Miguel Servet
Sombra

Tema 1. Aragón a finales del siglo XIX

La comprensión de la figura de Costa solo es posible si la enmarcamos en un determinado contexto histórico y social. Las convulsas últimas décadas del siglo XIX y las iniciales del siglo XX, años en los que en lo político se ha producido la Restauración monárquica de Alfonso XII tras el Sexenio Revolucionario.

Para asegurar la estabilidad del gobierno de la nación se dispuso un sistema bipartidista de turnos. Un año gobernaban los conservadores de Cánovas, al siguiente estos pasaban a la oposición y ascendían los liberales de Mateo Sagasta y así sucesivamente.

Este sistema de turnos de la Restauración consiguió una estabilidad social a cambio de sacrificar eficiencia administrativa y democracia política, ya que será usual el pucherazo o la compra de votos en las elecciones (con sufragio universal masculino desde 1890). A la larga el encorsetamiento del sistema con una alternancia política ficticia, causará graves problemas que desembocarán en la corrupción política, cuya base estaba en el caciquismo.

Tras su fracaso en el Sexenio Revolucionario el federalismo ya no renacerá como tal. Sus sucesores son los movimientos regionalistas, para los cuales la autonomía se acerca mucho al concepto anterior de federación. 1897 puede considerarse el año que se dio inicio al autonomismo aragonés con la celebración de la Asamblea Regionalista de Alcañiz.

El movimiento obrero estaba dando sus primeros pasos aunque con escasa actividad hasta finales de siglo. Este movimiento iba a reivindicar los derechos de los trabajadores, aunque no siempre de una forma lícita y pacífica.

Dos son las características determinantes del movimiento obrero aragonés en su nacimiento: la composición artesanal y preindustrial del incipiente movimiento obrero zaragozano, habida cuenta de la mínima industrialización en la región, y la opción apolítica y anarquista que domina los primeros pasos de las organizaciones obreras aragonesas.

La base económica aragonesa, así como la española, sigue siendo principalmente agraria. Sobre todo tras las desamortizaciones, en las que la incipiente clase burguesa se hizo con la mayor parte de la tierra desamortizada. Las Exposiciones celebradas en 1868 y en 1885 ya reflejaban esa estructura de una burguesía de base agraria y mercantil.

La llegada de la industrialización se llevó a cabo en Aragón con varias décadas de retraso respecto a otras regiones españolas y, por supuesto, el retraso fue mayor con respecto a los países europeos occidentales.

Gracias al capital extranjero se instalan en Zaragoza algunas empresas de construcción de maquinaria, siendo la pionera la Sociedad Maquinista Aragonesa (1853), pero en la primera industrialización el sector que tendrá un mayor desarrollo será el harinero.

Al desarrollo de la industrialización contribuye el ferrocarril. Fechas emblemáticas son 1861, cuando por primera vez llega el tren a Zaragoza y 1882, cuando Alfonso XII inaugura las obras del ferrocarril a Canfranc, proyecto que no se finaliza hasta 1928. La ciudad de Zaragoza, beneficiada por haberse constituido como un nudo ferroviario de primera magnitud, prosigue lentamente en su proceso industrializador y crecerá desde los 67.000 habitantes en 1860 hasta alcanzar los cien mil a inicios del siglo XX.

Para tener una visión más completa de la época se puede consultar el tema El fin del siglo XIX. Las revoluciones de la sociedad burguesa.

 

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