Sombra
Tema 5

La obra científica de Cajal

Qué es…    la histología

La parte de la anatomía que trata del estudio de los tejidos orgánicos.

A partir de la obtención de su cátedra en Valencia, liberado ya de las cargas económicas y de la necesidad de la acumulación de méritos académicos, Cajal iniciará sus años de investigaciones, resultando especialmente fructíferos en la etapa barcelonesa, considerando 1888 su "año cumbre, su año de fortuna".

Hacia 1887 abandona los etudios de carácter más general y se inicia formalmente en su casi exclusiva dedicación a la neurohistología, a la exploración de la textura del sistema nervioso.

Para entender por qué se dedica exclusivamente a la exploración del sistema nervioso, podemos analizar varias razones. La primera, de orden intelectual, es la curiosidad de Cajal, desde sus años de estudiante por conocer el mecanismo cerebral del pensamiento y la voluntad. En esta línea se movía también, aunque de otro modo, su afición al hipnotismo, tan intensa durante los años de Valencia.

La segunda razón es de índole estética. Cajal se deleitaba contemplando la Naturaleza. Esto es una de las cosas que le atraen al mirar la intrincada selva del sistema nervioso y que manifiesta al elegir los nombres para las estructuras morfológicas que descubre: "nidos pericelulares", "ramas trepadoras", "fibras musgosas"...

Otras razones para explicar su inclinación hacia la histología neurológica, son debidas al carácter de nuestro personaje: su tendencia a la autoafirmación personal por la vía de la obra propia y original. Y en el campo de la investigación anatómica, con los recursos que se contaban en la España de fines del siglo XIX, solo se podía conseguir la originalidad en el estudio de la anatomía microscópica, por eso siguió esta línea de investigación.

En 1887, el neurólogo valenciano Luis Simarro da a conocer a Cajal el método de Golgi o cromoargéntico, con el que se pudieron teñir por primera vez las células nerviosas y sus prolongaciones. Rápidamente se hace dueño de él, lo modifica con eficaz originalidad -su "proceder de doble impregnación"- y lo aplica al estudio de las más diversas estructuras nerviosas: el cerebro, la retina, la médula espinal, la corteza cerebral, el tálamo óptico, etc. Pero el resultado más importante de ese enorme trabajo va a ser otro de carácter general: su teoría neuronal.

El revolucionario descubrimiento de que las células nerviosas no se comunican entre sí por continuidad, como afirmaban las doctrinas reticularistas de Gerlach y de Golgi, sino por contigüidad, es decir, por mero contacto de las terminaciones cilindroaxiles o dendríticas de cada célula con el cuerpo o con las terminaciones de otra.

La célula nerviosa constituye, pues, una unidad morfológica y funcional, a la cual el anatomista alemán Waldeyer, uno de los primeros seguidores de las ideas de Cajal, dará el nombre de neurona.

En 1889 logra que la importancia de sus hallazgos sea elogiosamente reconocida en la reunión de Berlín de la Sociedad Anatómica Alemana, a la cual pertenecía como miembro. Allí acudió con sus preparaciones y pagándose él mismo viaje, convencido como estaba de la importancia de sus investigaciones. A partir de entonces, el prestigio de nuestro sabio se hace universal.

Con su establecimiento en Madrid desde 1892 seguirá desarrollando su teoría neuronal, ahora sí dotado de todos los recursos técnicos gracias a la construcción y organización de un laboratorio histológico a su cargo. En 1895 es miembro de la Real Academia de Ciencias de Madrid y al año siguiente formará parte de la Real Academia de Medicina, tribunas desde las que, asumiendo las tesis del regeneracionismo, denunció los males del país para buscar mediante el trabajo, el progreso y la equiparación a los demás países europeos: "Para producir un Galileo o un Newton es preciso una legión de investigadores estimables... Mientras nuestras razas han dormido secularmente el sueño de la ignorancia y cultivado la religión y el arte, -preferentes y casi únicas actividades de pueblos primitivos- las naciones del Centro y Europa se nos han adelantado progresivamente".

La figura de Ramón y Cajal ya es reconocida internacionalmente, sobre todo desde 1894, nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cambridge; a partir de ese momento recibirá distintas investiduras por otras prestigiosas universidades europeas y americanas como Boston o Harvard. También obtendrá otros galardones internacionales como el premio Moscú (1900) del Congreso Internacional de Medicina de París, además en Madrid fue nombrado director del recién creado Instituto Nacional de Higiene "Alfonso XII" y del Laboratorio de Investigaciones Biológicas.

En aquellos años, sus investigaciones y descubrimientos se plasmarán en la publicación de Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados, editada en fascículos anuales con sus conocimientos actualizados desde 1897 hasta 1904 (excepto en 1903).

