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Tema 3

La Catedral de Barbastro

Catedral de BarbastroCatedral de Barbastro.

Cuando una ciudad alcanzaba una época de bonanza y esplendor, sus habitantes se unían para afrontar la construcción de un gran templo en el centro del municipio. Esta etapa de poderío artístico llegó a Barbastro en el siglo XVI y la construcción de su catedral resume plásticamente el esfuerzo económico de toda la ciudad y la feliz iniciativa de su concejo. Así, el ambicioso proyecto de la construcción de su iglesia mayor, que, una vez restaurada la sede episcopal, pasará a ser en el mismo siglo XVI la catedral y parroquia única de la ciudad comenzó en el 1500 y terminó en el 1533.

Varios fueron, según los documentos, los maestros de obras que intervinieron en su construcción, pero es muy difícil poder precisar sus intervenciones o destajos contratados, como el del mismo Juan de Segura, considerado maestro principal de las obras. Lo que sí es evidente es que en los años siguientes algunos de ellos están trabajando en diversas iglesias del Alto Aragón, como en la colegiata de Bolea, de la que también se habla en este monográfico, y en la que podemos apreciar un plan constructivo similar al de la seo barbastrense. Más numeroso fue todavía el equipo de maestros decoradores, contratado por el concejo, que completaron la ornamentación del templo, desde las desaparecidas vidrieras hasta la larga inscripción conmemorativa y, sobre todo, las numerosas claves colgantes en madera labrada y dorada.

La catedral de Barbastro es un diáfano interior de planta de salón, con tres naves de igual altura cubiertas con bóvedas de crucería estrellada que apean en seis delgadísimos y moldurados pilares con capiteles estrechos y continuos al modo de guirnaldas de hojas. Presenta una triple cabecera poligonal y, siguiendo el sistema de la arquitectura gótica levantina, seis capillas, entre los contrafuertes, que abrían en arcos apuntados, reformados algunos en época barroca.

El museo diocesano y una antigua polémica

Foto del interior durante la restauración. Archivo de El Periódico de Aragón.San Miguel de Abi. S. XV. C.Gil. Archivo de El Periódico de Aragón.

En dependencias anejas a la catedral está montado el Museo Diocesano, reabierto en diciembre del 2010 para acoger obras procedentes de la diócesis y el tesoro artístico catedralicio, con el deseo de que se integren próximamente los llamados bienes de la Franja.

El conflicto de los bienes del Aragón Oriental tiene su origen en 1995 cuando se produce la segregación de 111 parroquias del Aragón Oriental de la diócesis de Lérida que pasan a formar parte de la nueva diócesis Barbastro-Monzón. A partir de este momento, comienza un litigio eclesiástico para reclamar las obras, pertenecientes a estas iglesias, que el Obispado de Lérida tiene bajo su custodia y que se encuentran expuestas en el Museo Diocesano y Comarcal.

Pero el problema se eterniza. A pesar de que todas las resoluciones de las instituciones eclesiásticas se muestran a favor de la devolución, los bienes de la Franja no llegan al Museo Diocesano de Barbastro, su futura sede. Además, en este conflicto, en un principio 100% eclesiástico, han entrado a formar parte los respectivos gobiernos de ambas comunidades.

Si el interior, tal como quedó después de la supresión del coro central, conserva el sentido espacial de finales del gótico, el complemento escultórico de los tres retablos de la cabecera resume la evolución de la escultura renacentista aragonesa, sobre todo el del altar mayor. Consta de un gran basamento en alabastro con estatuas y escenas en relieve y una minuciosa decoración plateresca. Obra inacabada de Damián de Forment, comprada en 1558 por el concejo y completada por Juan de Liceyre. Los dos cuerpos superiores, en madera, contrastan por una mayor severidad romanista de finales del siglo. El retablo se finalizó en 1602. Es una obra desigual y en común de Juan Miguel de Orliens, probable autor de la traza; de Martínez de Calatayud, a quien pertenecería la escena central de la Asunción y algunos de los relieves de más atinada composición, y el resto, de Pedro de Aramendía. En los dos retablos laterales, dedicados a San Pedro y a San Ramón, se continúa la concepción romanista del retablo central, aunque fueron tallados en el segundo cuarto del siglo XVII.

Catedral de BarbastroCatedral de Barbastro.

De las dos portadas de la catedral, la del Palacio se halla enmarcada por una decoración en relieve con variados motivos renacentistas, los bustos en medallones de San Pedro y San Pablo y el escudo de la ciudad. Junto a esta puerta se eleva exenta la torre-campanario, de planta hexagonal y piedra de cantería, proyectada por Pedro de Ruesta y edificada a comienzos del siglo XVII. Durante este mismo siglo se continuó la decoración del interior de la catedral, destacando sobre todo la cúpula de la capilla del Santísimo por su exuberante ornamentación en yeso tallado a base de formas vegetales metamorfoseadas, de carnoso relieve, y figuras de santos y virtudes. El chapitel es una reforma del siglo XVIII.

En el primer tercio del siglo XVIII se construyeron a ambos lados de la portada de los pies de la catedral dos capillas, de San Carlos Borromeo y del Santo Cristo de los Milagros, en cuyos arcos de acceso se despliega una movida ornamentación a modo de telón con estatuas de bulto y numerosos motivos alegóricos, de logrado efecto teatral, que en la del Santo Cristo se completa con el baldaquino del altar y decoración ambiental típicamente barroca.

En el recorrido por el templo todavía quedan otros elementos de interés que es necesario observar. Aunque procedente del monasterio de San Victorián, se halla instalado en la capilla de San José un retablo de diecisiete tablas pintadas con escenas de la vida del santo; las más antiguas, como la central, de comienzos del siglo XVI, y otras probablemente ya de mediados del mismo. La mazonería, de buena composición y dorado, es obra barroca del siglo XVIII.

Damian de Forment y el esplendor del retablo

Detalle del retablo. Archivo de El Periódico de Aragón.Detalle del retablo. Archivo de El Periódico de Aragón.

Damian de Forment es un escultor de origen valenciano al que hay que considerar como uno de los más destacados representantes de la escultura aragonesa del renacimiento, debido a su asentamiento y trabajo continuado en Aragón.

Destacan sus trabajos en la basílica del Pilar, pero en este monográfico queremos prestarle especial atención al retablo que hizo para la catedral de Barbastro. Es una de sus obras más tardías, aunque no se encuentre acabada, y resume a la perfección la maestría del escultor. Conserva el sentido espacial de finales del gótico y el complemento escultórico de los tres retablos de la cabecera resume la evolución de la escultura renacentista aragonesa, sobre todo el del altar mayor.

 

 

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