El Ebro y los aragoneses
Sombra

Tema 3. El Ebro en la Edad Moderna y la Ilustración

Palacio de Carlos V en el Bocal
Palacio de Carlos V en el Bocal

La Edad Moderna se inicia en Aragón con la construcción de una gran obra hidráulica, la Acequia Imperial de Aragón, precedente del Canal Imperial. Se inicia en 1529 por iniciativa de Carlos I (el emperador Carlos V) bajo un proyecto concebido y realizado por Gil Morlanes, que situó la embocadura de la acequia cerca de Fontellas, en el paraje denominado El Bocal, con lo cual también regó territorio navarro, originando problemas de jurisdicción, ya que Navarra era reino soberano, al igual que Aragón.

La empresa fue planteada en una época de expansión económica, pero problemas técnicos y el elevado coste de las obras impidieron que llegara a su fin, quedando su construcción incompleta y en gran parte inutilizada.

Esclusas del Canal
Esclusas del Canal en Casablanca

Tras los problemas económicos se retoman las obras en el siglo XVIII, pero se inicia un proyecto más ambicioso: hacer navegable el curso del Ebro, ofreciendo así a los productos aragoneses una salida directa al mar para su comercialización.

Las obras para hacer navegable el río eran muy complicadas, por el gran número de azudes, las fuertes corrientes, islotes y zonas pantanosas, así que deciden hacerlas en la antigua Acequia Imperial. En 1768 se hace cargo de estas obras y de la explotación del Canal Imperial de Aragón (que así pasa a llamarse ahora) la compañía de Badín. Una vez disuelta esta compañía, el Conde de Aranda, ministro de Carlos III, y sobre todo el canónigo Ramón Pignatelli de Aragón y Moncayo son los personajes más destacados en la realización de este proyecto.

El muelle del canal en 1915
El muelle del canal en 1915

En 1784 ya se podía llegar hasta Zaragoza navegando, pero la muerte de Ramón de Pignatelli en 1793 supuso la paralización de los trabajos y el abandono de la solución final, que era continuar como vía navegable hasta Sástago. De haberlo realizado quizás hubiera sido posible la navegación del Ebro y una comunicación entre una red de canales como en otros países de Europa (Holanda, Inglaterra o Francia).

Pese al abandono definitivo que sufrieron los trabajos después de la Ilustración, se consiguieron dos de los tres objetivos con la construcción de este canal, la construcción de un canal para el riego de la huerta zaragozana y el de abastecimiento de agua de boca a los centros urbanos, el único que quedó sin conseguir fue el de la navegabilidad hasta el mar.

La fuente de los Incrédulos
La fuente de los Incrédulos

La fuente de los Incrédulos...
Para celebrar la llegada de las aguas del Canal Imperial a Zaragoza, Ramón de Pignatelli ordenó erigir un monumento: la fuente de los Incrédulos. En esta fuente se puede leer la razón de su construcción 'para convicción de los incrédulos y comodidad de los viajeros', por eso recibe este nombre, para recordatorio de los que no creyeron en el proyecto de la Ilustración.

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