Sombra
Tema 5

Etapas: el desarrollo (1959-1969)

La salida de la autarquía tiene unos pasos previos, con dos fechas fundamentales que marcan el aperturismo internacional de España bajo el contexto del anticomunismo producido por la Guerra Fría: 1953 con el Concordato con la Santa Sede y el pacto de defensa y mutua ayuda con los Estados Unidos, y 1955, con la admisión de España en la ONU.

Para Aragón es particularmente importante la firma del Tratado con los Estados Unidos por el establecimiento en Zaragoza de la base aérea de utilización conjunta hispano-norteamericana, que comienza a funcionar en 1954.

En relación con el Concordato, se introdujeron algunos cambios en la geografía eclesiástica de Aragón: Jaca pasó a la nueva provincia eclesiástica de Pamplona, algunos pueblos aragoneses que pertenecían a la diócesis de Lérida pasaron a las de Huesca y Barbastro, problema que todavía se arrastra hoy en día con obras artísticas de Berbegal, Peralta de Alcofea y Villanueva de Sijena que permanecen en Lérida.

El cambio definitivo se produjo con la entrada en el gobierno de los tecnócratas, un grupo de expertos en Derecho y Economía, que pertenecían mayoritariamente al Opus Dei.

José María Escrivá de Balaguer fundó el Opus Dei en 1928, organización integrada por laicos y sacerdotes seculares cuyo fin era la difusión de la doctrina y de las virtudes cristianas en todos los ambientes de la vida social y profesional, santificándose el trabajo.

Los tecnócratas iban a impulsar una política agresiva de crecimiento económico para integrarse dentro del sistema capitalista mundial. Para eso propugnarán conceptos como la racionalización, el desarrollo y la eficacia, que se iban a concretar en el Plan de Estabilización Económica de 1959, por el que se aumentó considerablemente la competitividad de la economía española y se fomentó la entrada de capital extranjero, aprovechando la coyuntura internacional favorable.

Un tecnócrata aragonés…    Mariano Navarro Rubio

Mariano Navarro RubioMariano Navarro Rubio

Nacido en Burbáguena (1913), estudió Derecho en la Universidad de Zaragoza, ejerciendo tras la guerra en el Cuerpo Jurídico Militar, y, como letrado, en el Consejo de Estado.

Miembro supernumerario de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y del Opus Dei, Navarro Rubio desempeñó en la década de los cincuenta diversos cargos sindicales de tipo medio, para pasar a ocupar en 1955 su primer cargo político importante: subsecretario de Obras Públicas. Es nombrado Ministro de Hacienda en febrero de 1957, siendo el artífice de la reforma tributaria de diciembre de aquel año.

Está considerado junto con Alberto Ullastres (Ministro de Comercio) como uno de los ministros a quienes se debe el cambio que culminará con el Plan de Estabilización de 1959 que supuso un auténtico viraje en la evolución hacia el capitalismo español.

Navarro Rubio jugó así un importante papel en la incorporación de España a una serie de organismos internacionales tales como la Organización Europea para la Cooperación Económica, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y fue él quien solicitó a este mismo organismo la realización de su primer Informe sobre la economía española, que jugaría un papel tan importante en el futuro crecimiento económico español.

Tras su cese como ministro de Hacienda en junio de 1966, sería nombrado gobernador del Banco de España y presidente del Instituto de Crédito a Medio y a Largo Plazo y del Instituto de Crédito para las Cajas de Ahorro.

Los resultados del Plan de Estabilización son inmediatos y en 1960 el Producto Nacional Bruto crecerá un 0'5%, pero en 1962 se alcanza el 7%. Sin embargo estas medidas tenían también sus costes sociales con la bajada de salarios y un aumento del paro. Para muchos solo queda la emigración como única salida. Solo cuando en 1960 se celebren elecciones a concejales por el tercio de cabezas de familia, las abstenciones son muy elevadas. Es la única forma de protestar para muchas personas que tienen terror a hacerlo de otro modo.

En esta transformación estructural económica, el sector agrario pierde importancia y al mecanizarse las labores agrícolas se generan excedentes de mano de obra, y paralelamente la ciudad multiplica sus puestos de trabajo en la naciente industria y en los servicios que evolucionan. Es el éxodo rural, que en Aragón tendrá unas consecuencias dramáticas con la desertización de buena parte de su territorio, en especial en las zonas montañosas de las provincias de Huesca y Teruel.

Instalaciones de La MontañanesaInstalaciones de La Montañanesa

En 1964 se pone en marcha el primer Plan de Desarrollo. También se sacrificaba para ello otro tipo de fines como podría haber sido el logro de una mayor equidad en el reparto de la renta, y la acción regional se limita a la creación de polos de promoción y desarrollo con la finalidad de acelerar la industrialización de unas ciudades concretas (Burgos, Huelva, Valladolid, La Coruña, Vigo, Sevilla y Zaragoza, inicialmente).

