Sombra
Tema 6

La herencia de Ramón y Cajal

No podrá ser entendida la obra de Cajal sin una referencia precisa acerca de su significación histórica. Sirva como ejemplo la nota del eminente psiquiatra italiano Ernesto Lugaro: "En el campo de la morfología nerviosa, se puede decir que Cajal, por sí solo, ha producido más que todos los otros neurólogos juntos".

Por su contribución a la ciencia, teniendo en cuenta que lo hacía desde un país sin una tradición de búsqueda progreso científico, a Santiago Ramón y Cajal le fueron concedidos justamente en vida todos los premios y reconocimientos en todos los órdenes sociales y, sobre todo, por parte de la comunidad científica.

Sin embargo su mérito no es únicamente por su trabajo personal científico, al que llega desde distintos conocimientos humanísticos tan dispares como la técnica fotográfica, el dibujo o la curiosidad por la naturaleza. Debemos reconocer su mérito también porque alrededor de su figura se creó una infraestructura científica en España, un país que en 1900 tenía un 63% de analfabetismo y cuyos estudios superiores universitarios, destinados a una minoría de población, estaban todavía muy apegados a una rancia tradición académica que no había sido capaz todavía de absorber la revolución científica y tecnológica.

El 98 y el regeneracionismo conllevaron una conciencia de necesidad de cambios para la búsqueda del progreso, y Cajal contribuyó en buena manera a este progreso en el campo científico, ya que en torno a su persona se fundaron distintas instituciones que dirigió como el Instituto Nacional de Higiene "Alfonso XII" (1900), la Junta para Ampliación de Estudios, (1907) o el Instituto Cajal (1920).

Además, en el ámbito propiamente aragonés, tras su muerte se instituyó la Fundación Santiago Ramón y Cajal de carácter científico y sin ánimo de lucro de la Facultad de Medicina de Zaragoza. Se creó en 1935 por disposición testamentaria del insigne histólogo, como reconocimiento y tributo de veneración a quienes fueron sus profesores de la Facultad de Medicina y como estímulo a los alumnos de Anatomía humana, de cuya enseñanza fue, en su juventud, profesor auxiliar y director de museos anatómicos.

Uno de los cometidos de la Fundación es el de premiar anualmente al estudiante de Anatomía descriptiva más aplicado y sobresaliente en las tareas de disección. Este Premio, uno de los más prestigiosos que otorga la Universidad, fue concedido por primera vez en 1940, a Manuel Fairén.

El último punto a destacar de su legado es el de la creación de un grupo de gente que colaboraron directa o indirectamente con él. Es la Escuela de Cajal, una importantísima nómina de investigadores que contribuyeron a sus investigaciones y continuaron con su legado tras su muerte, producida el 17 de octubre de 1934. Entre los discípulos más destacados encontramos a Nicolás Achúcarro, Pío del Río Hortega, Rodríguez Lafora... y entre los colaboradores aragoneses encontramos a su propio hermano, Pedro Ramón y Cajal, Jorge Francisco Tello y Muñoz, Julián Sanz Ibáñez, Rafael Lorente de No, Víctor Marín y Corralé y Ramón Martínez Pérez. Aquí haremos mención, a modo de epílogo, a los investigadores aragoneses que formaron parte de su escuela:

 

 

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