Gran Enciclopedia Aragonesa

Avanzada
Estás en: Página de voz

Fiducia sucesoria

Contenido disponible: Texto GEA 2000

(Derecho) Institución por la cual una persona con vecindad civil aragonesa (denominada «comitente») puede delegar en una o varias personas (fiduciarios) la facultad de ordenar su sucesión por causa de muerte.

En el Alto Aragón, la casa Buscar voz... se ha transmitido tradicionalmente de padres a hijos, nombrando aquéllos a uno de los hijos como heredero universal, «haciéndole amo», para que éste continúe la explotación agrícola y ganadera, mantenga viva la casa familiar y tenga en su compañía a los padres o «señores mayores» hasta su muerte. Esta sucesión en favor de uno solo de los hijos era exigida por la poca entidad media de los patrimonios -cuya división los hacía antieconómicos e impedía que de cada una de las partes pudiera vivir cada hijo con su familia-, y ha sido posible gracias al buen sentido del Derecho aragonés, que ha permitido el nombramiento de heredero en favor de un hijo, dejando a los demás una parte legítima meramente formal: tradicionalmente, cinco sueldos jaqueses por bienes muebles y otros cinco por inmuebles o «sitios».

Para determinar cuál de los hijos debe quedarse en casa como dueño de ella, los padres han de valorar las aptitudes, capacidad de trabajo, dedicación y planteamiento de vida de cada uno de ellos, al objeto de elegir al más apto para la continuación y pervivencia de la casa familiar. Sin embargo, es posible que el padre, al sentirse ya anciano, no tenga elementos de juicio suficientes, por la juventud extrema de sus hijos, por su indeterminación o por otros motivos. Ésta es la razón fundamental por la que, en tal caso, en vez de designar personalmente al heredero, encarga a su cónyuge el nombramiento y, si éste no lo hiciere, a determinados parientes, surgiendo así la fiducia sucesoria.

Esta institución, conocida ya en el siglo XII, tiene origen consuetudinario, y no estuvo recogida en los antiguos Fueros ni en las Observancias del reino de Aragón. Se admitió, empero, gracias a la libertad civil que ha presidido el Derecho aragonés, que da validez a todo tipo de actos jurídicos mientras no contradigan las normas imperativas o el Derecho natural.

La fiducia sucesoria se halla admitida y regulada en la vigente Compilación, en sus artículos 110 a 118 inclusive. Los cuatro primeros, reunidos en el capítulo I -disposiciones generales-, se refieren a la fiducia en favor del cónyuge, y los restantes integran el capítulo II, dedicado a la fiducia colectiva.

Cada cónyuge puede encargar al otro la ordenación de su sucesión, lo que implica nombrar heredero, asignar legítimas y legados, siempre que se haga en favor de descendientes y parientes consanguíneos. Esta limitación familiar se ha puesto conservando el sentido histórico de la fiducia, y para evitar que el marido o mujer que se encuentra facultado para disponer de los bienes del otro después del fallecimiento de éste pudiera distribuirlos arbitrariamente. La ley otorga la confianza al viudo o viuda basándola en que el sobreviviente se mantendrá unido a la familia del premuerto y distribuirá la herencia entre ellos, y el buen funcionamiento de esta confianza está acreditado por la historia. Por este mismo carácter familiar, el cónyuge que se case de nuevo pierde su calidad de fiduciario, salvo que el premuerto hubiera dispuesto lo contrario.

El cónyuge fiduciario puede hacer uso de sus facultades en varios momentos, si lo cree oportuno, lo que asegura la adecuada elección, sobre todo de heredero, y da al viudo o viuda una situación preeminente en la familia, manteniendo el respeto de los hijos. Los actos que realice en cumplimiento de su encargo deberán constar en testamento o escritura pública otorgada ante notario.

Típica y original del Derecho aragonés es la fiducia colectiva. Por ella se autoriza a los parientes para que, reunidos en Junta, resuelvan lo más conveniente sobre los bienes del fallecido, siempre que se trate del continuador de la casa aragonesa, pues sólo para la sucesión de ésta y en favor de descendientes o consanguíneos cabe esta actuación familiar. Los parientes que deben intervenir en la sucesión pueden ser elegidos por el propio titular de la casa de cuya sucesión se trata, si bien normalmente se designa a los dos más próximos, uno de la línea paterna y otro de la materna, debiendo intervenir en las decisiones la viuda, si existe. En muchos casos, sobre todo en el Alto Aragón -comarcas de Boltaña y Benabarre, principalmente- se suele exigir que los parientes que deban intervenir en la sucesión residan en la provincia de Huesca, asegurando con ello su asistencia a las reuniones de la Junta y su interés por la casa.

