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Tema 5

Teruel: el arte mudéjar

Sello del concejo de Teruel, que hace referencia a la fundación de la ciudad en el lugar donde se divisó a un toro sobre el que se situó una estrellaSello del concejo de Teruel, que hace referencia a la fundación de la ciudad en el lugar donde se divisó a un toro sobre el que se situó una estrella.

Hasta ahora el orden de los temas se había seguido por un criterio histórico, de incorporación de la sede episcopal al reino aragonés. En este caso no se cumple, ya que Teruel fue conquistado por Alfonso II en 1169 y refundada en 1171, concediéndole el fuero cinco años más tarde, y la diócesis no se creó hasta el siglo XVI, concretamente en 1577, segregándola de la archidiócesis de Zaragoza para controlar mejor a los moriscos que podían amenazar la unidad religiosa de la España contrarreformista de Felipe II.

Así pues, en esta ocasión, en lugar de los criterios históricos partiremos de criterios artísticos para facilitar la comprensión temporal de los estilos arquitectónicos predominantes de las catedrales aragonesas.

En la de Teruel el estilo predominante es el mudéjar, así que antes vamos a conocer quiénes son estos mudéjares.

Un segmento de la sociedad medieval aragonesa…    los mudéjares

Mudéjar es todo aquel musulmán que permaneció en territorio cristiano tras la conquista, conservando su religión. Muy aferrados a la tradición, fueron los garantes de la pervivencia de la cultura islámica en el Aragón medieval. La denominación de mudéjar es relativamente moderna, ya que en los documentos medievales aparecen nombrados como moros.

La rápida conquista de una zona tan extensa como la aragonesa produjo una despoblación importante, ya que los antiguos habitantes musulmanes huyeron hacia el sur. Intentando evitar que esto sucediera se concedieron pactos a los antiguos pobladores por los que se les permitía vivir en tierra cristiana practicando su anterior religión en libertad, mediante el pago de un impuesto especial, la azofra.

La mayor parte de la población mudéjar aragonesa se dedicó al cultivo de la tierra, por eso la mayor densidad de mudéjares se concentró en torno al Valle del Ebro y en sus afluentes de la margen derecha, dedicados principalmente a cultivos de regadío, cuyas técnicas habían heredado de sus antepasados musulmanes.

También destacan en muchos otros oficios artesanales, pero sobre todo como albañiles, alarifes o maestros de obras y alfareros, manteniendo la tradición de la cerámica decorada musulmana.

Las comunidades de mudéjares de las ciudades se organizaron en aljamas y quedaron bajo la soberanía y protección de los monarcas aragoneses, que velaron por su seguridad. Las morerías (lugares donde habitaban los mudéjares) se sacaban fuera de la ciudad cristiana y se amurallaban, como una forma de segregación. Una excepción entre las ciudades aragonesas la constituyó Teruel, donde el barrio musulmán se hallaba dentro de las murallas cristianas.

Pese a las diferencias en las costumbres, en los cuatro siglos de convivencia entre mudéjares y cristianos no se aprecian problemas graves entre las dos comunidades. Siempre hubo un alto grado de tolerancia, que se rompió a partir de la conversión forzosa al cristianismo por un edicto promulgado en noviembre de 1525.

El bautismo no mejoró su antigua condición social del mudéjar, a partir de ahora morisco, ya que continuó siendo una minoría marginada. De hecho la empeoró, ya que se negó a integrarse en la nueva religión. Esta negativa no tardó en arrastrar implicaciones políticas, llevando a la Iglesia y a la monarquía a considerarlo como un falso cristiano y un enemigo del estado. Por esta razón fue perseguido por la Inquisición hasta que en 1610 Felipe III decretó su expulsión, con las graves consecuencias demográficas y socioeconómicas que conllevaron para Aragón.

La población mudéjar de Teruel, pese a ser minoritaria, fue muy influyente por su actividad artesanal, sobre todo en el siglo XIII, poniendo de manifiesto el vigor de la clase mudéjar, que absorbió en gran parte la vida económica de la ciudad, cristalizada en dos especialidades: la construcción de ladrillo y la cerámica.

Ya el Fuero de Teruel reglamentó la calidad en la fabricación de tejas, ladrillos, ollas, cántaros, tinajas y vasos; y durante los siglos XIII y XIV la villa (ciudad desde 1347) fue un centro especializado en azulejos, placas, columnitas y escudillas, destinadas a la decoración de las torres de sus iglesias, cuyo ejemplo más destacado fue Santa María de Mediavilla, que en 1342 alcanzó la categoría de colegiata y en 1587 fue confirmada como catedral tras la creación diez años antes de la sede episcopal.

