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Mudéjares

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 04/08/2009

(Hist. Med.) Musulmanes que vivieron en convivencia con los cristianos, tras la reconquista por éstos del territorio peninsular. La palabra «mudéjar» deriva del vocablo árabe mudayyan, equivalente a «vasallo» o «sometido»; acepción etimológica extraña a la documentación medieval, pero que tomó carta de naturaleza a partir del siglo XIX.

Durante la dominación musulmana las tierras del actual Aragón estuvieron pobladas por gentes de razas diversas, con predominio del elemento indígena, debido a la escasa inmigración de árabes Buscar voz... y de bereberes Buscar voz... y a las apostasías o islamización de los antiguos hispanovisigodos.

Al efectuarse por los cristianos la reconquista Buscar voz... del territorio, los pactos establecidos entre las autoridades de ambos bandos garantizaban la permanencia de los moros en sus viviendas durante un año. Pasado el plazo, deberían trasladarse a los barrios extramuros. Se les permitió conservar sus bienes muebles y se respetaba su religión, costumbres y derecho privativo. En el valle del Ebro parece ser que algunos grandes propietarios, los personajes de la corte taifal, los alfaquíes y letrados emigraron al reino de Valencia. Alfonso I Buscar voz... el Batallador, para evitar un éxodo masivo de gentes musulmanas, extremó posteriormente las medidas, prohibiendo marcharan sin solicitar su autorización.

En el ámbito rural, la masa campesina persistió en sus solares cultivando las tierras. Únicamente variarían los cuadros administrativos y jurisdiccionales, en un proceso cuyas fases no se aprecian con claridad hasta finales del siglo XII o principios de la siguiente centuria. Las tierras yermas y las abandonadas por sus antiguos propietarios musulmanes se repartieron a vecinos cristianos para su colonización. Algunas otras fueron entregadas de inmediato a los señores colaboradores del Batallador. Al estar la tierra en gran parte cultivada por sarracenos en régimen de aparcería, su condición económica varió muy poco, ya que únicamente se había producido un cambio de dueño. Estos aparceros o «exáricos Buscar voz...» entraron paulatinamente en vasallaje de los grandes señores, monasterios y órdenes militares Buscar voz....

Los sarracenos afectados por las capitulaciones son los conocidos como «moros de paz» para distinguirlos de los moros cautivos a que hacen referencia algunos de los primeros fueros aragoneses. Unos y otros tenderían pronto a confundirse, pues los descendientes de los prisioneros de guerra serían destinados por sus amos al cultivo de la tierra y su status jurídico y social se equipararía al de los vasallos y siervos de señorío.

Al dedicarse prioritariamente al cultivo de la tierra, la densidad de la población mudéjar era mucho mayor en el valle del Ebro y en sus afluentes de la margen derecha, que en la zona norte de economía pastoril. La comunidad de Naval y la de Lierta eran los puntos extremos en el Prepirineo. Encontramos sarracenos en la ciudad de Huesca y en el bajo Cinca (principalmente en Albalate y Fraga). En la zona del Queiles y del Huecha, se hallaban en Tarazona y su comarca y en particular en Borja. La fuerza numérica de los mudéjares fue intensa a lo largo del valle del Ebro, siguiendo el curso del río: así en Pedrola, Fuentes de Ebro, Pina, Gelsa, Alborge, Sástago, Escatrón y Caspe. Mención destacada merecen también los valles del Jalón y Jiloca, donde muchas localidades contaban con población mayoritariamente mora. En Calatayud la población sarracena era mínima no así en la localidad vecina de Terrer. En la cuenca del Jiloca la morería de Daroca aparece citada en los documentos y en las proximidades de la zona las de Burbáguena y Villafeliche, esta última famosa por sus alfares. Otro de los afluentes del Ebro donde se aprecia la concentración de la población mudéjar es el Huerva: así en Cuarte, Cadrete, María, en Muel (localidad famosa por su cerámica) y en Mezalocha. En la cuenca del Aguas Vivas se hallaban en Huesa del Común y más abajo en Lagata, Letux, Belchite y Codo. Híjar y Samper de Calanda constituían los núcleos con población sarracena más destacada en la vega del río Martín. En cuanto a Calanda, en el Guadalope, la tradición mudéjar se manifiesta en la conservación de cerámica popular. Finalmente, en las tierras meridionales de Aragón cabe consignar la morería de la ciudad de Teruel y en la comunidad de Albarracín la localidad de Gea.

Hasta bien entrado el siglo XV no poseemos datos concretos para evaluar la población mudéjar; tan sólo noticias fragmentarias de índole fiscal. Según el censo que emanó de las Cortes de Tarazona de 1495, el total de los hogares o «fuegos» existentes en Aragón ascendía a 51.540, de los cuales correspondían a los mudéjares 5.674. Un cálculo estimativo nos daría un total aproximado de 25.000 sarracenos. No obstante, a fines de la Edad Media estas comunidades constituían en los centros urbanos pequeñas minorías. Los sucesivos brotes de la peste Buscar voz... negra a lo largo del siglo XIV y la opresión fiscal que sufrían las aljamas dejaron sentir sus efectos. Según el citado censo de 1495, en Zaragoza suponían tan sólo un 3 % de la población, muy poco por encima de Calatayud y Barbastro; en Tarazona eran el 4,6 %; en Teruel, el 10 %; y en Daroca, el 10,5 %. Un caso notorio lo constituía Borja, con un 25 % de población mudéjar.

