Industria Aragonesa
Sombra

Tema 3. La industrialización en Aragón

Ignacio de Asso
Ignacio de Asso

La llegada de la industrialización se llevó a cabo en Aragón con varias décadas de retraso respecto a otras regiones españolas y, por supuesto, el retraso fue mayor con respecto a los países europeos occidentales.

Los primeros antecedentes nos llevan a los siglos XVII y XVIII, en donde no hay apenas diferencia entre artesanía e industria. Algunas manufacturas habían alcanzado en Aragón un cierto grado de desarrollo como es el caso de la lana, pero a menudo no se puede competir con los tejidos de importación.

En 1798, Ignacio de Asso describe en su Historia de la Economía Política de Aragón el penoso estado de las manufacturas de la región, en un momento en que la primera etapa de la revolución industrial se había consolidado en Inglaterra. Tan solo existían manufacturas textiles en Zaragoza y otras localidades como Jaca, Biescas, Albarracín y Tarazona. También existían fábricas de curtidos en Graus, Brea de Aragón, Calatayud y Zaragoza, aunque este sector artesanal estaba todavía menos desarrollado.

Sede en Zaragoza de los Amigos del País
Sede en Zaragoza de la Sociedad Económica de Amigos del País

Instituciones como la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País canalizaban las escasas iniciativas preindustriales, pero la guerra de la Independencia primero, y la competencia de otras regiones después, las dejaron reducidas a una serie de muestras aisladas.

Gracias a las inversiones de capital extranjero en la segunda mitad del siglo XIX se producirá un cierto despegue, aunque desfasado con respecto a los países que llevaron a cabo con antelación la revolución industrial y de la revolución burguesa. Se instalan en Zaragoza algunas empresas de construcción de maquinaria, siendo la pionera la Sociedad Maquinista Aragonesa (1853) y posteriormente empresas como Averly, Mercier, Montaut y García, Carde y Escoriaza, la fábrica de espejos de Basilio Paraíso, etc.

Una empresa emblenática... la fundición Averly

Trabajadores de la Fundición Averly en 1905
Trabajadores de Averly en 1905

Una de las industrias pioneras de fundición en Zaragoza es la empresa fundada en 1855 por un joven ingeniero de Lyon, Antonio Averly. En sus primeros años, se consolida como la principal suministradora de maquinaria necesaria para la creciente y próspera industria harinera de Zaragoza. A comienzos del siglo XX cuenta con 140 operarios y tuvo una participación destacada en la Exposición hispano-francesa de 1908.

Junto con los productos metálicos de uso industrial, en Averly se desarrolla la fundición artística, y muchas de estas piezas todavía se pueden ver por las distintas calles y plazas zaragozanas (chapiteles de las torres de la Seo y el Pilar, distintas esculturas como la de la Samaritana o la del Justicia en la plaza Aragón, etc.).

Traspasado ya su ciento cincuenta aniversario, Averly S.A. todavía prosigue su actividad.


Harinera imperial de Aragón
Harinera imperial de Aragón

Tras los primeros momentos, las iniciativas industriales se centran en el sector harinero, por la abundancia de materia prima y las posibilidades de exportar a Cataluña. Sin embargo, no durará mucho la buena situación, ya que el mercado catalán comenzará a importar el trigo castellano.

Con el cambio de siglo, la pérdida de las colonias y la imposibilidad de importación de sus productos, la producción industrial se orienta hacia las azucareras, una industria floreciente hasta la desaparición de la mayoría de las empresas en la segunda mitad de siglo XX.

Azucarera del Jalón. Épila, 1902
Azucarera del Jalón. Épila, 1902

Las azucareras favorecieron además la creación de otras industrias iniciando una diversificación del sector. Así, en 1899, se había creado la Industrial Química de Zaragoza, que fabrica una buena parte de los abonos necesarios para un cultivo como el de la remolacha; la instalación de azucareras trajo consigo el desarrollo de las fábricas de alcoholes, de las fundiciones y de la industria metalúrgica; y, además, la demanda de carbón, que se utilizará como combustible, favorece la explotación de los lignitos turolenses, con la creación, en 1900, de la Sociedad Minas y Ferrocarriles de Utrillas.

Un hecho de vital importancia es la celebración de la Exposición Hispano-Francesa en 1908, que será el mejor escaparate para la muestra de productos aragoneses y servirá para estrechar lazos con el mercado galo.

Canal de Aragón y Cataluña, 1906
Canal de Aragón y Cataluña, 1906

La aparición del Plan de Riegos del Alto Aragón con la construcción de embalses, y la mejora de las redes de ferrocarril son vitales para el florecimiento de la industria en las zonas rurales aragonesas descentralizando la producción. Hasta ese momento la industrialización aragonesa se fue localizando principalmente en la ciudad de Zaragoza, con algunas excepciones tales como fábricas de productos textiles, harineras y azucareras, industrias caracterizadas por dedicarse a la transformación de materias primas agrarias. Pero esta tendencia a la industrialización de la periferia aragonesa se acentúa durante los años 20 en dos poblaciones aragonesas favorecidas por la proximidad con las fuentes de producción eléctrica pirenaica: Monzón y Sabiñánigo.

Complejo industrial de Sabiñánigo
Complejo industrial de Sabiñánigo

La guerra civil produce una época de atraso económico por las nulas importaciones y exportaciones. Este periodo de autarquía produce una continuidad en las bases económicas tradicionales aragonesas de segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, la producción energética y textil experimentarán un notable desarrollo, igual que el sector de la industria del calzado en localidades como Brea de Aragón e Illueca.

Con la apertura en la década de los sesenta y los planes de estabilización se producirá una importante evolución en la industrialización y en el capitalismo español. Se crean unos polos de promoción y desarrollo con la finalidad de acelerar la industrialización de unas ciudades concretas (Burgos, Huelva, Valladolid, La Coruña, Vigo, Sevilla y Zaragoza, inicialmente). Las empresas acuden a estas ciudades incentivadas por unos importantes beneficios fiscales, pero al mismo tiempo se producen unos efectos desequilibradores sociales, ya que se propicia la instalación de la industria en unas regiones siendo abandonadas otras, y dentro de las mismas regiones también se produce esa situación: en Aragón toda la industria se polarizará en Zaragoza.

Mientras la industrialización de los inicios del siglo XX fue dirigida por una burguesía regional dinámica e innovadora, al final de ese siglo las grandes industrias son principalmente multinacionales de capital externo a nuestra comunidad, siendo el ejemplo más claro el de General Motors.

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