En 1903 se inicia lo que puede considerarse una nueva etapa, ya que comienza sus investigaciones sobre la fisiología del sistema nervioso. Estas líneas nuevas de estudio se abrirán gracias a una nueva técnica de tinción, la del "nitrato de plata reducido". Esta nueva técnica se aplicó al sistema nervioso de animales jóvenes y en desarrollo, pues es entonces cuando el tejido nervioso tiene una estructura más simple y, en consecuencia, cuando resulta más fácil reconocer las prolongaciones de las células nerviosas. De este modo, pudo introducir su teoría neuronal o de la independencia de las células nerviosas, al demostrar que éstas son la parte fundamental del sistema nervioso y que por medio de sus prolongaciones axonales y dendríticas unas células se comunican con otras por simple contacto, pero sin llegar a estar unidas, es decir, sin formar una red.

Entonces desrrollará el último pilar de su teoría neuronal: la ley de polarización dinámica, que trata de explicar el modo en que transcurre la corriente nerviosa por la célula, mediante una transmisión química o eléctrica de los impulsos nerviosos. A esta transmisión se la iba a denominar posteriormente sinapsis.

A lo largo de esta etapa recibirá las más altas distinciones de su carrera: la Medalla de Oro de Helmholtz, otorgada en 1905 por la Academia de Berlín, y en 1906, el Premio Nobel de Medicina, compartido con Camillo Golgi, pronunciando la conferencia titulada Estructura y conexiones de las neuronas. La popularidad que había alcanzado Cajal en España (y fuera de sus fronteras) y la capacidad de trabajo del aragonés, llevó al jefe del gobierno Segismundo Moret a proponerle el cargo de ministro de Instrucción Pública, aunque declinó el ofrecimiento prefiriendo el trabajo en el laboratorio.

En sus siguientes investigaciones se ayudará de dos valiosas innovaciones técnicas: la invención de los métodos del nitrato de urano (1912) y del sublimado-oro (1913). Producto de ello será la redacción de otro de sus libros más importantes, Degeneración y regeneración del sistema nervioso (2 vols. 1912-1914).

Pero el investigador va sintiendo la pesadumbre de la tarea, treinta años de ininterrumpida labor titánica, sobre todo bajo la honda depresión moral que en él produce la guerra europea de 1914. No obstante, continúa laborando, por sí mismo o con la colaboración de sus discípulos, da a luz trabajos tan sugestivos como uno de 1919 acerca de las células retinianas de axón corto, vive muy activamente la polémica respecto del "tercer elemento" del sistema nervioso, puesta sobre el pavés por los importantes descubrimientos de Del Río-Hortega.

En 1920 renunció a la dirección del Instituto Nacional de Higiene y el rey Alfonso XIII autorizó la fundación del Instituto Cajal de Investigaciones Biológicas, que quedaría instituido dos años más tarde y al que Cajal dedicaría sus esfuerzos hasta su muerte, tras abandonar la docencia universitaria. En veinte años se había creado una infraestructura científica en España que seguramente no habría sido posible sin la existencia del genio.

Su última aportación científica llegará en 1933 con ¿Neuronismo o reticularismo?, publicada en la revista científica Archivos de Neurobiología y considerado como una especie de testamento científico en el que recopila todos los hechos y teorías que demuestran su teoría neuronal y refutan la teoría reticularista.

Cajal y…    la literatura

Don Santiago Ramón y Cajal en el Monasterio de Piedra (Zaragoza) Detalle de una fotografía de Aurelio GrasaRamón y Cajal en el Monasterio de Piedra. Detalle de una fotografía de Aurelio Grasa

Al lado de su genial obra científica debe ponerse, aunque su valor artístico no sea tan grande, la obra literaria del sabio. Hay que destacar especialmente sus libros autobiográficos Recuerdos de mi vida: Mi infancia y mi juventud (1901) y Recuerdos de mi vida: Historia de mi labor científica (1917) para conocer con mayor profundidad todos los detalles de su vida y obra. También, como una actividad lúdica que le sirvió de evasión, publicó Cuentos de vacaciones (1905), en el que retomaba sus obras escritas en la juventud, o Charlas de café (1921), pero además escribió ensayos notables sobre temas diversos como La psicología de los artistas (1902), Psicología de Don Quijote y el quijotismo (1905) o La fotografía de los colores. Bases científicas y reglas prácticas (1912).

En su última obra, El mundo visto a los ochenta años: impresiones de un arteriosclerótico (1934), Cajal realiza un irónico análisis del mundo en los últimos días de su vida, y pese a su desmoralización con lo que ve, no abandona nunca la esperanza que tiene por el hombre y el progreso.

 

 

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