas, como los valles del Jalón y la ribera zaragozana, y la aridez del resto. Su gran riqueza en cereales, azafrán, vino, olivares, cera y miel, además de la cría de ganados, por eso explica la existencia en Calatayud y, sobre todo, en Zaragoza, "innúmeros mercaderes". Por lo que se refiere a los mudéjares, se asombra de su elevado número: "entre todos los reinos de España es sin duda el de Aragón el que tiene mayor", y da cuenta de su situación económica y social: "Son expertos labradores" y "tienen peregrino ingenio para los riegos. Pagan un crecidísimo tributo consistente en la cuarta parte de los frutos, sin contar otras varias exacciones". Como resumen cita un proverbio español: "quien no tiene moros no tiene oro". En Zaragoza, describe el templo de La Seo, los diversos monasterios y el castillo de La Aljafería, que "el rey Don Fernando ha mandado restaurar y servía entonces de cárcel a muchos conversos".

Además existen menciones ya en el siglo XVI en los libros de viajes del humanista florentino Francisco Guicciardini y en los de Antonio de Lalaing, súbdito francés de Felipe el Hermoso que narra la estancia de éste en Aragón para jurar los fueros junto a la reina Juana.

Es trascendental el capítulo dedicado a Aragón del embajador veneciano Andrés Navagero, que en 1525 realizó un recorrido durante ocho meses por España. Resalta la fertilidad de las tierras regadas por el Gállego, Ebro, Jalón y Aranda y la esterilidad del resto: "fuimos siempre por tierra muy desierta en que no se encuentra alojamiento ni árbol ninguno". Igualmente centra su atención en la población, admirándose de que alguno de los lugares que recorre "estaba todavía poblado de moros". De Zaragoza, a la que califica de "ciudad bellísima y harta" por sus iglesias y palacios. Además, se queja de que "a los que por ella pasan hacen pagar sin razón alguna".

El libro de viajes más importante de la Edad Moderna aragonesa es el realizado por el arquero holandés Enrique Cock, el cual describe con mucho detenimiento el itinerario realizado por Felipe II para acudir a las cortes de Monzón de 1585. De este viaje destacan la precisión de las descripciones de las ciudades de Daroca, Cariñena, Zaragoza… todos los lugares del reino por donde pasó la comitiva regia, recogiendo abundante información sobre las distintas comarcas y localidades, su arqueología, su historia, las costumbres de sus gentes, sus oficios, el estado de su industria, abundando los detalles útiles para el conocimiento de la situación económica y social del reino aragonés en aquella época.

 

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