Sombra
Tema 2

Aragón bajo un nuevo régimen

Con el final de la Guerra Civil se iniciaba un nuevo periodo en la historia española con un líder indiscutible, el generalísimo Francisco Franco Bahamonde, cabeza visible de un nuevo estado totalitario. El nuevo estado no iba a consentir ninguna oposición y se iba a apoyar política y socialmente en los estamentos vencedores en la guerra, los sectores económicos más conservadores, el ejército y la Iglesia.

Ramón Serrano Súñer, cuñado de Franco, será en buena medida ideólogo del nuevo estado con la creación del Fuero del Trabajo, promulgado en 1938. Allí se recogían las leyes fundamentales del estado franquista, inspirado en la Carta di Lavoro italiana. Serrano Súñer también tuvo gran implicación en la fundación del partido único que recogía la herencia de la Falange y de los tradicionalistas y carlistas. Se trata de la nueva FET de las JONS (Falange Española Tradicionalista de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista) en donde falangistas, requetés, Acción Ciudadana, Renovación Española, Acción Popular... tuvieron cabida.

Cartel de las Fiestas del Pilar de 1939Cartel de las Fiestas del Pilar de 1939

Su mayor vínculo de unión será el catolicismo exacerbado y la exaltación del líder, que aparece como "Caudillo" salvador de la patria en la "cruzada" en contra de los "peligros" que habían supuesto el laicismo republicano, el separatismo de los nacionalismos y la subversión revolucionaria y marxista.

Los miembros del partido ocuparán todos los cargos de la Administración, así no es de extrañar que se pase de 240.000 afiliados en 1937 a un millón en 1942.

La ideología del Estado totalitario se irá extendiendo a todos los ámbitos políticos, económicos y sociales, por eso habrá que hablar de Movimiento Nacional. Esto se consigue gracias a la acción propagandística con actos espectaculares como los grandes desfiles militares y las multitudinarias concentraciones como la que se realizó en Zaragoza el día del Pilar de 1939 en la que se celebraba el primer "Día de la Raza", y Franco se dirige en un mensaje radiado a toda la Hispanidad.

En esa ideología totalitaria jugaba un papel fundamental la religión católica, que justifica su posicionamiento con el Régimen por la brutal persecución anticlerical sufrida en la guerra. La Iglesia influía en todos los órdenes sociales llegando a una simbiosis entre la patria y la religión, identificándose ambas en el nacionalcatolicismo. Esa presencia en todos los órdenes sociales se conseguía a través de instituciones como Acción Católica y su extensión a asociaciones obreras (HOAC y JOC), Hermandades del Trabajo, movimientos de espiritualidad familiar, movimientos juveniles...

La situación preponderante de Zaragoza continúa en diciembre de 1939, cuando Franco declaraba a la basílica del Pilar "Templo Nacional y Santuario de la Raza". El 2 de enero de 1940, terminada la consolidación de sus cimientos, el Templo Nacional, que había permanecido cerrado desde 1929 con la excepción de la Santa Capilla, se abrió de nuevo para recibir a numerosos peregrinos que acudían a dar gracias por la victoria y a conmemorar el XIX centenario de la Venida de la Virgen a Zaragoza. Con estos signos nacional-catolicistas comenzaba la época de Franco.

Se crean planes de adoctrinamiento para controlar la opinión pública, en la que tendrá un papel fundamental el No-Do, noticiario obligatorio en cada sesión de cine que cuenta su particular visión controlada por el Régimen, o la censura, que se cobra víctimas como Pascual Martín Triep, director de Heraldo de Aragón destituido en 1945 por la Dirección General de Prensa.

Pedro Laín Entralgo, médico, escritor ensayista y brillante intelectual de Urrea de Gaén será nombrado en 1938 director de la sección de ediciones del Servicio Nacional de Propaganda, que dirigía entonces Dionisio Ridruejo. Fue director de Editora Nacional y en los años 40 consejero nacional del Movimiento. También, a modo de ejemplo de la exaltación del nuevo estado, los fotógrafos zaragozanos Manuel Coyne y Jalón Ángel realizan la serie Forjadores del Imperio, colección de retratos de las figuras más representativas del Alzamiento franquista.