Estos parientes se reúnen en junta para decidir acerca de la sucesión de la casa, debiendo concurrir todos los designados. Tras deliberación se suele elegir un heredero como continuador de la casa, aquel que se juzga más adecuado para su mantenimiento y mejora, teniendo en cuenta hoy también las preferencias de los hijos del causante, pues uno de ellos suele ser elegido.

«Un hijo o hija de este matrimonio será el heredero de la casa, aquel que ambos cónyuges nombren o, en defecto de elección, el que nombrare el sobreviviente; y si ambos falleciesen sin hacer la elección, la practicarán los dos más próximos parientes, uno de cada parte», es fórmula ya tradicional que se viene utilizando en capitulaciones matrimoniales al concertar el matrimonio. Los acuerdos son tomados por mayoria de votos entre los parientes llamados a ejercer la fiducia. Si hay discordia, se suele acudir a la decisión de persona ajena a la familia pero de reconocido prestigio; normalmente el párroco, y a veces el alcalde o juez del municipio.

La fiducia tiene hay sentido y razón de ser, tanto para la justicia y eficacia de la sucesión de casas agrícolas, como de explotaciones comerciales e industriales que se llevan de modo familiar en las ciudades de Aragón.

Cuando un cónyuge nombra fiduciario al otro para que ordene la sucesión de aquél, lo hace confiando (fiducia significa confianza) en su lealtad. La introducción del divorcio lleva al legislador aragonés a añadir en el artículo 110 de la Compilación de 1967, por la Ley de 16 de mayo de 1985, un tercer apartado que dice así: «El nombramiento de fiduciario quedará sin efecto por sentencia firme de nulidad, divorcio o separación». Es ésta la única modificación que en el título de la «fiducia sucesoria» ha introducido la citada Ley aragonesa.

La ley de Sucesiones por causa de muerte de 1999, en su Título IV, establece ciertas modificaciones en materia de fiducia sucesoria, al tiempo que completa el contenido de la compilación, resolviendo las dudas y problemas que han surgido en la práctica. La novedad más importante consiste en la ampliación del ámbito subjetivo de la fiducia, que en la Compilación quedaba limitada al cónyuge y a la llamada fiducia colectiva. Con la nueva ley, puede nombrarse fiduciario a cualquier persona mayor de edad y con plena capacidad de obrar. Sin embargo, se establecen unas reglas más limitadas para el fiduciario no cónyuge (incluidos los miembros de parejas estables no casados). Por otra parte, mejora lo establecido en caso de crisis matrimonial cuando el cónyuge es fiduciario. Según la Compilación, sólo se perdía esta condición en caso de sentencia firme de divorcio, ahora es suficiente con que esté interpuesta la demanda. El plazo para ser ejecutada la fiducia queda limitado a tres años cuando el fiduciario no es el cónyuge. Asimismo establece nuevas normas que regulan la atribución y el ejercicio de la administración de la herencia dependiente de asignación, y la representación del patrimonio hereditario, aspectos en que la Compilación resultaba insuficiente.

Mantiene una regla específica para la sucesión de la «casa», completando y aclarando lo establecido en la Compilación. Establece que la elección de sucesor debe efectuarse por el cónyuge sobreviviente o, en su defecto, por los integrantes de la fiducia colectiva. La elección deberá recaer en uno de los hijos o descendientes y, en su defecto, en uno de los parientes, con preferencia de los comprendidos hasta el cuarto grado.

Finalmente, regula la pérdida de la condición de fiduciario (si tras requerimiento notarial o judicial, no lo aceptare en igual forma en el plazo de 60 días) y los efectos de la extinción de la fiducia sobre los actos de ejecución ya otorgados.

• Bibliog.: Alonso y Lambán, M.: «Sumario de una problemática de la fiducia sucesoria aragonesa»; Temis, n.° 12, 1962. Calatayud Sierra, Adolfo: «Comentarios al Título IV: De la fiducia sucesoria»; en Ley de Sucesiones. Comentarios breves por los miembros de la Comisión Aragonesa de Derecho Civil (coord. Jesús Delgado Echeverría), Zaragoza, 1999. Palá Mediano, F.: «La fiducia sucesoria»; A.D.A., tomo XIII, 1967.

 

Categorías relacionadas

Categorías y Subcategorías a las que pertenece la voz:

RSS Twitter

© DiCom Medios SL. C/ Hernán Cortés 37, Zaragoza · 976700010