A partir de este edificio vamos a ver las características generales del arte mudéjar, un fenómeno artístico exclusivo del ámbito hispánico, con unas particularidades propias en el territorio aragonés. Este tipo de arte es reflejo y pervivencia de la cultura musulmana en la península. Era realizado por maestros moros, sin que importara su procedencia religiosa para que construyeran edificios como iglesias cristianas o sinagogas judías.

El mudéjar afectó especialmente a la arquitectura y las artes decorativas realizadas especialmente en cerámica y madera. En un segundo plano quedan la escultura y pintura, ya que el musulmán tiene prohibidas las representaciones figurativas por el Corán, aunque veremos cómo en Teruel se produce la excepción más brillante en la pintura de la techumbre de la catedral.

En cuanto a los materiales, para la construcción se abandona la piedra que es más propia de los estilos gótico y románico, y comienzan a usarse materiales más frágiles como el ladrillo, el yeso y el estuco (pasta de cal mezclada con polvo de mármol), típicos del arte hispanomusulmán.

No tenemos constancia de cuando se iniciaron las obras de la catedral pero sí sabemos cuándo se inició la torre, hecho que tuvo lugar durante la judicatura de Juan de Montón en 1257, según consta en la Relación de los Jueces de Teruel, que se halla inserta en el Libro Verde de la ciudad.

Tanto la torre de la catedral como la contemporánea de San Pedro presentan estructuras y sistemas decorativos similares: son torres-puerta, de planta cuadrada, que permiten el paso bajo una bóveda de cañón apuntado, reforzada por arcos perpiaños (así se denominan a los arcos fajones en las bóvedas apuntadas). Así las torres, además de su función religiosa de campanario y de sus posibilidades militares (la conciencia de ciudad de frontera estaba muy presente entre los turolenses), cumplen la función urbanística de agilizar el trazado viario. Este prototipo de torre-puerta perdurará en las de San Martín y El Salvador, ejemplos del siglo XIV.

En alzado, la estructura de estas torres es hueca y dividida en pisos, y del sistema decorativo destacan los arcos de medio punto entrecruzados, que tiene su origen en la puerta de la mezquita de la Aljafería. No obstante, la máxima personalidad viene dada por el revestimiento decorativo cerámico: platos o discos cóncavos, fustes de cerámica y azulejos, que distinguirán al mudéjar aragonés de otros focos mudéjares regionales.

Los alarifes aragoneses tejieron auténticos tapices de color, brillo y luz, llenando de motivos decorativos geométricos los muros de la torre produciendo una sensación de horror vacui, otorgando a la torre una apariencia de fragilidad y de evanescencia gracias al reflejo del sol en las cerámicas.

Esta torre formó parte de una primitiva iglesia románica, según se desprende de los hallazgos arqueológicos bajo la catedral. Tras su levantamiento se decidió la reforma y ampliación de la anterior iglesia en el nuevo estilo mudéjar. Esto iba a ocurrir en el paso de los siglos XIII al XIV, resultando la actual visión del interior de las naves.

La planta es basilical de tres naves, con la central a mayor altura que las laterales. Esto permite la apertura de vanos para la iluminación natural del espacio. La separación entre estas naves se hace mediante unos pilares rectangulares rematados por arcos apuntados, propios del gótico como hemos visto anteriormente.

La techumbre de madera (analizada más en profundidad en las fichas de arte) es seguramente el elemento más singular de la catedral, realizada por los maestros mudéjares siguiendo la tradición almohade, con decoración pintada siguiendo temas religiosos y profanos, y datada en el último tercio del siglo XIII, dentro de la reforma general de la iglesia.

Si bien son inciertas las fechas de construcción de las naves y la techumbre, sí conocemos con seguridad las de la cabecera, con la sustitución de los primitivos ábsides románicos por otros de estructura gótica nervada y de arcos apuntados, de los cuales se conserva únicamente el de la capilla mayor. En la documentación consta como en 1335 el moro zaragozano Juçaf de Huzmel era el encargado de retirar las cimbras y hacer el enlucido de los citados ábsides, hecho que pone de manifiesto la movilidad de la mano de obra mudéjar.