El Movimiento Nacional lo impregna todo y para llegar a todas las capas de la población desde edades tempranas creó el Frente de Juventudes (desde 1940). A esta organización se atribuían como misiones la formación política en el ideario falangista, la educación física, deportiva y premilitar de la juventud hasta los 21 años. A lo largo del tiempo de su existencia (1940-1977), fue modificada su estructura, sus funciones y su nombre (Delegación Nacional de la Juventud), acomodándose a la evolución política y a las nuevas demandas de la juventud.

Mujer falangista en una colectaMujer falangista en una colecta

Para el control social de la mujer se creó la Sección Femenina, dirigida por Pilar Primo de Rivera. El Servicio Social cumplía una clara función de adoctrinamiento que difundía entre la población femenina unos valores conservadores de sumisión al hombre, relegando a la mujer al papel de la reproducción y el cuidado de la casa. Con el franquismo la mujer perdió su autonomía jurídica y económica, dando pasos atrás en hitos a favor de la igualdad entre sexos conseguidos con la República como el divorcio o la participación política.

El Servicio Social debían realizarlo todas aquellas mujeres que pretendían entrar en el mundo laboral, dedicarse al estudio o, simplemente, obtener el pasaporte o el carnet de conducir. Duraba seis meses y se dividía en dos periodos, uno de formación religiosa, política y moral, y otro de prestación.

El Servicio Social de la Mujer buscaba conseguir afiliaciones a la Sección Femenina, pero, independientemente de su función adoctrinadora, lo cierto es que tuvo un indiscutible valor práctico, ya que enseñó oficios a muchas mujeres y prestó un servicio asistencial. Brindó ayuda a mucha gente que la necesitaba y facilitó formación en campos tan importantes como la higiene, la puericultura o la medicina. Pero su filantropía se veía contrarrestada por la explotación laboral a que sometió a numerosas mujeres que se veían obligadas a trabajar sin obtener nada a cambio en hospitales y en multitud de organismos públicos.

El adoctrinamiento se iniciaba desde la escuela, en la que a partir de ahora se abolirá el laicismo propio de la República. La estricta moral católica dominará la educación argumentada por Pedro Cantero, obispo de Barbastro y posteriormente arzobispo de Zaragoza, en su obra La hora católica de España. Así pues en la escuela cristiana se suprimirá la coeducación entre distintos sexos, se obliga a la existencia de crucifijos dentro del aula y a la construcción de oratorios en los institutos y universidades. Además se dará un gran impulso a las universidades eclesiásticas.

En la implantación del nuevo modelo educativo franquista destacará desde 1939 como ministro de educación el turolense José Ibáñez Martín, en el cargo hasta 1951 y responsable de la inhabilitación a miles de maestros laicos en toda España. Asimismo es responsable del ascenso de destacados miembros del Opus Dei en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, como el aragonés José María Albareda, secretario general del CSIC y rector de la Universidad Pontificia de Navarra.

También está controlada la educación universitaria por el Sindicato Español Universitario (SEU), destacando la etapa del rectorado de Miguel Sancho Izquierdo (1941-1954) como la más cercana al Régimen. La universidad había sido tradicionalmente un núcleo de oposición del orden establecido, pero con la afiliación obligatoria a este sindicato controlado por la Falange se acababa con cualquier atisbo de alteración del orden.

El último de los estamentos que podía ejercer alguna oposición a la dictadura era el obrero. Sin embargo, no llegó a organizarse por el temor a la represión, ya que se prohibieron el derecho de asociación y de huelga. Todo intento de reorganización política de cualquier grupo de izquierdas fue duramente reprimido, como el intento en la clandestinidad del comunista zaragozano Antonio Rosel, detenido en 1943.

En sustitución de los anteriores sindicatos se creó la Organización Sindical Española (OSE) con la finalidad de controlar cualquier tentativa de reorganización del movimiento obrero. Esto era un sindicato vertical en el que tenían cabida tanto empresarios como trabajadores, igualmente controlados por el Movimiento Nacional.

 

 

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