Gran Enciclopedia Aragonesa

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Organología popular

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 22/12/2011

(Mús.) Los instrumentos de la música aragonesa, han sido y son tan variados y atractivos, como desconocidos y olvidados. Estuvieron siempre ligados a la vida y a la muerte, a la más absoluta alegría y a la más profunda tristeza. Los antiguos pobladores de Aragón sabían mucho de esto. Todos y cada uno de los instrumentos surgieron a través de los tiempos, y a través de las idas y venidas de las múltiples culturas que pusieron sus ojos en este viejo país. Citaremos exclusivamente los que sirvieron para la música popular, los que aún siguen sirviendo para expresar sentimientos colectivos.

La clasificación básica sería la siguiente: 1) De viento: gaita, dulzaina, chiflo y acordeón. 2) De cuerda: guitarro, requinto, laúd, bandurria y guitarra. 3) De percusión: chicotén, tambor, pandero, castañetas, cañas rajadas, y los domésticos.

De viento:

La Gaita: Tal vez sea el más sorprendente y desconocido de todos estos instrumentos, y eso que la figura del gaitero, aparece una y mil veces en las cantas Buscar voz..., dichos, cuentos Buscar voz... y cancioneros Buscar voz.... Debió de poseer tal auge, que aún hoy día en Aragón se siguen llamando gaiteros a los músicos que van de plaza en plaza, dando igual el tipo de instrumento que toquen. Dos son las cosas que más llaman la atención a primera vista: el fuelle o boto, pieza clave de la gaita, es una piel de cabra, sacada toda ella íntegramente por una de las patas traseras, «vestido» con tela de cretona o sarga, a modo de faldón, atribuyéndose popularmente a que se le murió el hijo a un gaitero, y éste, tomando sus ropas, se las puso a la gaita. El toque de color y alegría que esto le proporciona, hace que aumente el carácter lúdico y de «abad de los locos», que de los gaiteros se dice. El segundo aspecto a reseñar es que cada uno de los tubos sonoros, en número de tres, van «forrados» de piel de culebra, animal que posee una de las simbologías más ricas en toda la cultura popular universal. Son dos roncones y un clarín. El roncón grande o bordón va por debajo del brazo, enganchado al boto a través de un cepo que se ata fuertemente al fuelle. El roncón pequeño o bordoneta irá por la parte delantera del gaitero, paralelo al clarín, unidos ambos por una pieza de madera con dos agujeros cilíndricos donde se engarzan, realizando la función de cepo común. El clarín posee siete agujeros anteriores y uno posterior, para ir haciendo la melodía, y en su extremo distal tendrá dos o tres más, con la única función de ampliar más el sonido final. La tónica de la tonalidad del clarín, será reproducida por los dos roncones, el bordón en su octava grave, y la bordoneta en la aguda, siendo ambos perfectamente cilíndricos y llevando en su interior lengüetas simples. El clarín es cónico y por ese motivo el tipo de lengüeta será doble.

Queda por reseñar el soplador, que es un pequeño conducto, mediante el cual el gaitero llena constantemente el fuelle de aire. Este tipo de gaita en la actualidad se emplea en Sariñena Buscar voz... (H.), durante el dance Buscar voz..., tocada por Martín Blecua; anteriormente a él, lo hicieron Juan Mir Susín y Vicente Capitán. Otro tipo de modelo como es el gallego, se usa en numerosos lugares, como Sena Buscar voz..., La Almolda Buscar voz..., etcétera.

Los gaiteros no se limitaban a su pueblo o comarca, sino que eran requeridos a animar fiestas de lugares lejanos al suyo propio. Existieron gaiteros famosos como Juan el de Bestué, que tocó por todo Sobrarbe, el de Banastón, Caserras, Híjar, Albalate, Tamarite, Tarazona, etc.

La dulzaina: Pocos instrumentos poseen su fuerza sonora. Resalta ante todo la sencillez, siendo simplemente un conducto cónico de madera, con una lengüeta doble, unidos entre sí por una pieza metálica, llamada túdel. Su nombre varía según el lugar; en Aragón se llama dulzaina, apareciendo como en otros sitios bajo el nombre de chirimía. Antiguamente se le llamaba albogón, apareciendo éste en capiteles de iglesias como la de Santiago de Agüero Buscar voz... (H.) o en catedrales como Jaca Buscar voz..., en el capitel del rey David. En Cataluña se le conoce como gralla; en buena parte de Europa bombarda; en Occitania, clarí; en Hungría oboe turco.