Las comunidades de moros que radicaban en las ciudades se constituían en aljamas Buscar voz.... En sus orígenes una de las más importantes fue la de Zaragoza. Tras la reconquista de la ciudad y en virtud de las capitulaciones, los musulmanes pasaron a vivir en la zona extramuros, al suroeste, en la llamada Morería cerrada (por estar aislada por un muro de rejolas o de adobes), comunicándose con el resto de la ciudad por la puerta de la Meca (en la plaza de Tréberes) y por otra que salía al Coso. La calle más importante del barrio moro zaragozano era la del Azoque, entre la plaza de la Alfóndiga y la Mezquita Mayor, que se alzaba en la que hoy se denomina plaza de Salamero. La Alfóndiga Buscar voz... estaba situada a lado de la Carnicería, donde se mataban las reses según el rito musulmán. Seguía el Zoco o mercado, y la alcaicería, mercado cubierto para la venta de los artículos más valiosos. En cuanto al cementerio, estuvo emplazado en un principio en el solar que luego ocupó el convento del Carmen, y posteriormente fue trasladado a un lugar próximo a la Puerta del Portillo.

En Huesca sabemos que la Morería estaba situada al sur del casco urbano, al otro lado de la puerta de la muralla llamada la Alquibla; al igual que en Zaragoza, quedó encerrada dentro del muro de tierra. Su emplazamiento correspondía al actual barrio de San Lorenzo. Un caso de excepción entre las ciudades aragonesas lo constituía Teruel, donde el barrio musulmán se hallaba dentro del casco urbano, en la que actualmente es llamada plaza del Seminario, donde se alzan las espléndidas torres de San Martín.

En los núcleos rurales, con una persistencia casi total de los cultivadores musulmanes tras la reconquista, fue introduciéndose, como dijimos, el régimen señorial. Junto a la nobleza laica encontramos como posesores de la tierra a las órdenes militares y a las monásticas. A todo ello debemos sumar el incremento de las posesiones de los cabildos catedralicios, el de las parroquias de las importantes ciudades, etc. A fines de la Edad Media, si nos atenemos al censo de 1495, la mayor parte de los mudéjares vivían en tierras de señorío, pues tan sólo un 16 % de las tierras era de realengo.

Aun cuando todos los sarracenos tenían al rey como señor natural, en el medio rural la acción directa de la jurisdicción señorial era la que marcaba sus vidas. No obstante, el status jurídico de los mudéjares de solariego ofrece variantes cuyas lindes a menudo son difíciles de precisar. Tal es el caso de los denominados «exáricos». La denominación jurídica más frecuente era la de «vasallos», aplicada indiscriminadamente a cristianos y sarracenos. A la tributación que debían pagar los moros en concepto de vasallaje se unían los impuestos por el usufructo de la tierra, pagaderos en especie o en metálico. Los más extendidos eran los proporcionales a la cosecha, tales como el cuarto, el quinto, el seseno. Las fincas de regadío eran las que más tributaban; las de monte, por el contrario, acostumbraban a pagar el octavo o el noveno. Otros tributos eran la sisa, sobre las reses degolladas; la acadaqua, sobre el ganado menudo; el herbaje, sobre pastos y leñas; las espaldas, por cada carnero, etc. Entre las prestaciones personales se contaba, además, la azofra Buscar voz.... Junto a esto debemos añadir impuestos tales como el moravedí, común a todos los habitantes del reino. Por tanto, la fiscalidad regia por una parte y las exacciones señoriales por otra imposibilitaba a estas comunidades enjugar su déficit, viéndose obligados a vender censales Buscar voz.... Los más privilegiados entre los vasallos moros eran aquellos que disfrutaban de la condición de enfiteutas, pagando al señor un censo anual más o menos módico. Caso extremo lo constituían aquellos sarracenos a los que las ataduras a la tierra y los fuertes gravámenes y servicios personales les conferían una condición servil innegable. Aun así, como norma más o menos general puede apreciarse, al menos en los señoríos eclesiásticos, que el trato deparado a los sarracenos era más favorable que el dispensado a algunos vasallos cristianos que vivían en los señoríos laicos. No olvidemos que tanto en tierras de realengo como en las señoriales los sarracenos se hallaban bajo la protección de los monarcas, hecho que pudo frenar en parte los excesivos abusos.

