
Todos los elementos vivos sufren una evolución y unos cambios hasta que llegan a ser como los conocemos. Los ríos son uno de esos elementos vivos y antes de ser como los vemos ahora han tenido otro aspecto. La depresión del Ebro hace millones de años era un mar interior rodeado por las cordilleras actuales pirenaica, ibérica y costero-catalana. De estas cordilleras la más joven es la pirenaica, mucho menos erosionada que las otras dos y por tanto con mayores cotas de altura, con más aristas y mucho más abrupta. Las otras sin embargo son más redondeadas debido a la erosión.

La presencia de este mar interior se demuestra en distintos tipos de fósiles marinos que encontramos en zonas tan distintas como Ricla en la provincia de Zaragoza o la de Yebra de Basa en la provincia de Huesca, por los depósitos salinos que encontramos en zonas como Remolinos a orillas del Ebro o por las lagunas endorreicas que son a las que no va a parar ningún río, o sea, que se alimentan de agua por sí mismas. Son famosas las lagunas de Gallocanta, Sariñena o las del Bajo Aragón.

Este mar interior poco a poco se fue rellenando con los materiales de arrastre de las corrientes de agua de las cordilleras hasta que por efecto de la erosión se abrió la cordillera Costero-catalana y el gran lago comenzó a desaguar en el mar Mediterráneo. Vemos así como el paso de los milenios y la erosión ha diseñado la actual cuenca del Ebro.
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