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Tema 2

La primera catedral: Roda de Isábena

El marco histórico y geográfico…    Aragón, de condado a reino

Pulsa en el enlace o en la imagen para conocer cómo fueron los primeros pasos de los condados pirenaicos, de los que surge el germen para el nacimiento del reino de Aragón.

 

Con la dominación musulmana las sedes episcopales aragonesas de época visigoda quedaron vacantes. La entrada en la órbita carolingia de los territorios pirenaicos a inicios del siglo IX provoca los primeros signos de resistencia. Es entonces cuando surgen los tres condados que posteriormente conformarán Aragón: Aragón, Sobrarbe y Ribagorza. Este último territorio pertenecía al condado franco de Tolosa hasta que en 872 Ramón I lo independiza junto a Pallars.

Para confirmar esta independencia política también se crea la diócesis ribagorzana desgajada de la de Urgel en el año 888, siendo el primer obispo Arnulfo. No habrá una sede fija hasta que a principios del siglo X se establezca la sede episcopal en Roda, en el valle del Isábena. Y aún habrá que esperar hasta el año 956 para que se consagre la catedral de Roda bajo la advocación de San Vicente. El acto estaba presidido por el obispo Odesindo y sus padres, los condes ribagorzanos.

Sede de obispos aragoneses…    El monasterio de Sasabe

Por su parte en el nuevo condado de Aragón también surgirá una nueva diócesis que se establece en Sasabe en el año 922, siendo el primer obispo Ferriolo. Sin embargo esta sede se considera provisional y no será fija hasta que no se funde la ciudad de Jaca en la segunda mitad del siglo XI.

La razón para la creación de la diócesis es similar a la de Roda, pero la excusa es la de la reposición de los antiguos obispos de Huesca, que en aquellos momentos estaba bajo dominio musulmán.

Los primeros años de existencia de la diócesis y la catedral rotense fueron muy complicados, sobre todo cuando en agosto de 1006 sufren la razzia de Abd al-Malik, hijo del célebre Almanzor, contribuyendo al terror en torno al Año Mil y a las creencias de la llegada cercana del fin del mundo. En esta campaña quedan arrasados las principales villas y monasterios sobrarbeses y ribagorzanos y, por supuesto, la catedral de Roda, siendo secuestrado el obispo Aimerico, que solo pudo ser liberado mediante el pago de un importante rescate.

De la primitiva construcción apenas quedan unos pocos restos prerrománicos como dos arcos de herradura, que delatan inequívocamente su estilo anterior. Todo lo demás fue asolado por la razzia o aceifa de Abd al-Malik.

Años más tarde, y ya bajo la protección del condado del rey pamplonés Sancho III el Mayor, se iba a volver a erigir la nueva catedral, consagrada por el obispo Arnulfo hacia 1030. Iba a edificarse en el nuevo estilo europeo: el Románico lombardo, para lo cual se iba a contar con maestros venidos de la región transalpina.

Ábsides románicos de la catedral de RodaÁbsides románicos de la catedral de Roda

Para las fechas de la consagración tan solo se había empezado a levantar la cabecera, que no se completará hasta finales del siglo XI. Las formas más características del primer románico o lombardo son el triple ábside en el que se destacan lesenas y arquillos ciegos, realizados en piedra de sillarejo, sin que haya decoración escultórica.

Tras la conquista de Barbastro en 1100 se obtiene la bula papal para el traslado de la sede del obispado a la nueva ciudad incorporada. Así que a partir de entonces pasaba a denominarse obispado de Roda-Barbastro e inicialmente los obispos pasaban a residir allí.

No residieron durante mucho tiempo en la ciudad del Vero ya que un enfrentamiento con la diócesis de Huesca (ciudad recién conquistada en 1096) hará que los obispos retornen a Roda.

Este conflicto consistía en que el obispado oscense defendía que el límite oriental de su jurisdicción estaba en el río Cinca, incluyendo por tanto Barbastro. Esto motivó un costoso pleito que duró más de un siglo, y el gran perjudicado fue el obispo Ramón Guillermo (San Ramón), que fue expulsado violentamente en 1116 de su sede barbastrense por el rey Alfonso I, el obispo Esteban de Huesca y los nobles de la propia ciudad, instalándose nuevamente en la catedral de Roda.

El conflicto quedó sin solución hasta que el príncipe Ramón Berenguer conquistó la ciudad de Lérida. Así pues, el obispo Guillermo Pérez (1143-1149) sería el último obispo titular de Roda, ya que trasladó la sede a Lérida seis días después de ser reconquistada, en octubre de 1149.