Será en el Bajo Aragón donde la dulzaina encuentre el mejor paisaje para echar raíces. Sus orígenes árabes la encaminaron hacia esas tierras, aunque hay que hacer constar, que ya se conocían instrumentos de idénticas características hace cuatro mil años. La dulzaina posee siete agujeros ejecutores en su parte anterior y uno en la inferior, teniendo en su extremo distal, al igual que el clarín de la gaita, dos o tres agujeros más como expansores del sonido, que le dan esa fuerza y temperamento característico. Su longitud varía de 30 a 35 cm., habiendo las afinadas en fa y sol como mínimo, siendo su extensión de dos octavas.

La parte sin duda más delicada la constituye la vaina, pita o caña que debe estar vibrando constantemente dando el timbre y sonoridad necesarios. Hay fabricantes que guardan celosa y misteriosamente su secreto de fabricación y puesta a punto, prefiriendo decir que se las han mandado de fuera antes que revelar el más minimo truco de su construcción.

Se toca en el Bajo Aragón, Cinco Villas, Sierra de Albarracín, y en la misma Zaragoza, en los pasacalles de gigantes Buscar voz... y cabezudos Buscar voz.... El clarinete sustituyó a la dulzaina en muchos lugares, siendo en última instancia aquél una dulzaina notablemente evolucionada y perfeccionada, al igual que el oboe.

Cabría recordar al mítico Tío Tieso, o al incansable Noel Vallés, tocando desde dianas, hasta los «bailes de los pollos», pasando por las típicas albadas.

El chiflo: Es un tipo de flauta primitivo que no posee más que tres agujeros, dos arriba y uno abajo. Se toca con una sola mano para con la otra tañer el salterio, del que ya hablaremos; así el ritmo y la melodía los ejecuta la misma persona. La embocadura es del tipo de flauta dulce, añadiéndosele un «anillo de cuerno de vaca», para que la madera en esa parte no se deforme. Su mayor peculiaridad, es que con una sola posición de los dedos se pueden sacar hasta cuatro sonidos diferentes, dependiendo exclusivamente de la cantidad y fuerza del aire que echemos. El chiflo también está «forrado» de piel de culebra. Será el dato diferenciador por excelencia con los txistus vascos, o con las múltiples «flautas de tres agujeros» que existen en Andalucía, Castilla, Las Islas, Occitania, etc.

Se utiliza para las fiestas de Santa Orosia en Jaca y Yebra de Basa Buscar voz....

El acordeón: El modelo que se emplea en Aragón en la actualidad, es el «cromático» o tipo piano. En Sobrarbe y por las Cinco Villas se utiliza actualmente, aunque su uso por su universalidad, digamos que es incontrolable. Cabría señalar que en San Juan de Plan Buscar voz... (H.) había un señor ya mayor llamado Matías que poseía el antiguo modelo «diatónico», con el que iba recordando, no sin cierta dificultad, los bailes de su juventud en el valle, para que quedaran, además de en su cansada memoria, en la de todos.

Los cuatro instrumentos de viento aquí citados hay que enmarcarlos culturalmente con otras zonas vecinas, y con otras que no lo son tanto. Si con la gaita no nos hemos esforzado por ubicarla fuera de Aragón, es porque es de sobras conocido cuál es el instrumento nacional de Escocia, por ejemplo. Si vemos lo dicho y lo callado, por ser de conocimiento general, nos encontramos con que estos instrumentos de viento se utilizan en casi toda España, y en gran parte de Europa, eso sí, teniendo en cada localidad su estilo propio, su sentido especial, sus funciones determinadas, sus nombres diferentes, estableciéndose de esta forma las diferencias formales, pero no las más importantes que son las de fondo, es decir que estos instrumentos están en la mayoría de los lugares, ya en vigencia o en los desvanes.

La gaita, el chiflo y el salterio se emplearon para las danzas y rituales sagrados, sin que se utilizasen en estas ocasiones otros instrumentos como los de cuerda. El trasfondo mágico y ancestral que poseían estos instrumentos podemos decir que es irrecuperable en toda su dimensión. Sería bueno que al menos, las mazurcas, pericones, valses, polcas, palotiaus, albadas, etc., volvieran a llenar nuestras estancias.

