Sombra

Tema 1. La importancia del río

En muchas ocasiones hemos oído decir que el río es vida y, especialmente en los últimos años, ésta es una máxima que se ha tenido muy en cuenta.

El agua se está convirtiendo en un bien cada vez más escaso cuyo uso debe ser más racional y teniendo en cuenta las directrices del desarrollo sostenible. Se trata de un recurso limitado y la dependencia del hombre hacia el agua es cada vez mayor, ya que cada vez le damos más usos: regadíos, urbanos, energéticos, industriales, de ocio...

No solo debemos preocuparnos de hacer un uso racional del agua, también es necesario preservar su calidad. De este último factor dependen, además de los ecosistemas fluviales, todos los consumidores que se localizan aguas abajo de las cuencas.

En la Carta Europea del Agua, redactada en 1968, se concluía en su primer artículo:
Sin agua no hay vida posible. Es un bien preciso, indispensable a toda actividad humana.

Según la Real Academia, existen dos acepciones para el término hidrografía:
Parte de la geografía física que trata de la descripción de las aguas del globo terrestre.
Conjunto de las aguas de un país o región.

Siguiendo a esa misma institución, un río es una corriente de agua continua y más o menos caudalosa que va a desembocar en otra, en un lago o en el mar. Su salud depende de nuestra responsabilidad y de su salud depende en buena medida la nuestra.

Los ríos son una de los principales elementos conformadores del paisaje (natural y humano). Son un importante condicionante para el desarrollo y la cercanía de ríos caudalosos está muy relacionada con el surgimiento de grandes núcleos urbanos. Como ejemplo, en el caso de Aragón, sólo hay que ver la densidad de población de las comarcas por las que discurre el Ebro y la de las comarcas vecinas como las esteparias de los Monegros y del Campo de Belchite.

Además cumplen una función fundamental en el Ciclo del Agua o hidrológico. Según este ciclo, la cantidad de agua de la tierra no ha cambiado desde hace miles de millones de años. Básicamente, el agua precipitada por la lluvia o la nieve se infiltra en las capas de la tierra o discurre por la superficie del terreno hasta llegar al mar. Continuando con el ciclo, gracias al calor solar, el agua vuelve a la atmósfera por el proceso de evaporación del suelo y de transpiración de las plantas. Una vez en la atmósfera el vapor de agua es transportado hasta las capas superiores y se condensa, dando lugar a nubes, nieblas y finalmente, a las precipitaciones para que vuelva a iniciarse el ciclo del agua.

 

 

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