El personaje…    el obispo San Ramón

San Ramón (1104-1126), llamado en vida Ramón Guillermo, era natural de Durban, en tierras narbonenses. Heredó los problemas con los límites de la diócesis de Huesca y, pese a que era partidario de solventar los litigios diocesanos por la vía del Derecho, será sin embargo objeto de violencia y brutalmente expulsado de la catedral de Barbastro, manu militari, por el obispo Esteban de Huesca.

El santo obispo, desterrado de Barbastro, aún mantuvo su jurisdicción en Roda sobre la diócesis ribagorzana. Destacó como mecenas del arte y consagró numerosas iglesias románicas como las del monasterio de Alaón, Taüll (en Lérida) y altares en Alquézar y Roda, alcanzando esta última bajo su episcopado un aspecto ya similar al actual.

Hubo a su muerte un interregno, ya que el siguiente obispo electo, Esteban, no fue siquiera consagrado, por su propia renuncia ante la crítica situación. Y pese a que el siguiente obispo, Pedro Guillermo (1130-1134), logró de Alfonso I la restitución de la sede de Barbastro en 1133, su ocupación fue efímera ya que su sucesor, el obispo Gaufrido, volvió a ser objeto de expulsión por parte del obispo Dodón de Huesca. La solución la podría haber encontrado el nuevo obispo electo de Roda, el infante don Ramiro, pero no llegó a tomar posesión de la cátedra, ya que se vio obligado a acceder al trono aragonés como Ramiro II, el monje.

Los restos de San Ramón reposaron durante varios siglos en un sarcófago esculpido en 1170, que hoy vemos en la cripta de la catedral de Roda.

Bajo el mecenazgo del obispo San Ramón se dio el impulso definitivo a las obras de la catedral rotense hasta adquirir un aspecto similar al actual. Se finalizaron las tres naves que se cubrieron con las habituales bóvedas de arista en las laterales, mientras que la nave central, más ancha y elevada se cubrió con techumbre de madera (la bóveda actual es mucho más tardía). Como elementos sustentantes se usaron los pilares de tipo cruciforme típicos del Románico.

Bajo el presbiterio y ábside correspondientes a la nave central, se realizó una cripta que aparece dividida en tres naves de tres tramos también bajo bóvedas de arista. Allí fue donde se depositó el sarcófago que sirvió de sepultura a San Ramón.

También se realizó en esta época el claustro adosado al muro norte de la catedral, como parte de las dependencias de los canónigos que pertenecían al cabildo. En torno al claustro se articulan otros espacios como el refectorio y la sala capitular, que actualmente sirve de acceso a la capilla de San Agustín, consagrada en 1107 por San Ramón para que sirviera de oratorio a los canónigos enfermos. Al poco tiempo de ser terminada, esta capilla recibió una notable decoración pictórica.

También hay restos de pinturas en la cripta norte que se realizó a comienzos del siglo XIII, aprovechando los vestigios de la primitiva catedral lombarda. Estas pinturas se analizan en la ficha de arte.

A partir de este momento comenzará la decadencia de este templo, llegando a perder la denominación de catedral. Tan solo recupera cierto esplendor con la llegada del Renacimiento, coincidiendo con la estancia como priores de Roda de dos miembros de la familia de los Borja (o Borgia), en cuya época se construyó el palacio episcopal anexo, y con el prior Pedro Agustín, que contrata para la factura del retablo mayor al escultor francés Gabriel Yolí (1533). Lamentablente esta obra desapareció quemada en la Guerra Civil.

La última modificación importante del edificio se produjo en el siglo XVIII con la realización del atrio de la entrada y de la torre, en estilo neoclásico, que sirven de portada monumental a la catedral. Además en el interior de la iglesia se edificó el coro, que prolonga la nave central.

Es en este siglo cuando se rebaja al templo de Roda a la categoría de colegiata y verá como se produce el definitivo declive de la antigua catedral. Este hecho venía a sumarse al saqueo que se produjo un siglo antes en la Guerra de Secesión Catalana o en la Guerra de Sucesión en los inicios del XVIII. Aún tenía que sufrir el templo las consecuencias de la primera guerra carlista, la desamortización de 1843 y la barbarie de la guerra civil de 1936... La puntilla se produce en 1979, cuando un famoso ladrón de obras de arte conocido como Erik el Belga saquea el museo, llevándose obras tan emblemáticas como la silla de tijera del siglo XII, recuperada parcialmente, así como distintas mitras, vestimentas, objetos litúrgicos, tablas pictóricas y esculturas que en la mayoría de los casos no han podido ser recuperadas.

 

 

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