De cuerda:

El guitarro: Su uso en las rondallas Buscar voz... lo ha popularizado mucho. Su característica más clara sería la de su tamaño. Al tener una caja de resonancia tan pequeña produce un sonido agudo que da una base rítmica muy peculiar. Posee cinco cuerdas, o en otros casos seis, yendo entonces la quinta y sexta emparejadas. Su afinación es como la guitarra o por cuartas ascendentes con respecto a ella. El timple canario, el cuatro venezolano o hasta el mismo charango, pertenecerían a su mismo grupo por cuestiones de forma, tamaño, sonoridad y función.

La «rondalla de guitarros» de Tauste, es una muestra interesante de lo que se puede hacer con este instrumento.

El requinto: Vale todo lo dicho para el guitarro, salvo que tiene cuatro cuerdas, y que aún es más pequeño, dando un timbre más agudo aún. Los hay que tienen la caja de resonancia redonda, sin que esto altere para nada su función y sonido.

El laúd: La antigüedad de este instrumento se remonta, habiendo constancia de ello, a 3.500 años. Posee doce cuerdas emparejadas, afinándose dos a dos, tocándose con púa.

La bandurria: Procede del laúd, y es como el requinto respecto al guitarro, un poca más pequeña que el laúd con igual número de cuerdas.

La guitarra: Se introdujo en Aragón al igual que en el resto del mundo y su uso se popularizó a la vez que en el resto de los lugares.

Estos cinco instrumentos de cuerda han formado parte de la vida de las rondallas, sobre todo de las que se dedican exclusivamente a acompañar a joteros Buscar voz..., y se pretende dar el concepto de que es la instrumentación idónea y más auténtica de la música popular aragonesa. Cabría decir que este tipo de conclusiones, pecan tanto de ignorancia como de chauvinismo. En Sádaba y Echo hay rondallas en las que se incluye el violín y el acordeón, el grupo folclórico «Alto Aragón» de Jaca, lleva un contrabajo, y a mediados del siglo XIX había rondallas en Zaragoza formadas por guitarras, requintos, bandurrias, viola, violín, fagot y flauta.

De percusión:

El salterio: «Especie de harpa con cuerdas gruesas que heridas al palo suenan roncamente...». Así lo definía un tal Larramendi en el siglo XVIII. Llamado erróneamente chicotén, es un instrumento al que se le podría llamar genéricamente «tambor de cuerdas», que es la acepción tomada en Occitania. Es el compañero inseparable del chiflo. Está pensado para ser tocado con una sola mano, llevando una correa para que el músico se lo cuelgue y pueda ser percutido con el solo uso de una mano, la otra, como ya se dijo al hablar del chiflo, iría haciendo melodías con dicha flauta. Es una caja de resonancia de madera de unos 90 cm. de longitud, que lleva en su parte anterior dos agujeros por los que sale el tuntuneo que se produce en su interior, pudiendo haber alrededor de ellos dibujos simbólicos. Es recorrido a lo largo por seis cuerdas gruesas de «tripa de cerdo», afinándose con respecto a la tonalidad del chiflo. Los había con una cejilla movible, a fin de poder ser tocado, con chiflos de diferentes tonalidades. La 1.ª, 3.ª, 4.ª y 6.ª irán en la tónica de la tonalidad de la flauta, y la 2.ª y 4.ª en la dominante. Las cuerdas quedan dos o tres cm. por encima de la caja, y antes de llegar éstas a la parte del clavijero, pasan por unas uñas de metal, que por un lado aumentan el volumen del sonido y por otro producen esas vibraciones metálicas tan características. En los laterales la caja de resonancia lleva cuatro curvaduras simétricas. Su uso se concreta en la actualidad a Yebra de Basa y Jaca. Debió de existir en otros lugares del Pirineo y en sus estribaciones, conociéndose algún ejemplar en Biota Buscar voz.... En el Béarn (Occitania, Francia) es el instrumento, juntamente con la «flauta de los tres agujeros», que más se ha popularizado; la vecindad da a este dato un importante valor.

El tambor: Su construcción y desarrollo se da sobre todo en el Bajo Aragón. Los hay de enorme tamaño, que se llaman «bombos». Los hay de diversas formas, tamaños y materiales, desde los que tienen los «parches de piel de cabrito» con unos «tensores» y un «aro» de madera, hasta los del más brillante aluminio. Desde la caja viva o redoblante hasta esos enormes bombos de hasta metro y medio de diámetro, todos cumplen la función del ritmo, en unos casos trágico, alegre en otros, pero siempre sobrecogedor.

