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Aragón después de Franco

Con la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 acababa una dictadura que había durado casi cuatro décadas en España. Sin embargo, la asunción de la Jefatura del Estado por parte del hasta entonces príncipe de España, Juan Carlos de Borbón, no crea de inmediato en Aragón (al igual que en el resto del estado) un rotundo punto de inflexión o de ruptura en la dinámica política y social del momento. Por el contrario, el inicio de su reinado hay que situarlo dentro de la transición democrática, un largo proceso de cambio que arranca de la última etapa franquista y entrará en la década de los ochenta.

La presidencia del gobierno iba a continuar ocupada por Arias Navarro, en el cargo desde enero de 1974, quien había sucedido a Carrero Blanco, asesinado por la banda terrorista ETA. Con lo cual, pese a las demandas de la población, no se esperaban grandes reformas y éstas iban a partir desde las propias estructuras políticas del Régimen.

En el momento de la muerte del general Franco, las fuerzas políticas y sindicales democráticas aragonesas se encuentran más o menos alineadas en dos grandes organismos unitarios perfilados a lo largo de 1975: la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática, más tarde unificadas en Coordinación Democrática de Aragón, conocida popularmente como la Platajunta. El manifiesto conjunto hecho público por ambos organismos con presencia en Aragón pocos días después de la muerte de Franco indica claramente la existencia de una fuerte tendencia a la liquidación del franquismo y la instauración de un sistema democrático de gobierno.

No todo gira, sin embargo, en torno a los partidos y centrales sindicales, ya que en la llegada de la democracia tuvieron mucha más influencia las personas anónimas de la calle, colectivos pertenecientes a estudiantes, los sacerdotes y religiosos que se oponían a la dictadura, las asociaciones católicas o de cualquier otra demanda social: pacifistas, ecologistas, feministas, movimientos vecinales...

Ya en 1972 diversos grupos o sectores sociales, en unión de determinados partidos y sindicatos democráticos, habían constituido la Comisión Aragonesa Pro Alternativa Democrática (CAPAD), primer organismo unitario de la oposición al franquismo en Aragón que va a colaborar en la creación de cierto clima ciudadano a favor de la ruptura democrática.

A ese clima también iba a contribuir la aparición de los nuevos medios de prensa: Aragón Exprés y sobre todo el semanario Andalán, creado en 1972 desde posiciones democráticas, regionalistas y claramente antifranquistas, para transformar mínimamente una estructura de prensa en Aragón que se mantuvo inmóvil durante los anteriores 35 años.

La nueva prensa…    Aragón Exprés y Andalán

Aragón Exprés fue un diario de Zaragoza fundado el 28 de enero de 1970, con una tirada mantenida de unos 6.000 ejemplares. Su fundador y director fue Eduardo Fombuena Comín, veterano periodista de Heraldo de Aragón. En su etapa bajo la dictadura franquista sufrió tres secuestros, el último en 1975, antes de la muerte de Franco, por un artículo relativo al tema del nacionalismo. Aragón Exprés inauguró un nuevo estilo en la actividad periodística aragonesa, aragonesista y liberal, con colaboraciones de prestigio como las de Ramón J. Sender, entre otros. Su último número apareció el 22 de enero de 1983.

Andalán, por su parte, era un periódico de información general, editado en Zaragoza desde el 15 de septiembre de 1972. Su periodicidad era quincenal en sus inicios, pero desde 1979 iba a pasar a ser semanal.

Apareció coeditado por Eloy Fernández Clemente (quien fue su director hasta su aparición como semanario) y Carlos Royo-Villanova. Andalán nació como portavoz de una postura de izquierda mayoritariamente independiente que se pronunció, con graves problemas de censura, sobre temas aragoneses (trasvase del Ebro, depresión de las comarcas, identidad cultural, deterioro del urbanismo zaragozano) y sobre la circunstancia política general (lucha antifranquista, resurgimiento del regionalismo, sucesos de Chile y Portugal...). Su difusión inicial fue de 3.000 ejemplares, llegando hasta los 14.000-16.000 en los años 1978-79.

Nacida para reavivar las señas de identidad aragonesas, con clara vocación cultural y progresista, la hora del cierre llegaba en enero de 1987 por problemas económicos, cambio en la oferta y demanda informativa, y un difícil relevo generacional.

