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Juan II

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 16/10/2006

(Medina del Campo, Valladolid, 1398 - Barcelona, 19-I-1479). Rey de Aragón desde 1458. Segundo hijo varón de Fernando I de Antequera Buscar voz... y de su esposa Leonor de Alburquerque Buscar voz.... Casó en 1420 con Blanca de Navarra Buscar voz..., hija y heredera de Carlos III el Noble. De esta unión nacieron Carlos Buscar voz..., príncipe de Viana, Blanca (1424) y Leonor (1426). (Blanca contrajo matrimonio con Enrique IV de Castilla en 1440, disolviéndose el vínculo doce años después. Leonor desposó en 1434 a Gastón de Foix.) Habiendo enviudado en 1441, Juan tomó nueva esposa a la edad de cuarenta y nueve años: la joven Juana Enríquez, de veintidós, hija del almirante don Fadrique de Castilla. Fruto de esta segunda boda fueron Fernando Buscar voz... («El Católico»), las infantas Leonor y María (muertas pronto) y Juana de Aragón, que casaría con Ferrante I de Sicilia en 1476. De su último enlace el rey enviudaría en 1468.

Tuvo, además, algunos hijos naturales: Alfonso de Aragón, conde de Ribagorza, habido de Leonor de Escobar. Juan de Aragón Buscar voz..., arzobispo de Zaragoza, consecuencia de la relación con una castellana de apellido Avellaneda. De una dama navarra de la familia de los Ansas nacieron Fernando y María, muertos en la infancia, y Leonor de Aragón Buscar voz....

A pesar de reinar en Navarra y en Aragón, Juan de Trastámara fue siempre un castellano, vinculado a Castilla no sólo por su estirpe sino también por sus intereses materiales y sus inclinaciones personales. Ésta es una constante en su trayectoria vital, que no hay que orillar al enjuiciar su acción política. Su padre, Fernando de Antequera, antes de acceder al trono aragonés había sido un magnate castellano, cuyas posesiones formaban una franja continua, desde Aragón a Portugal, que dividía en dos partes el reino de Castilla. Y fue en la principesca corte de Medina del Campo donde se educó Juan, que en 1414 sería dotado por su padre con el ducado de Peñafiel, lo que suponía un extenso patrimonio y entrañaba la jefatura de la rama menor de los Trastámara, mando que Juan ejercerá durante años. Además el testamento paterno si bien no olvidaba a los infantes Enrique, Sancho y Pedro, hacía recaer en Juan el grueso de la herencia castellana que a la postre perdería a resultas de la acción de 1429-1430.

Desde 1419, tanto él como sus hermanos Enrique y Pedro intervinieron activamente en los asuntos internos castellanos, primero a favor de don Álvaro de Luna, y desde 1425 en contra del valido. De acuerdo con Alfonso V y con Enrique, duque de Villena, invadió Castilla en 1429; sólo la intervención de María de Aragón impidió el definitivo enfrentamiento del ejército navarro-aragonés con el castellano; esta intervención y el fracaso de la empresa aconsejó la firma de treguas generales en 1430. Fue pues, sobre todo, un magnate castellano, y sus intereses personales hacia Castilla influyeron no poco en la trayectoria política aragonesa.

Su promoción a rey consorte de Navarra en 1425 convirtió también a este reino en plataforma de socorro para las actividades castellanas de los infantes de Aragón Buscar voz.... De este modo tanto el reino navarro como el aragonés, sin obtener de ello beneficio alguno, hubieron de sufrir las dolorosas consecuencias de una política exterior con Castilla puesta al servicio de los intereses familiares de una dinastía.

A la muerte de la reina Blanca en 1441 se planteó el problema sucesorio, que originó una guerra civil en Navarra. Su primogénito Carlos Buscar voz..., príncipe de Viana, había sido reconocido heredero tanto por las Cortes convocadas a poco de su nacimiento como por el testamento de su madre, pero en éste la reina le rogaba que no se titulara rey sin la autorización paterna. Juan nombró a Carlos lugarteniente real en Navarra; sin embargo, se siguieron una serie de conflictos que hicieron que el reino se escindiera en dos bandos: agramonteses, partidarios de Juan, y beaumonteses, adictos al Príncipe. Hubo concordias y fases de lucha que se prolongaron más allá del óbito de Carlos ocurrido en 1461, muerte al parecer natural, pero de la que durante largo tiempo se hizo responsable a Juana Enríquez, a pesar de que nunca se encontraron pruebas fehacientes contra ella.

En Aragón hubo una facción favorable al de Viana y partidaria de tomar las armas en su favor de modo similar a los catalanes. Este bando -que estaba encabezado por Ximeno de Urrea, vizconde de Biota, y Juan de Híjar, y contaba con el apoyo de los Castro y los Bolea- propugnaba que el Príncipe fuese nombrado heredero y gobernador general de Aragón.

Juan de Trastámara colaboró con su hermano Alfonso «El Magnánimo» Buscar voz... en la conquista de Nápoles, embarcando con éste en 1432 hacia Italia. Intervino en el sitio de Gaeta y fue hecho prisionero en la batalla de Ponza (4-VIII-1435), cuatro meses más tarde fue puesto en libertad y enviado a la Península para reunir el dinero del rescate del monarca.

