Nació en Nursia (Italia), y estaba adscrito a la facción de los populares. Fue enviado a Hispania, posiblemente con el cargo de pretor (83 a.c.). Con el triunfo en Roma de la facción contraria, la de los optimates, fue incluido entre las listas de proscritos aparecidas bajo la dictadura de Sila. Huyó a Mauritania en el año 81 a.c., pero regresó pronto a Hispania reclamado por los lusitanos para luchar contra Roma.
En el año 77 a.c. Sertorio se había hecho con el dominio de toda la Península dependiente del poder romano porque era muy popular entre los indígenas. Los historiadores tienen distintas opiniones sobre él: para unos, utilizó Hispania como base de operaciones para reconquistar en Roma el poder de la facción popular. Por el contrario, hay quienes creen que Sertorio se adaptó perfectamente al carácter y al territorio hispanos, llegando a ser como un caudillo casi indígena que luchó contra el poder romano.

Los pueblos hispanos verían en él una vía de integración romana muy favorable, que contrastaba con los abusos sufridos durante las guerras anteriores. Existía además una especie de autonomía respecto al poder central romano: Sertorio había establecido en Osca un senado de 300 miembros y había nombrado cuestores y pretores que administraban una provincia hispana independiente del gobierno de Sila. Las ciudades que contaron con la presencia sertoriana -Osca (Huesca), Ilerda (Lérida) y Calagurris (Calahorra)- se romanizaron rápidamente, siendo las últimas en abandonar la causa de Sertorio. Esta presencia de Sertorio en el valle del Ebro, eficaz y prolongada, fue, sin duda, uno de los más poderosos factores de romanización de la zona.
Las habilidades estratégicas de Sertorio
Tanto sus contemporáneos como la historiografía posterior consideraron a Sertorio como muy buen estratega. Enseñó a los indígenas a combatir "a la romana" pero, al mismo tiempo, adoptó como suya la táctica de la guerra de guerrillas, tradicionalmente efectiva para luchar en la orografía hispana. Procuró dividir siempre al enemigo, evitando en general la lucha en campo abierto. Los celtíberos le llamaron "Aníbal" por su rapidez táctica, los lusitanos le compararon a Viriato y los historiadores romanos a César.
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