El contexto económico en este momento de cambio era de grave crisis económica, provocada por el alza de los precios del petróleo en 1973. Tras más de una década de un importante crecimiento económico producido por los planes de desarrollo, el modelo de crecimiento acelerado entra en crisis en toda Europa desde 1974, causado por el desorbitado incremento del precio de la energía. Esto provoca un encarecimiento de las materias primas y de los alimentos mientras que los salarios permanecieron congelados y, como efecto colateral de la crisis internacional, se producirá el retorno de muchos de los emigrantes que la década anterior habían salido buscando trabajo en otros países.

A España, por su menor desarrollo en comparación con Europa Occidental, esta crisis iba a llegar con retraso, en plena transición, con lo cual el descontento iba a ser generalizado entre la población que, a los cambios políticos que no acababan de llegar, reclamaba otros estructurales.

La manera de reclamarlos era mediante una oleada de huelgas y manifestaciones. Una movilización desconocida en los cuarenta años anteriores de la dictadura, que fue reprendida brutalmente en muchas ocasiones por parte de las fuerzas de seguridad, causando a menudo víctimas mortales y que las cárceles se llenaran de presos políticos, para los que se iba a reclamar su amnistía junto con la legalización de los partidos políticos.

1976 fue un año especialmente convulso en huelgas y manifestaciones ya que unidas a las que demandaban mejoras laborales, económicas y políticas había que sumar otras como la multitudinaria y accidentada contra el trasvase del Ebro (13 de marzo), que ya comenzaba a amenazar al campo aragonés.

También fueron necesarias las movilizaciones en distintas partes de Aragón creándose distintas asociaciones civiles que canalizaron las protestas de la población de distintas zonas rurales amenazadas por la política energética de la Administración: es el caso de la asociación creada en Caspe para la Defensa de los Intereses del Bajo Aragón (Deiba), con su filial alcañizana Deibate, o la constituida en Fraga de la Comunidad de Afectados por la Central Nuclear del Cinca (Coacinca), que respondían a la reacción de amplios sectores de la población ante el intento del Gobierno de instalar centrales nucleares en suelo aragonés.

Ciudades escasamente conflictivas hasta ese momento se convierten ese año en escenario de numerosas y multitudinarias manifestaciones. El proyecto de inundar la población altoaragonesa de Campo provoca una espectacular manifestación en Huesca, al tiempo que proyectos parecidos como el del embalse de Berdún provoca la reacción de distintas entidades sociales culturales, políticas, sindicales, etc.

A continuación mostramos una semblanza de la actuación de los colectivos sociales tras la muerte de Franco:

Constitución de la UAGAConstitución de la UAGA

En el terreno sindical

Los sindicatos permanecieron todavía ilegales, pero estaban plenamente asentados en las negociaciones de los convenios colectivos y como instigadores de las huelgas en los distintos sectores económicos como el del Metal y el de la Construcción en 1975. Comisiones Obreras (CC.OO.) experimenta un notable paso adelante a raíz de la unificación de los distintos grupos así denominados en un solo colectivo, "Intercomisiones", y protagoniza un hecho histórico: su presentación ante la opinión pública a través del llamado "Manifiesto de los Cien". Por su parte, la Unión General de Trabajadores (UGT) inicia un tímido pero vertiginoso proceso de reconstrucción.

La llamada "guerra del maíz" (febrero de 1976), antecedente de la protesta de ámbito nacional conocida como la "guerra de los tractores" (febrero-marzo de 1977), sienta las bases de este incipiente sindicalismo agrario al margen de la estructura vertical de las Hermandades de Labradores y Ganaderos. A raíz de estos conflictos los distintos sindicatos campesinos se unificarán en la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (UAGA) para la protesta por los precios y la falta de competitividad del sector.

En el terreno político

El inmovilismo de Arias Navarro le iba a costar finalmente el cargo en julio de 1976, siendo nombrado nuevo presidente del gobierno Adolfo Suárez, con un talante mucho más aperturista. Una de sus primeras decisiones será la aprobación de la Reforma del Código Penal legalizando buena parte de los partidos políticos, pero quedando fuera el Partido Comunista de España (PCE) y algunos otros partidos minoritarios. La siguiente actuación iba a ser la concesión de la amnistía a presos políticos, que aunque fue parcial fue muy significativa.

La primera asociación legalizada en el país por la vía del Estatuto de Asociaciones Políticas es Reforma Social Española, formada en su inmensa mayoría por antiguos militantes del extinto Frente de Juventudes, tuvo siempre en Aragón una presencia muy minoritaria.

A partir de ese momento a la luz un conglomerado de pequeños partidos que cubren todo el arco político posible, desde partidos comunistas, formaciones socialistas como el viejo Partido Socialista Obrero Español (PSOE) o el Partido Socialista Popular (PSP) liderado en el ámbito nacional por Tierno Galván, pero también el Partido Carlista Aragonés, apartado del carlismo tradicional y en favor de un socialismo autonomista.