Desde 1436 ocupó la lugartenencia real en Aragón, Valencia y Mallorca, quedando la de Cataluña en manos de la reina doña María Buscar voz.... Ese mismo año presidió las Cortes de Alcañiz, prorrogadas para los aragoneses tras la disolución de las generales de Monzón. En calidad de lugarteniente convocó nuevas Cortes en Zaragoza en 1439, al verse el reino amenazado, especialmente en la frontera catalana, por un ejército francés. Las circunstancias generales del reino y la prolongada ausencia de Alfonso V, que seguía en Italia, aconsejaron a Juan reunir nuevamente a los aragoneses en Alcañiz (1441); este parlamento se continuó en Zaragoza hasta el año siguiente. En 1446 convocó nuevas Cortes en Zaragoza, que se prolongarían hasta 1450 en medio de la apatía de los convocados, del descontento general por la actuación real y del creciente temor ante las amenazas exteriores. La última reunión parlamentaria que presidió como lugarteniente comenzó en Zaragoza en 1451, dilatándose con intervalos hasta 1454.

En 1458 moría Alfonso V, legando al infante Juan, ya rey de Navarra, sus reinos peninsulares. Al acceder al trono aragonés, Juan II acababa de cumplir sesenta y un años y estaba casi ciego. El 25 de junio de dicho año juró en Zaragoza los Fueros del reino en poder del Justicia de Aragón. Sin embargo, para el nuevo monarca los reinos aragoneses significarán poco, siendo Castilla y Navarra su principal interés. La política de acercamiento a Francia que siguió (tratado de Valencia con Carlos VII, 1457; tratado de Olite con Luis XI, 1462) le enajenó las simpatías de los aragoneses, tradicionalmente antifranceses.

El autoritarismo de Juan II y sus particulares intereses harán que a partir de su llegada al trono sólo convoque a Cortes a los aragoneses cuando le obliguen necesidades muy concretas. En las primeras del reinado, iniciadas en Fraga en 1460, renovó el juramento de guardar y defender los Fueros, prestado en La Seo en 1458, y a su vez fue jurado como rey por los allí reunidos. Seguidamente marchó a Cataluña dejando que la asamblea desarrollara las sesiones en su ausencia. Estas Cortes continuaron en Zaragoza, finalizando en Calatayud en 1461. En las de 1463 vio con satisfacción cómo era jurado heredero el príncipe Fernando.

La revuelta catalana le obligó a reunir de nuevo a los aragoneses en 1466-1468 (Zaragoza- Alcañiz), con el fin de allegar tropas y recursos, y nuevamente en 1469-1470 en Zaragoza (prórroga de las generales de Monzón). Acabada la contienda catalana, aún convocaría a los representantes del reino de Aragón, en Zaragoza, en cuatro ocasiones más: 1474, 1475, 1476 y 1478, asambleas que tuvieron como característica común las largas interrupciones y el desorden.

El origen de las dificultades planteadas por Cataluña estribaba fundamentalmente en un deseo de emancipación respecto de Aragón. La chispa que inflamó el alzamiento catalán fue la negativa de Juan II (6-II-1461) a libertar al Príncipe de Viana, al que mantenía preso desde hacía dos meses. Obligado por las circunstancias, veinte días más tarde lo puso en libertad y Carlos marchó a Barcelona, donde fue entusiásticamente recibido. Esta primera fase de enfrentamiento terminó con la concordia de Villafranca del Panadés (21-VI-1461) y supuso un triunfo para los catalanes. Al cabo de tres meses moría el Príncipe, habiendo visto declinar su popularidad a consecuencia de sus diferencias con la Generalitat.

Pero la citada concordia sólo supuso una tregua. Desde principios de 1462 los payeses de remensa levantaron bandera de rebelión en demanda de que fueran abolidos los malos usos. Ciertamente que el alzamiento remensa fue sólo un pretexto; el desacuerdo profundo estaba entre la Generalitat y la Corona. Durante diez años, hasta la Capitulación de Pedralbes de 16-X-1472, Cataluña luchó contra Juan II en defensa de sus anhelos secesionistas, finalmente fracasados. Una buena parte del gasto originado por esta revolución fue costeado por el reino aragonés, y repercutió de modo grave en su depauperada economía.

Juan II murió a la edad de ochenta años y fue enterrado en Poblet. Le sucedió en los reinos de la Corona de Aragón su hijo Fernando I «el Católico» Buscar voz..., y en Navarra su hija Leonor, condesa de Foix.

Este monarca ha sido objeto de juicios encontrados, que van del panegírico más exaltado a la condena más feroz. No cabe duda de que poseyó destacadas cualidades como político y diplomático. Hizo de Aragón una escuela de guerra y diplomacia, en la que adiestró a su sucesor el príncipe Fernando. En el aspecto cultural, esta etapa fue, con gran diferencia, menos brillante que la protagonizada por su predecesor Alfonso V. El balance del reinado tiene poco de positivo para Aragón, que actuó como mediador entre el rey y Carlos de Viana; aunque a regañadientes, Aragón respondió siempre que fue requerido a las demandas de dinero presentadas por el monarca, y se mantuvo invariablemente al lado del trono en las distintas coyunturas bélicas que se desarrollaron en esta etapa.

• Bibliog.: Calmette, J.: Luis XI, Jean II et la Révolution Catalane; París-Toulouse, 1903. Canellas López, A.: El reino de Aragón en el siglo XV (1410-1479); t. XV de la Historia de España dirigida por Ramón Menéndez Pidal, Espasa-Calpe, Madrid, 1964. Coll Juliá, N.: Doña Juana Enríquez, lugarteniente real en Cataluña. 1461-1468; C.S.I.C., Madrid, 1953, 2 vols. Lacarra, J. M.ª: Historia Política del reino de Navarra; Aranzadi, Pamplona, 1972, vol. III. Vicéns Vives, J.: Fernando el Católico, Príncipe de Aragón, rey de Sicilia (1458- 1478); C.S.I.C., Madrid, 1952. Id.: Juan II de Aragón (1398-1479). Monarquía y revolución en la España del siglo XV; Teide, Barcelona, 1953.

 

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