Francisco de Goya y Lucientes
Sombra

Tema 7. Nuevos caminos al final de su vida

Tras la Guerra de la Independencia, el pueblo había recibido con esperanza el regreso de Fernando VII, por entonces con el sobrenombre de 'el deseado'. Sin embargo, ese sentimiento pronto iba a cambiar con la vuelta al Antiguo Régimen tras la abolición de la Constitución de Cádiz de 1812 y la represión a los liberales.

El liberalismo es el movimiento político partidario de un gobierno representativo, con un Parlamento renovado periódicamente, un rey constitucional y un texto fundamental, la Constitución, en el que se recojan los derechos y deberes básicos de los ciudadanos. Goya se adscribió a esta corriente.

En el primer momento del nuevo reinado, Goya realiza óleos oficiales de Palafox a caballo y los retratos encargados por la Junta del Canal Imperial de Aragón de Fernando VII y el duque de San Carlos, persona más influyente del reino en aquel momento.

Su suerte en la corte comenzará a cambiar cuando en 1815, la Inquisición le abre un proceso judicial por considerar obscenas las dos 'majas'. Tras superar este juicio, seguirá en su puesto de Primer Pintor de Cámara con sus honorarios. Sin embargo, será relegado por Fernando VII por sus ideas políticas opuestas.

A partir de este momento realizará dos series más de grabados: La tauromaquia y Los disparates. En la primera serie demuestra su afición a los toros en 33 estampas retratando acciones de personajes como el torero zaragozano Martincho. La serie de los Disparates no la llegó a sacar a la venta y es la de más difícil interpretación. Representa unas visiones oníricas y otras con contenido violento y sexual, cercanas a los estilos surrealista y expresionista, pero adelantándose casi en un siglo en su aparición. Vemos pues la total originalidad del pintor aragonés y se explica así su condición de genio.

Sin duda, que los sucesos de la guerra habían influido especialmente en la nueva visión del mundo del artista aragonés, pero será la nueva situación política del país, sin libertad y llena de persecuciones, la causante de que Goya tome una dirección en su pintura hacia este mundo expresivo y fuera de la realidad adelantando el surrealismo.

El paradigma de su nueva tendencia se halla en las pinturas negras de la Quinta del Sordo, hechas para su propio deleite y también como búsqueda de lo anticonvencional. El expresionismo de las formas distorsionadas se aliará con el impresionismo a base de manchas, con lo cual Goya está prefigurando todas las orientaciones pictóricas de la transición del siglo XIX al siglo XX.

Pinturas negras…    La Quinta del Sordo

Goya, retirado de la vida pública, adquiere en 1819 una finca a orillas del Manzanares que pasó a ser conocida para la posteridad como la Quinta del Sordo. Allí vivió junto con Leocadia Weiss hasta 1823, año que cedió la propiedad a su hijo Javier, temiendo que fuera a ser incautada como represalia por la caída de Riego y la vuelta al absolutismo tras el trienio liberal.

Decoró los muros de esta villa frente a la pradera de San Isidro inicialmente con escenas campestres, pero tras sufrir una gravísima enfermedad en 1820 y ser consciente de la decadencia física en los últimos años de su vida, la redecoró en un estilo oscuro y sombrío, con unas escenas plenas de dramatismo y crueldad en donde la expresión lo es todo y en su estilo completamente inconvencional está realizado con trazos hechos a base de manchas.

Destacan obras como el perro semihundido, en la cual los críticos han visto un inicio a la abstracción y según Carlos Saura la reconoció como la obra más bella del mundo; otras obras como el duelo a garrotazos en donde reaprovecha un anterior paisaje campestre para representar este duelo a muerte entre dos hombres enterrados hasta las rodillas; o Saturno devorando a un hijo, escena de una brutal crudeza con unas formas distorsionadas para lograr una mayor expresividad dramática.

Las pinturas fueron realizadas sobre el muro, pero en 1873 se trasladaron a distintos lienzos que se conservan en el Museo del Prado madrileño.


Con el regreso del absolutismo, tras el fallido trienio liberal, la nueva pérdida de libertades hace que Goya decida su marcha hacia Francia, como ya habían hecho anteriormente varios de sus amigos ilustrados.

Fijará su residencia en Burdeos y allí producirá sus últimas obras, unas en la litografía como la serie de los Toros de Burdeos, otras al óleo, como la Lechera de Burdeos, que se ha visto como una obra precursora del impresionismo por su colorido que contrasta con su anterior etapa oscura; y otras en su cuaderno de dibujos en donde cabe destacar uno emblemático que representa a un anciano como el propio Goya con dos bastones y con una inscripción en donde se lee 'Aun aprendo'. En aquella ciudad francesa muere Goya, el 16 de abril de 1828 dejando para la posteridad la figura artística más grande que ha legado Aragón al mundo.

 

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