Los sectores de centro y derecha tardaron más en reaccionar ante la nueva situación pese a lo cual surgieron partidos como Alianza Democrática Aragonesa (ADA), la Unión Demócrata Cristiana Aragonesa (UDCA), el Partido Popular Aragonés (PPA)... El abanico político de esta etapa preelectoral se cierra, por la derecha, con los sectores que habían colaborado con la última etapa del franquismo, aglutinados en otoño de 1976 en Alianza Popular, y con los distintos grupos de tendencia falangista y ultraconservadora, como los Círculos José Antonio o la Alianza Nacional 18 de Julio.

Entre todos estos nuevos partidos hay que destacar la eclosión del Partido Socialista Aragonés (PSA) por ser el único partido de estricta obediencia regional. Este grupo surgió a partir de un grupo de socialistas aragoneses integrados en la CAPAD, que el 5 de febrero de 1976 elaboran un programa provisional con el abogado zaragozano Emilio Gastón a la cabeza.

En el campo eclesiástico

El final del franquismo traerá consigo un movimiento de contestación en el seno de la Iglesia procedente desde las bases más dinámicas, enfrentadas con el inmovilismo de la jerarquía, que en Zaragoza tuvo a uno de sus representantes más reaccionarios, el arzobispo Cantero.

Estos sacerdotes pertenecientes a las bases se conocerán como "sacerdotes obreros" y se saltarán las directrices de las jerarquías, en sus demandas por la amnistía, denuncias de torturas, protección de sindicatos, cesión de parroquias para encierros...

Lo mismo ocurrió con asociaciones católicas como la Juventud Obrera Católica (JOC) y la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), que abandonaron la ideología tradicional para acercarse a los postulados marxistas y ejercer una militancia pro democrática.

En pocos años se pasará de las demostraciones multitudinarias del nacionalcatolicismo al apoyo a las movilizaciones obreras o al caso extremo de contestación, con párrocos aragoneses como Domingo Laín participando en la guerrilla sudamericana.

En el movimiento estudiantil y feminista

La Universidad fue escenario en 1976 de la presentación pública de los ya Comités de Estudiantes Revolucionarios de Zaragoza (CERZ) que, junto a las otras fuerzas políticas con presencia en la Universidad van a protagonizar diversos actos y manifestaciones en respuesta a la política educativa del gobierno y, más que otra cosa, a la situación general del país. En este sentido y, paralelamente a lo que ocurre en otras instancias, en este mismo año se crea Coordinación Democrática de la Universidad.

El movimiento feminista va a experimentar un notable avance, perfilándose ya las distintas asociaciones que cristalizarán, con desigual suerte e ideario, en los años posteriores. La primera iniciativa surge en Zaragoza, en la primavera de 1976, con la aparición de la Asociación Democrática de Mujeres Aragonesas (ADMA).

En el campo cultural

Las personas, grupos y entidades relacionadas con el mundo de la cultura van a jugar durante este período un decisivo papel como agitadores de una incipiente conciencia regional y desveladores de los problemas de nuestra cultura. En este terreno es fundamental la labor desplegada por cantautores como José Antonio Labordeta, La Bullonera, Boira, Joaquín Carbonell, Tomás Bosque..., que sintetizan en sus letras didácticamente los principales problemas de la tierra; y los grupos de recuperación del folclore autóctono (Chicotén, Hato de Foces...).

No solo contienen una carga política los recitales de cantautores. Grupos teatrales como el Teatro Estable de Zaragoza o el de La Ribera ponen en escena textos y montajes en los que subyace la preocupación por los problemas de Aragón.

En el terreno autonomista

Entre las múltiples reivindicaciones universitarias del final del franquismo comenzaba a aparecer algún "Viva Aragón libre". Desde la clandestinidad muestran su solidaridad con las reivindicaciones "nacionales" de Cataluña y País Vasco, y lo mismo sucede con los sindicatos: El 1º de Mayo de 1972 aparece el Manifiesto para Aragón del PCE, que viene a captar las reivindicaciones de un naciente autonomismo aragonés que no limita sus objetivos a una autonomía política y a los aspectos tradicionales folclóricos, sino que llega más allá, a una "descentralización económica", a la lucha contra el trasvase, a un mejor reparto de la tierra. Poco a poco se va configurando un autonomismo aragonés de rasgos propios, que vienen a enlazar con las reivindicaciones del proyecto de estatuto autonómico de Caspe de 1936, con el recuerdo del Consejo de Aragón, a la par que con el costismo. Un espíritu que encuentra su mejor portavoz desde la izquierda en Andalán y los cantautores.