La dulzaina se deja llevar de la mano de la caja viva, haciendo juntas el que se pueda o bien bailar, o bien escuchar emocionadamente esos «melismas» tan de la música popular, esos redobles y repiques entre los que se cuela la dulzaina, tienen en José Alejos de Alcañiz llamado «El Pepinero», su más fiel maestro.

El pandero: Es un tambor más rústico, emparentado con la vieja pandereta que ya aparecía en los vasos griegos, pero sin «sonajas». Los hay de diversos tamaños, y se tocan generalmente con «baquetas». La diferencia con el tambor estriba, en que sólo hay parche en la parte superior, estando la inferior al aire.

Las castañetas: Son de sobra conocidas en su versión comercial, pero bastante ignoradas en cuanto a saber que las hay de muy diversos tamaños en Aragón. Desde la que sobresale de la palma de la mano, hasta la que se esconde debajo del dedo gordo, estas últimas llamadas pitos o pulgaretas, aparecen nombradas en muchos libros, están hechas de madera de boj y poseen algunas de ellas dibujos de clara simbología primitiva. Son básicamente dos piezas de madera, con un hueco en las partes que se tocan para hacer una pequeña, pero efectiva, caja de resonancia. Antonio de Casa Anita en San Juan de Plan las hace a la perfección, dándoles ese soberbio toque de la artesanía popular. Sólo él sabe de la dificultad para encontrar boj del tamaño necesario para hacer las castañetas grandes de una sola pieza.

Cañas rajadas: Lo mejor de este instrumento es la sencillez de su construcción. Cójase una caña que posea unos cuatro o cinco nudos de longitud, dejemos un tramo libre, hagamos una incisión de casi media caña en el siguiente, y desde el extremo distal cortemos la caña por la mitad, hasta donde se acaba la incisión. Se coge por el tramo libre de rajas, y se golpea contra la otra mano, el ruido producido por esas dos medias cañas entre sí dependerá ya sólo de nuestra imaginación y práctica. En Ainzón Buscar voz... (Z.) hay quien se encarga de hacerlas.

Los domésticos: La música empezó con el simple chocar de las manos entre sí. Luego se vio que chocando las armas, golpeando utensilios de uso cotidiano y combinándolos entre sí se llegaba a conseguir matices diversos. Por esta razón los utensilios de uso doméstico y cotidiano cobran en Aragón, como en todos los sitios, el papel de instrumentos musicales espontáneos y manejables por todos. Desde la más humilde sartén, hasta la más hermosa de las cucharas labradas en madera de boj, pasando por la típica botella de anís, ollas, morteros, vasos... Todo sirve, y todo es, a priori, utilizable. Con dos cucharas se pueden conseguir repiques y redobles increíbles, y si juntamos todo lo dicho, si no unas armonías muy aceptables, sí, al menos, una expresión colectiva perfectamente válida, siendo ésta una de las más hermosas funciones de la música. Hay bailes en Sobrarbe como el Trespuntiau o el Tinte-melé, que no llevan más acompañamiento que lo aquí dicho.

Existen los llamados juguetes musicales, hechos por los niños y niñas, ricos en imaginación y expresividad, pero de ello hay una importante reseña en juegos populares Buscar voz....

El violín lo citaremos fuera de la clasificación general, debido a que su incidencia en la música popular aragonesa, ha sido hasta estos momentos mínima y reducida a muy contados lugares.

Bibliog.:
Roma Riu, Josefina: Aragón y el Carnaval; Guara Editorial, Zaragoza, 1980.
Violant y Simorra, Ramón: El Pirineo español; Plus Ultra, Barcelona, 1949.
Cervelló, Jordi: «Los instrumentos musicales, su historia y su arte»; artículos aparecidos en la revista Jano.
Solsona Motrel, Fernando: La jota cantada; Delegación de cultura del Excmo. Ayuntamiento, Zaragoza, 1978.
Tricoli-Traco: artículos publicados en la sección de artes populares de Andalán durante 1981.
Apraiz, Ángel: «Instrumentos de música vasca en el Alto Aragón»; Revista internacional de Estudios Vascos, 1922.
Gaiteros de Aragón, revista de la Asociación de Gaiteros de Aragón Buscar voz..., organización que trabaja para recuperar y divulgar todos los instrumentos reseñados.

 

Imágenes de la voz

Salterio...Salterio

Castañuelas de Benasque...Castañuelas de Benasque

Noel Vallés y el Pepinero...Noel Vallés y el Pepinero (dulzain...

Gaiteros de Graus...Gaiteros de Graus

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