La planificación tenía graves deficiencias y lo que a priori se pretendía que fuera a tener un efecto positivo sobre Zaragoza resultó tener graves efectos desequilibradores estructurales para Aragón, tanto desde una perspectiva interregional (aumentan las diferencias entre las comunidades como la catalana, vasca y madrileña con el resto del país) como desde el punto de vista del incremento de las diferencias en el interior de cada región. La macrocefalia zaragozana es evidente y las malas infraestructuras no permitirán el desarrollo de una red de ciudades intermedias que ejerzan de cabeceras comarcales y centros de servicios para asentar a la población rural.

Antigua Feria de Muestras de ZaragozaAntigua Feria de Muestras de Zaragoza

Los planes de desarrollo industrial traerán la entrada de capital inversor nacional y extranjero. Así, mientras a principios de siglo XX el proceso industrializador fue dirigido por una burguesía regional dinámica e innovadora (recordemos a Basilio Paraíso, Nicolás de Escoriaza o Tomás Castellano) y, en especial desde los años sesenta, las grandes empresas industriales establecidas en Aragón escapan en gran parte al control del capital regional propiciado por una mano de obra abundante y barata y una legislación laboral más propicia para los empresarios.

Igualmente, en el caso del sistema financiero, la mayoría de los bancos regionales iban a ser absorbidos por la gran banca nacional. En 1947 el Banco de Crédito de Zaragoza era absorbido por el Banco Central y en 1970 sufre el mismo proceso con el Banco de Aragón. Solo conseguía sobrevivir el Banco Zaragozano.

El comercio es atendido con mayor interés y se desarrolla la Feria Nacional de Muestras, que ampliará a cuatro sus grandes certámenes en esta época. Las exportaciones se reactivan, aunque nunca superan a las importaciones, y esto influirá en el tráfico ferroviario por Canfranc. Sin embargo, un accidente de dudoso origen ocurrido en 1970 en el puente de L´Estanguet, entre la salida del túnel de la zona francesa y la estación de Bedous, sirvió de pretexto para interrumpir el tráfico internacional hasta hoy.

Era la época de la inauguración de los grandes pantanos para atender al regadío y a la producción de energía hidroeléctrica. El de Yesa fue en 1959, La Tranquera en 1960, La Sotonera en 1961, el de Mequinenza en 1966 y El Grado en 1969… Si bien tenían beneficios económicos el coste social era nefasto, despoblando un área rural en estado crítico y en pleno éxodo hacia la ciudad. En lugares que iban a quedar inundados como Mequinenza o Fayón se construyeron poblaciones de nueva planta cercanas, pero en la mayoría de los casos, los pueblos o sus tierras de labor quedaron bajo las aguas del río.

Todavía más grave fue el caso de Jánovas, cuyos habitantes fueron expropiados para la construcción del pantano y como hubo alguna resistencia llegaron a dinamitar sus casas. Lo más triste es que fue en vano, ya que ese embalse nunca llegó a construirse.

Un efecto del desarrollo…    la emigración

Por una parte, la fijación en Zaragoza de las principales industrias genera una tendencia de migraciones interiores provenientes del éxodo rural que, si bien retienen en Aragón mucha de la emigración de las provincias de Teruel (52.498 personas en la década de los sesenta, lo que supone la disminución del 24,4%) y Huesca (20.745 es decir el 8,9% de su población), no es suficiente para frenar el saldo total negativo.

Este trasvase humano es una de las principales lacras contemporáneas sufridas por Aragón. Así, y todo, Zaragoza se convierte en la tercera ciudad española por su crecimiento en estos años, y de los 264.256 habitantes en 1950 duplicará su población en 1975 con 540.308 personas censadas, el 46% de la población regional cifrada en 1.173.825 habitantes. Por su parte Huesca aún no llegaba al 4%, a pesar de haber alcanzado los 37.610 habitantes. Teruel, tercera ciudad aragonesa en número de población alcanzaba los 24.122 habitantes y solo ocho ciudades más superaban los diez mil habitantes.

La causa principal de emigración era por motivos económicos y los destinos de los emigrantes aragoneses serán a otras regiones más desarrolladas y con mayor oferta laboral, sobre todo a Cataluña, País Vasco, Valencia y Madrid, llegando a la cifra de 125.000 emigrantes a partir de 1960.

Se promociona la emigración a otros países, que permitirá una estabilización de la balanza económica gracias a los envíos de remesas de capital. Si bien hubo emigrantes hacia América, el principal contingente marchó hacia Europa, especialmente a Francia. Entre 1959 y 1962 salen de Aragón, 22.283 personas a trabajar en los países europeos; todavía en los dos años siguientes se mantienen las cifras anuales de emigrantes aragoneses en torno a los 2.000, pero después la media hasta 1970 es de unos 700 emigrantes aragoneses al año. En realidad una mínima parte comparada con los tres millones de españoles que marcharon al extranjero entre 1960 y 1975.

Las cifras de crecimiento económico en Aragón a lo largo del período 1955-1975 que, en términos de producto interior bruto, fue del 156%, un incremento semejante (del 152'8%) refleja la evolución de la renta aragonesa para el mismo período. Sin embargo este modelo de crecimiento acelerado finalizará con la Crisis de 1973 propiciada por la subida del coste del petróleo, que repercutirá en el alza del precio de las materias primas y alimentos. A España iba a llegar con retraso, coincidiendo los peores momentos con la transición democrática.

 

 

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