Un hecho es decisivo, la publicación en enero de 1974 del Anteproyecto de Trasvase del Ebro-Pirineo Oriental. Alrededor de este tema iba a tomar conciencia lo que sería en adelante el regionalismo de derechas, cuyo principal líder de este momento es Hipólito Gómez de las Roces, entonces presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza, quien plantea un regionalismo compatible con el Estado unitario. También será el inspirador de la Comunidad General de Aragón, una asamblea permanente de las tres Diputaciones Provinciales (de Huesca, Zaragoza y Teruel) establecida en noviembre de 1974 en San Juan de la Peña.

Paulatinamente se va llenando de contenido el autonomismo aragonés, desarrollado a través de no pocos problemas concretos: regadíos, lucha antinuclear, reivindicaciones del Canfranc, solidaridad con Mequinenza, y siempre el trasvase y la preocupación por la emigración. Así, con estos contenidos, muchas de las nuevas asociaciones pro demócratas harán suyas las reivindicaciones autonomistas (Federación Aragonesa de Colegios Profesionales, Deiba, UAGA...), también los grupos políticos como la Junta Democrática de Aragón o la Alianza Socialista Aragonesa y el Partido Socialista de Aragón.

Fue, sin embargo, la histórica concentración de Caspe del 4 de julio de 1976 la que señaló inequívocamente la dirección de un anhelo autonomista popular. En mayo del mismo año se quiso conmemorar en Caspe el 40 aniversario del Estatuto de 1936. La entidad organizadora, el Seminario de Estudios Aragoneses, con la ayuda de los decanos de los Colegios de Abogados (Ramón Sainz de Varanda), Arquitectos (Santiago Lagunas) y Médicos (Santiago Lorén) vencieron numerosas dificultades y negociaron una fórmula (omitir en la propaganda del acto la mención a la conmemoración del Estatuto republicano) que permitió su celebración. Ésta, casualmente, tendría lugar el 4 de julio, a 40 años justos de la publicación del Estatuto.

Ese acto unitario, en el que intervinieron representantes de la mayoría de los sectores demócratas, vino a ser el bautismo de masas del autonomismo (entre ocho y diez mil personas) y la consagración de la bandera cuatribarrada. Además se pudo escuchar al colectivo de emigrantes aragoneses, especialmente los residentes en Barcelona que, ese mismo año, habían creado la Asamblea de Emigrantes Aragoneses en Cataluña. El acto político fue completado por un recital de los principales cantautores y la presencia del Pastor de Andorra y los danzantes de Yebra de Basa.

Los siguientes hitos autonomistas en 1976 son la declaración regionalista de la Comunidad General de Aragón redactada en Sos del Rey Católico (27-XI-1976) y la redacción, en el Colegio de Abogados, de un Anteproyecto de Estatuto.

Salón de sesiones del SenadoSalón de sesiones del Senado

En este clima social efervescente, tan solo el estamento militar permanecía remiso a los cambios democráticos, justificado en la escalada de atentados terroristas y la "amenaza de la ruptura de España" por el incipiente nacionalismo periférico. Pero con el nombramiento de Gutiérrez Mellado como vicepresidente del gobierno y como ministro de defensa se producirá una política de relevos y ascensos para apartar a los militares más reaccionarios.

Con esta situación solo era posible una salida hacia la democracia y para ello se debían disolver las instituciones franquistas. La ley para la disolución de estas instituciones era la Ley de Reforma Política aprobada por los procuradores de las Cortes franquistas. Se proponían dos nuevas cámaras: el Congreso de los Diputados y el Senado; y la circunscripción electoral pasaba a ser ahora la provincia con un número determinado de diputados, según su población.

Una vez aprobada en las Cortes quedaba el último paso: su aprobación por el pueblo en un referéndum. La convocatoria fue el 15 de diciembre de 1976 y la mayoría de partidos y sindicatos apoyaban la Reforma, sin embargo los partidos de oposición democrática aragonesa optaron unánimemente por la abstención y solo los ultraconservadores afines a la dictadura se oponían.

Los resultados fueron definitivos. Con una participación muy alta (superior al 80% en Aragón y en torno al 77% en toda España) el resultado afirmativo fue la opción elegida por más del 90% del electorado. El pueblo había elegido liquidar definitivamente los vestigios de las instituciones franquistas, aunque la democracia fuese gestada desde las mismas élites políticas herederas de la dictadura.

 

 

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