Miguel Servet
Sombra

Tema 2. La religión en el Renacimiento

En el siglo XVI, las corrientes de pensamiento procedentes del Norte de Europa se replantean algunas de las doctrinas del catolicismo más ortodoxo y de alguna forma cuestionan el poder político temporal que la Iglesia ostentaba desde la Edad Media. Ya se ha dicho que Erasmo fue quien sentó las bases, pero serán personajes como Lutero y Calvino los que lleven a cabo una profunda reforma que supondrá una ruptura en el seno de la Iglesia cristiana occidental.

En 1507, el mismo año que Lutero fue ordenado sacerdote, el Papa Julio II autorizó la venta de bulas de indulgencia para financiar la construcción de la nueva basílica de San Pedro en Roma. De esta manera, de modo sucinto, quien pagaba podía quedar libre de sus pecados, y así, el alto clero seguía incrementando sus importantes recursos económicos.

Lutero, desde su cátedra de Teología en la Universidad de Wittenberg, era crítico con la corrupción de la jerarquía eclesiástica y las riquezas que estaban amasando. Era partidario de que la Iglesia se dedicase a cuestiones espirituales y no tanto políticas, exponiendo en 1517 sus famosas 95 tesis que supondrán ulteriormente la ruptura. Básicamente Lutero se opone al poder papal y a su monopolio en la interpretación bíblica. Reclama la reforma de la Curia, la supresión del celibato y de los sacramentos, excepto el Bautismo y la Eucaristía.

El alto clero en Aragón…    Los arzobispos de Zaragoza

Desde Juan II la realeza impuso su control sobre el estamento religioso aragonés, especialmente en las asignaciones para la mitra zaragozana. En el período que va de 1458 hasta 1577 fueron arzobispos, exclusivamente, miembros de la casa real de Aragón (excepto Fadrique, vinculado a la de Portugal), aunque fuera por línea bastarda: el primero de estos arzobispos, don Juan de Aragón (I) era hijo natural del rey Juan II de Aragón; a éste le sucedió don Alonso de Aragón, hijo bastardo de Fernando II el católico, y tras su muerte, el hijo de aquél, Juan de Aragón (II); a continuación, Fadrique de Portugal, de la casa real de este reino; finalmente, don Hernando de Aragón, hermano de Juan de Aragón (II) y por tanto hijo del arzobispo don Alonso.

Esta política trajo consecuencias desastrosas para la vida religiosa del arzobispado, ya que el cargo de arzobispo de Zaragoza se convirtió en un cargo eminentemente político y actuaban como si fueran los auténticos reyes en la ausencia de éstos. De esta dinastía episcopal sólo el último de sus miembros se comportó como tal arzobispo.

Juan de Aragón (I) gobernó el arzobispado con el título de administrador, porque nunca recibió las sagradas órdenes, fue fundamentalmente un militar. Alonso se ordenó de presbítero en 1501, pero después nunca volvió a celebrar otra misa; la vida que llevaba no era la de un eclesiástico, como lo prueba, entre otros, el hecho de que tuviera siete hijos con la noble doña Ana de Gurrea.

Juan (II) de Aragón sólo se ordenó diácono, Fadrique de Portugal jamás residió en la sede de Zaragoza, ya que fue virrey de Cataluña. Don Hernando de Aragón, sin embargo, después de criarse en la Corte, cuando tenía veinticuatro años se hizo monje cisterciense del monasterio de Piedra. Fue el único que llevó a cabo una gran actividad pastoral con afán de reformar el clero, aunque esto no impidió que ostentara importantes cargos políticos.

En 1521, el nuevo emperador Carlos V (I de Aragón) presidirá la Dieta de Worms, una asamblea a la que asisten todos los príncipes alemanes. Estaba previsto que Martín Lutero se retractara allí de sus tesis, pero se reafirmó en todas ellas y finalmente fue excomulgado. Protegido por el elector de Sajonia, el príncipe Federico III, pudo poner en práctica la reforma en el culto y traducirá al alemán la Biblia.

El apoyo inicial a la Reforma por parte de algunos príncipes nació por la oposición a Carlos V y su autoritarismo. El emperador estaba alineado con la Iglesia, pero esta alianza fue más fuerte una vez que Carlos V fue coronado en Bolonia en 1530. En ese mismo año, a partir de la Dieta de Augsburgo, las posturas eran ya irreconciliables, atrayendo la Reforma a un buen número de pensadores como Melanchton, Zwinglio, Bucero, Ecolampadio, Calvino y el propio Miguel Servet. Estos humanistas, a su vez, hicieron sus propias interpretaciones teóricas de la Reforma, que difundieron con sus variantes rápidamente por los distintos países europeos gracias a la imprenta.

Tras la muerte de Lutero en 1546, en el Imperio Germánico se producirá una guerra abierta entre la Liga de Smalkalda, compuesta por los príncipes alemanes partidarios de la reforma protestante, y el emperador, del lado papal. Esta guerra, pese a la victoria imperial en la batalla de Mühlberg (1547), no se dará por finalizada hasta la Paz de Augsburgo en 1555. Con esta Paz cada príncipe podría elegir su propia religión y no sólo eso, también la de sus súbditos.

Además de la respuesta política por la parte de Carlos V también se dio una respuesta teológica desde el seno de la Iglesia católica con la convocatoria del Concilio de Trento. Este concilio será convocado por el Papa Paulo III y sus primeras sesiones se producen en 1545, dándose por finalizado en 1563.

Fracasa en el intento de acercar posturas con los protestantes, sin embargo sirvió para aclarar diversos puntos doctrinales y organizativos de la Iglesia. Además sirvió para corregir los abusos y adoptar medidas para que los clérigos siguieran una moral más estricta y tuvieran una mejor formación. Del Concilio de Trento surge la Contrarreforma y se potencian los mecanismos de represión, como el del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.

La represión de la herejía…    La Inquisición aragonesa y los luteranos

En Aragón, a pesar de la cercanía con la frontera francesa, no se dieron demasiados casos de protestantismo considerados por la Inquisición como herejía. Dejando aparte el caso de Miguel Servet, fue procesado Miguel de Mezquita en 1535; también fray Juan de Regla, confesor de Carlos V en Yuste, fue arrestado en Zaragoza y obligado a abjurar dieciocho proposiciones; el bilbilitano Juan López de Baltuena fue convicto en 1564 de "luterano" y condenado a servir en galeras de por vida; y el castellano Pedro Mantilla fue procesado en 1585 en Zaragoza como negador de la Trinidad y adversario de la autoridad papal.

Algunos estudiosos como Llorca han contado entre 1566 y 1600 un centenar de quemados en la hoguera en Zaragoza. Sin embargo, los datos del Libro Verde solo recuentan a siete condenados como hugonotes entre 1546 y 1574.

 

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