Gracias a la contabilidad de las obras conocemos los nombres de otros alarifes que participaron en su ejecución: los mozos Abderramen y Alí, y más tarde Çalema de Pina, Braymiel, Mafomat (un hermano de Juçaf), Alivello y Yuçafiel. También se tiene constancia del trabajo del pintor zaragozano Domingo Peñaflor, lo cual nos habla de la convivencia de cuadrillas de mudéjares con los cristianos.

Durante dos siglos permaneció la estructura medieval mudéjar hasta que en 1537 el cabildo decidió la sustitución del cimborrio volteado sobre trompas en el crucero, sustituyendo a otro de época medieval. Fue proyectado por el maestro Juan Lucas, más conocido como Botero, autor también de los cimborrios de las catedrales de San Salvador de Zaragoza y de Tarazona. Y fue edificado al año siguiente bajo la dirección del maestro Martín de Montalbán, para proporcionar mayor luz al nuevo retablo mayor que acababa de concluir el escultor francés Gabriel Joly.

El cimborrio es una construcción elevada sobre el crucero de una iglesia, que habitualmente tiene forma de torre de planta octogonal. En el interior, el paso del cuadrado del crucero al octógono del cimborrio se hace mediante trompas y la bóveda es estrellada, similar a la de la Seo de Zaragoza pero con un dibujo más complicado.

Al exterior presenta un prisma octogonal decorado con motivos geométricos típicos del Mudéjar, con contrafuertes y pináculos en los ángulos, y grandes ventanas ajimezadas con decoraciones platerescas renacentistas. Corona el conjunto una linterna, también octogonal rematada en chapitel.

Se acaba de decir que el cimborrio se erigió para que tuviera más iluminación el nuevo retablo del altar mayor, obra maestra del escultor renacentista francés Gabriel Joly, establecido en Aragón desde 1515. Firmó su encargo en 1532 y lo finalizó en 1536. El tema principal es el de la Asunción de la Virgen y fue realizado en madera que quedó sin policromar, cosa poco habitual en el siglo XVI, pero que acentúa la fuerza y patetismo de las figuras, asociada a la influencia de Berruguete. Fue la última gran obra de Joly, ya que morirá en Teruel en 1538, siendo enterrado en su catedral.

Otro elemento reseñable del retablo lo encontramos en el óculo de su parte central, ya que el conjunto es un retablo-custodia para la eucaristía que se reserva permanentemente en el óculo por privilegio del Papa Luna a las catedrales aragonesas.

La visión que hoy tenemos del retablo es distinta a la que se tendría en el siglo XVI, ya que ante el altar se dispuso una reja en 1486, realizada por el maestro rejero Cañamache, que más adelante (siglo XVII) sería trasladada al coro, en los pies del edificio.

Después de la confirmación como sede de la nueva diócesis turolense, la catedral fue objeto de distintas ampliaciones en el siglo XVII y XVIII. Son destacables las capillas laterales como la de Santa Emerenciana, patrona de la ciudad, u otras capillas que acogen notables retablos góticos.

Bajo el obispado de Jerónimo Zolivera (1683-1700) se hizo la ampliación más importante, con el derribo de los ábsides laterales mudéjares para construir la girola, cuya capilla central está dedicada a la Inmaculada por el obispo Pérez de Prado. A partir de la girola se disponen una serie de dependencias como la sacristía o la sala capitular.

Este obispo también decidió la ocultación de la techumbre mudéjar para construir otra bóveda más baja. La joya más importante de la catedral quedó oculta hasta que se decidió sacarla a la luz en la restauración de 1953.

En 1909 todavía se hizo una remodelación que afectó a la portada meridional de la catedral, proyectada por el arquitecto modernista Pablo Monguió, en donde los elementos decorativos reflejan una estética neomudéjar.

El mudéjar…    Patrimonio de la humanidad

Por sus genuinas características, el 28 de diciembre de 1986, la UNESCO declaró a la Patrimonio mundial a la arquitectura mudéjar de Teruel, incluyendo la Techumbre y la Torre de la Catedral de Santa María de Mediavilla, la Torre de la Iglesia de San Pedro, la Torre de la Iglesia del Salvador y la Torre de la Iglesia de San Martín.

El 14 de diciembre de 2001 se decidía la ampliación a todo el mudéjar aragonés. En su declaración, el comité lo consideraba "un bien singular e irremplazable para la humanidad".

 

 

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