Sombra
Tema 4

Huesca: el arte Gótico

En el proceso de conformación del territorio aragonés, el rey Pedro I conquista Huesca en 1096. Desde ese momento el obispo de Jaca compartirá la sede con la nueva capital recién incorporada. Una de sus primeras medidas reales fue la de la cesión a la mezquita aljama para su uso como catedral cristiana. La mezquita se consagró y su espacio fue reutilizado para las celebraciones cristianas durante casi doscientos años. El único resto que se conserva de aquella edificación es un arco de herradura que se supone daba entrada al alminar derribado en el siglo XV.

A la vieja mezquita-catedral se le añadió a mediados del siglo XII una pequeña iglesia románica dedicada a Santa María, de la que tan solo se ha conservado el pórtico y unos fragmentos del claustro, que hoy forman parte de las dependencias del museo diocesano.

En los últimos años del reinado de Jaime I el conquistador, coincidiendo con el inicio del obispado en Huesca de su sobrino, Jaime Sarroca, se concluye que no es decoroso el rezo en la antigua construcción islámica, así que se decide levantar un nuevo templo acorde al nuevo estilo artístico imperante en Europa: el Gótico.

La arquitectura gótica es introducida desde Francia en Aragón por la Orden del Císter y no tendrá tanta incidencia en Aragón como en otros países europeos o territorios peninsulares. Esto se debe a la pervivencia del estilo románico, profundamente arraigado, porque se acomodaba mejor a una sociedad rural frente a la burguesa de las ciudades, que se encarna en el Gótico. Pero además hay que añadir la coexistencia o el predominio de las formas mudéjares a las góticas en gran parte del reino aragonés, por el gran número de maestros de obras y alarifes mudéjares, y porque los materiales constructivos en la Depresión del Ebro se ajustan mejor al arte mudéjar, que usa principalmente el ladrillo en lugar de la piedra.

Pese a lo dicho, el Gótico aragonés encuentra un magnífico exponente en la catedral de Huesca, aunque no se acomoda a la imagen estereotipada de las catedrales francesas o de las castellanas, acercándose más a las formas del Gótico mediterráneo, más extendido en la Corona de Aragón.

El ideal gótico francés se cumple con los arcos apuntados, las bóvedas de crucería y estrelladas, y los arbotantes con sus pináculos al exterior, pero sin embargo no se cumple el aligeramiento de la fábrica de los muros y la apertura de mayores ventanas que inunden el interior con la luz simbólica producida por el reflejo de las vidrieras. En el Gótico mediterráneo, por su clima cálido, no es necesaria esta búsqueda de la luz.

La catedral de Huesca es uno de los raros edificios góticos aragoneses que no ha recibido excesivos aditamentos que alterasen su plan primitivo, y, a pesar de haber durado su construcción más de dos siglos, siguió fiel a su proyecto primitivo.

Para el inicio de las obras el rey Jaime I concedió desde 1273 durante cinco años, las primicias de las villas y lugares de realengo de la diócesis oscense. Así, en 1295, la construcción de la cabecera estaba ya terminada, compuesta por el ábside mayor y los cuatro laterales más pequeños, todos ellos poligonales por dentro y rectos por fuera, excepto el ábside de la nave central que es mayor y más alta.

A partir de 1296 se construyeron las naves laterales y las capillas entre los contrafuertes, características del Gótico mediterráneo, gracias a las aportaciones económicas de familias pudientes, a las que se concedió derecho de sepultura. Las obras cobran nuevo impulso en 1337-1338, años en que aparece en la documentación el nombre del maestro Guillermo Inglés, a quien parece deberse la portada, las bóvedas de crucería de las naves laterales y las cubiertas con techumbre de madera en nave central y transepto.

El maestro de obras…    Guillermo Inglés

Este arquitecto documentado en 1338 como Guillelmus Ingles, magister fabrice Sedes Osce pudo ser quien dirigiera las obras de la catedral de Huesca durante la primera mitad del siglo XIV. En aquella etapa se edificó la parte occidental del edificio, cuya parte más monumental es la torre y, sobre todo, la portada principal, que se sitúa bajo el obispado de don Martín López de Azlor (1300-1313), cuyas armas heráldicas, junto con las del reino de Aragón y Huesca, figuran en el dintel de la puerta.

Ninguna otra noticia segura se conoce sobre la personalidad del maestro Guillermo. Solo su posible origen inglés, cuya pista nos ofrece su apellido. Según algunos historiadores, que le atribuyen las esculturas en el tímpano de la portada principal de la seo de Huesca, Guillermo Inglés habría podido iniciar su carrera en Pamplona trabajando en alguna de las portadas del claustro de su catedral.

La torre campanario, de cuerpo inferior cuadrado y superior octogonal, se sitúa en el lado norte, a los pies del edificio. En 1302 se inicia su levantamiento en piedra sillar, siendo rematada en el siglo siguiente con un chapitel pentagonal de ladrillo, que tenía decoraciones de azulejos mudéjares y desapareció durante la Guerra Civil de 1936. No es la única zona de la catedral en la que trabajaron maestros mudéjares ya que también participaron en la fábrica del coro y, gracias al mecenazgo de Benedicto XIII, se proyectó un claustro gótico del que solo se llegó a construir una crujía, en sustitución del otro románico.

Con el fin de terminar la fábrica catedralicia, el obispo Juan de Aragón y Navarra (1483-1526), hijo ilegítimo del príncipe de Viana, benefició con los diezmos y concedió indulgencias a quienes dieran limosnas para la obra. Encargó la continuación de las obras en 1497 al maestro Juan de Olótzaga, quien había finalizado también la catedral de Pamplona.

Esta última etapa edilicia de la catedral había consistido en el recrecimiento de los muros del crucero, presbiterio, nave central y fachada; en la apertura de ventanales; en la cubierta del interior con bóvedas estrelladas; y en la construcción, en el exterior, de arbotantes y pináculos. El conjunto, incluidos los tejados, se halló acabado en abril de 1515.

Todavía se iban a encargar en los años siguientes las vidrieras policromas historiadas en ventanas y óculos, de los que solo se conservan los de los extremos del crucero, la pavimentación de los suelos con azulejos, la sacristía a espaldas del ábside mayor con el asesoramiento de Juan de Segura, y el alero y el andador de la portada, encargado entre otros a Nicolás de Urliéns.

En 1520 se contrata el retablo de alabastro del altar mayor al maestro valenciano Damián Forment con la indicación de que debía conciliar en su labra "lo romano o ytaliano" y "lo flamenco". Esto quiere decir que debía atenerse a las estructuras y armazones del Gótico, siguiendo la estructura del retablo mayor del Pilar de Zaragoza, pero introduciendo las nuevas formas del Renacimiento procedente de Italia que llegaban por entonces a los reinos peninsulares.

En el siglo XVII se efectuaron las últimas obras que afectan la fábrica catedralicia. Se transformó la zona de las sacristías, también se sustituyó el ábside lateral por la capilla del Santo Cristo de los Milagros y se hicieron obras en las capillas entre los contrafuertes, destacando la de los Lastanosa, dotada de cripta para enterramiento familiar.

Por último, destacar que aquellas capillas se decoraron con obras de los mejores pintores aragoneses del momento como Jusepe Martínez, Vicente Berdusán, José Luzán o fray Manuel Bayeu, entre otros.

 

 

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