Miguel Servet
Sombra

Tema 8. El retiro en Graus

En los últimos años de su vida, enfermo y desengañado, se retira a Graus donde residirá definitivamente desde 1905. Su quebrantada salud fue una de las mayores razones de su renuncia, aunque profundas diferencias con las líneas políticas adoptadas por Salmerón y la constante irritación de sentir que, producto del caciquismo, los votos no reflejaban verazmente la voluntad popular, fueron otros tantos argumentos para su retorno a las raíces.

Pese a su alejamiento voluntario de la política nacional, Costa continúa teniendo una gran influencia en la opinión pública de todo el país. Todavía realizará en 1908 su último informe acerca del proyecto de ley llamada del terrorismo de Maura.

Ahora los asuntos de los que se encargará afectarán sobre todo a Aragón y serán publicados principalmente en El Ribagorzano, editado en Graus por la Liga de Contribuyentes de la Ribagorza desde 1904, bajo los auspicios del que sería su fundador y propietario, Marcelino Gambón. Su existencia se vería prolongada hasta el año 1931 y a lo largo de sus páginas se muestra la influencia del pensamiento costista. Posteriormente se retomará esta cabecera en los años ochenta del siglo XX, con distintos planteamientos aunque siempre con el referente de los primeros números de la revista.

Además conocemos que en los últimos años de su retiro preparaba una novela, Soter, en la que quizá hubiera logrado la síntesis de su ideología. Sin embargo la novela no ha pasado del estadio de notas sueltas ya que Joaquín Costa murió en Graus el 7 de febrero de 1911, la villa que conocía desde los seis años, en que su familia allí se estableció, y a la que volvió sus últimos días.

La noticia conmovió especialmente a todos los aragoneses y pese a que su hermano Tomás Costa dio su autorización para que el cuerpo del difunto fuera enterrado en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid, éste nunca llegó a su destino. Una masa de zaragozanos detuvo violentamente el tren que transportaba sus restos mortales y tras una impresionante manifestación popular tuvo que ser sepultado en el Cementerio de Torrero de Zaragoza.

A iniciativa del Ayuntamiento se abrió una suscripción pública para la construcción de su mausoleo, para lo cual se convocó un concurso de ideas en 1912. Entre los proyectos enviados existió alguno utópico como el del escultor Dionisio Lasuén, que consistía en esculpir el busto de Costa en la cima el Moncayo, de forma similar al de los presidentes norteamericanos del Monte Rushmore. Ese proyecto iba a ser retomado por Ramón Acín en 1925, pero la obra nunca pasó de la imaginación y los diseños de aquellos artistas. El proyecto ganador fue el firmado por el escritor Manuel Bescós (Silvio Kossti) y el pintor Félix Lafuente Tobeñas; además, el propio Lasuén colaboró en la autoría de la obra. Pese a que hoy se halla intramuros, en su ubicación original se hallaba extramuros del cementerio de Torrero por la aconfesionalidad propugnada por Costa.

Mausoleo de Joaquín Costa

Silvio Kossti…    el mausoleo y su epitafio

El autor del epitafio fue amigo de Joaquín Costa, Manuel Bescós Almudévar, más conocido como Silvio Kossti y en él se lee:

"Aragón a Joaquín Costa.
Nuevo Moisés de una España en éxodo. Con la vara de su verbo inflamado alumbró la fuente de las aguas vivas en el desierto estéril.
Concibió leyes para conducir su pueblo a la tierra prometida.
No legisló".
MDCCCLXVI - MCMXI

 

 

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