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Garcés, fray Francisco Hermenegildo

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Morata de Jalón, Z., 1738 - Vicuñer, México, 1781). Ingresó en el convento franciscano de Alpartir a los dieciséis años. En 1763 pidió permiso para pasar a América formándose como misionero durante tres años en el colegio de la Santa Cruz de Querétaro, en la ciudad de México. La expulsión de los jesuitas de América en 1767 obligó a la orden franciscana a ocupar las misiones abandonadas. Fue enviado a la Pimería Alta, concretamente a la misión de San Javier del Bac en la frontera de la actual Sonora, siendo los territorios situados al norte de la misión totalmente desconocidos.

La infraestructura de las hazañas exploradoras de fray Francisco Garcés desde 1768 a 1781 (fecha de su muerte a manos de los indios yumas en la misión de San Pedro y San Pablo de Vicuñer por él fundada), hay que situarla dentro del marco general de lo que se ha llamado última expansión española en América (último tercio del siglo XVIII), actividad que parte de la inquietud política que generó en el virreinato de Nueva España las noticias de la presencia rusa al norte del Pacífico, y organizada para contrarrestar tal presencia mediante fundaciones en la costa del Pacífico lo más al norte posible de la influencia militar y colonial real del virreinato.

Fray Junípero Serra se encargó de la actividad misional, realizando fundaciones en la costa de la Alta California (la actual California norteamericana), mientras que fray Francisco Garcés se encargó simultáneamente de abrir el camino por tierra, partiendo desde su misión, y dirigió sus pesquisas hasta la actual ciudad de San Francisco, siendo el primer europeo en llegar allí.

Sus exploraciones en solitario hacia California, y luego hacia Nuevo México, le hacen merecedor de un puesto destacado en la historia de la última expansión española en América, papel extremadamente más difícil que el llevado a cabo por fray Junípero Serra si se valora objetiva y adecuadamente la absoluta falta de medios con los que contó el misionero aragonés, en contraste con la ayuda en barcos, equipamiento, tropa y colonos disfrutados por el mallorquín Serra. Fray Junípero iba por mar, limitándose a fundar en los lugares de la costa que le parecían idóneos, pero fray Francisco abrió, tras padecimientos verdaderamente escalofriantes, caminos a través del desierto considerados hasta entonces inviables.

Dentro de una historia de los trabajos de exploración para unir Sonora a California, corresponde al jesuita Eusebio Kino la realización de la primera fase, al abrir, durante la primera década del s. XVIII, una ruta sonorense atravesando la Papaguería y culminada con su llegada hasta la desembocadura del río Colorado. La segunda fase de tal recorrido corresponde a la exploración de fray Francisco Garcés en 1771, que le llevó a descubrir un camino practicable, es decir, con aguajes suficientes, desde la desembocadura del Colorado hasta los pies de los montes de San Jacinto y paso de San Felipe: la puerta natural de entrada a California. Para conseguirlo atravesó por dos lugares distintos el desierto del Colorado y también, por primera vez para un europeo, y recorriendo dos rumbos diferentes, el desierto de Yuma. Esta acción de fray Francisco permitió hacer realidad la tercera fase: don Juan Bautista de Anza, al mando de una expedición integrada por soldados y colonos y guiados por el propio Garcés, culminó el trayecto entre Sonora y California buscado durante setenta años. La expedición de Anza salió a la costa del Pacífico a la altura de la misión de San Gabriel que acababa de fundar Serra.

Fray Francisco Garcés descubrió en 1775 una nueva ruta para alcanzar California. Consistía en la utilización del río Gila como vía de penetración hasta su confluencia con el Colorado en territorio yuma. Desde allí y utilizando un vado por él señalado, se ascendía hasta territorio jamajab y desde allí, y siguiendo el paralelo de la misión de San Gabriel, salir a ella atravesando previamente el desierto de Mojabe. En su Diario de este viaje tiene buen cuidado en señalar con precisión los aguajes imprescindibles para culminar felizmente el trayecto (sin detenernos ahora en exponer las inmensas dificultades las idas y venidas a través del desierto para localizarlos).

A continuación, y en lugar de descender hacia su misión de San Javier después de tan penoso esfuerzo, abrió la primera vía de comunicación entre el Colorado y el Moqui, el territorio de los indios-pueblo lindando ya con Nuevo México. Consistía esta comunicación en la utilización vial del río Colorado hasta el vértice sur del actual estado de Nevada, tomar luego un rumbo básicamente este y, con la constatación imprescindible de aguajes señalados con todo detalle en su Diario, llegar hasta Oraibe, aldea de los indios-pueblo, habiendo pasado previamente por el Cañón del Colorado, no visitado por europeo alguno desde la expedición de Coronado en 1542.

Desde el punto de vista político, fray Francisco Garcés realizó una importante labor de pacificación entre las numerosas tribus del Gila y el Colorado; mientras que su labor evangelizadora le puso en contacto con alrededor de 25.000 indios, componentes de las naciones (utilizando su terminología) visitadas en su amplísimo recorrido a pie de miles de kilómetros; por último, su labor exploradora le sitúa en la cima de la aportación aragonesa en tierras americanas desde el descubrimiento a la independencia.

 

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