Los mudéjares aragoneses mantuvieron sus costumbres y sus prácticas religiosas ancestrales. Sus mezquitas, a partir de la reconquista de los núcleos urbanos, radicaron en el barrio moro, por transformarse las anteriores en iglesias cristianas. En los núcleos rurales dispusieron también de lugares de culto con heredades anejas para su mantenimiento. El viernes siguió siendo para ellos el día sagrado, así como las fiestas religiosas tenían como eje el Ramadán, período de ayuno, después del cual se celebraban diversos festejos. Persistió también la prohibición de comer carne de cerdo o de algún animal que no hubiera sido desangrado según un determinado ritual; de ahí la existencia de carnicerías propias. La prohibición coránica de beber vino pudo quizá encontrar más dificultades, por la práctica frecuente de la viticultura entre los mudéjares aragoneses. De acuerdo con el Corán, era aceptada la poligamia y se regulaban las causas del divorcio y el reparto y custodia de los hijos.

Respecto a los nombres de los sarracenos aragoneses, algunos eran de procedencia hispano-goda, tal como Lope o Lupo. Los más frecuentes entre los de origen musulmán eran Mahomat, Alí, Abraym, y entre las mujeres Marién o Mari. El apellido, al igual que entre los cristianos, era de origen toponímico o respondía a alguna cualidad personal u oficio. Pronto olvidaron el árabe, utilizando la aljamía, es decir tan sólo algunas voces árabes entremezcladas con la lengua del país. Lo que sí resulta indudable es la huella que el legado musulmán dejó en la topografía urbana: trazado sinuoso de las calles, abundancia de adarves y estructura de las casas con muy pocos huecos de luz hacia el exterior, con ventanas muy altas y rejas para proteger la intimidad.

Es destacable la contribución de los mudéjares a la vida económica del reino. Los cristianos heredaron los riegos tradicionales de los musulmanes, al igual que éstos los recibieron como legado de Roma perfeccionando y ampliando las técnicas. El sistema de reparto de riegos, el procedimiento que seguir en los litigios, la propia terminología (adulas, ador, alfarda, etc.) fueron herencia musulmana. Por otra parte, el campesinado mudéjar mantuvo en muchos pueblos la economía agraria merced a sus técnicas y experiencia.

Pero, además de los que se dedicaban al cultivo de la tierra, los encontramos ejerciendo diversos oficios; albañiles o «maestros de obras», carpinteros, tintoreros, herreros, trajineros, «arraeces» o barqueros en el Ebro, borceguineros y en destacado número los alfareros. La cantarería manual coincide con población casi absolutamente mudéjar o morisca, tradición que en algunos casos se ha conservado hasta nuestros días. No olvidemos, además, el denominado arte mudéjar Buscar voz..., aun cuando no sea un arte elaborado exclusivamente por musulmanes.

En los cuatro siglos de convivencia la población mudéjar no creó problemas a la mayoritaria población cristiana. En las ciudades se procuraba no molestaran con sus cultos y fiestas. En los términos rurales, en las aldeas de población mixta, no se aprecia discriminación en los diversos aspectos de la vida cotidiana. Los moros podían someter sus causas al fallo de los tribunales cristianos: en tal caso se juzgaba según la ley musulmana. Los delitos leves contra los cristianos o por el incumplimiento en el pago de rentas eran juzgados en el tribunal del señor, fallando el justicia del lugar. Los hechos delictivos de carácter grave pasaban al tribunal del rey y más comúnmente al del Justicia de Aragón.

Los monarcas aragoneses velaron por la población sarracena, dictando leyes encaminadas a su seguridad. Otras disposiciones, a la inversa, tendían a evitar la contaminación religiosa de los cristianos. Se promulgaron, por ejemplo, penas taxativas contra los moros que no llevaran el cabello cortado según las normas preceptuadas. Se prohibió a cualquier cristiano o cristiana entrar en casa de un sarraceno en calidad de nuncio, fámulo o nodriza. Pero éstas y otras mermas no enturbiaron el grado de tolerancia y de fácil convivencia entre las gentes de las dos religiones. El divorcio de mentalidades y todos los problemas que conllevaba comenzó a raíz de la forzada conversión al cristianismo de la población mudéjar, a partir de que en noviembre de 1525, a tenor con la política seguida en toda España, se publicó en Aragón un edicto por el que todos los moros existentes en el reino deberían ser bautizados bajo la amenaza de expulsión. Los nuevos cristianos o moriscos Buscar voz... se encontraron desde este momento en un medio totalmente hostil.

• Bibliog.:
Lacarra, J. M.ª: Aragón en el pasado; Col. Austral, Madrid, 1972.
Id.: «Introducción al estudio de los mudéjares aragoneses»; Aragón en la Edad Media, II, Estudios de economía y sociedad, Zaragoza, 1979, pp. 7-22.
Macho y Ortega, F.: «Condición social de los mudéjares aragoneses (siglo XV)»; Memorias de la Fac. de Filosofía y Letras, Zaragoza, 1923, t. I, pp. 137-319.
Ledesma Rubio, M. L.: «La población mudéjar en la vega del Jalón»; Miscelánea ofrecida al Ilmo. Señor D. José María Lacarra y de Miguel, Zaragoza, 1968, pp. 335-351.
Id.: Los mudéjares en Aragón; Alcorces, n.° 3, Zaragoza, 1979.
Id.: «Notas sobre los mudéjares del valle del Huerva»; Aragón en la Edad Media, III, Estudios de economía y sociedad, Zaragoza, 1980, pp. 5-22.

 

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