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Emigrantes

Contenido disponible: Texto GEA 2000

Hasta los años 70 el emigrante aragonés era, por lo general, de baja cualificación profesional y cultural, lo que le planteaba problemas en su lugar de destino. De los emigrantes varones correspondientes a población activa, el 70 % eran campesinos, según Marín Cantalapiedra. Al emigrar, la menor parte ha conservado su carácter campesino; así, por ejemplo, los agricultores que se trasladaron del secano a los nuevos regadíos, o los pastores serranos que al desaparecer la trashumancia pasaron a ejercer el mismo oficio en las tierras llanas, o los artesanos y peones de la construcción de los núcleos rurales que pasaban a la ciudad con la misma profesión.

Pero lo normal es que la emigración conlleve el cambio de actividad laboral y, al no existir una preparación adecuada, se tengan que colocar en oficios de baja cualificación. Las mujeres pasaron de campesinas a empleadas de hogar en las casas ciudadanas o a las fábricas y talleres como obreras o a los comercios, de dependientas. Los varones jóvenes se emplearon masivamente en el sector secundario como peones, tanto en la construcción como en las fábricas, o en el terciario como camareros, policías, etc.; los de mayor edad se colocaron en el sector servicios tanto privado (empleados de fincas urbanas, vigilantes nocturnos, etc.) como público (barrenderos, conserjes, etc.).

La baja cualificación profesional, cultural y económica del emigrante medio aragonés acarreó problemas de asimilación en el lugar de destino. Los mayores problemas se presentaban para los que emigraban al extranjero: la lengua, para una mayoría de emigrantes semianalfabetos o con sólo las primeras letras (todavía en la década de los 60 más del 3 -de los emigrantes aragoneses eran analfabetos), constituye un muro infranqueable. Los que se trasladaban a las grandes ciudades españolas (Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia) sin el problema lingüístico sufren, sin embargo, las consecuencias del cambio de región y, sobre todo, del tránsito de una comunidad rural de unos pocos vecinos a una compleja y mastodóntica -al menos a sus ojos- sociedad urbana, donde la impermeabilidad social es frecuente y la asimilación no se produce hasta la siguiente generación.

Aun en el mejor de los casos, la emigración que tiene lugar en la ciudad de Zaragoza, sin cambiar de región, plantea los problemas propios de la gran ciudad. Una encuesta realizada en los barrios de Zaragoza en la década de los setenta, revelaba que los principales inconvenientes con que se encontraban los inmigrantes eran: nivel de vida más alto en la ciudad, viviendas más caras que no pueden pagar con las propiedades rurales vendidas, mayor ajetreo de la vida diaria, problema de transportes, mayor insalubridad, desarraigo, etc.

Por encima de esta emigración rural de «masa» (siguiendo la terminología italiana) hay otra más cualificada: bien por la posición económica del emigrante, que vende sus propiedades rurales y con el dinero obtenido monta un pequeño negocio en la ciudad, o bien por razón de los estudios profesionales o universitarios, en que una vez conseguido el título se quedan a ejercer en el medio urbano. La política de becas que se inicia en los años sesenta favorece el que un importante número de jóvenes aragoneses se desplacen desde las zonas rurales a las ciudades para estudiar. Esa sangría ha continuado en las décadas siguientes, si bien la construcción de institutos en las cabeceras comarcales ha retrasado la edad de desplazamiento. Estos jóvenes, una vez concluidos sus estudios no suelen regresar a sus poblaciones de origen, ya que éstas no les ofrecen salidas profesionales. Junto con estas emigraciones, de procedencia rural, en los flujos migratorios aragoneses hay que deslindar las provocadas por traslados libres o voluntarios de funcionarios civiles o militares, técnicos, profesionales, etc., en las que el cambio de destino no supone cambio de actividad.

• Bibliog.: Bielza de Ory, V.: La población aragonesa y su problemática actual; col. Aragón, n.° 16, Zaragoza, 1977. Marín Cantalapiedra, M.: Población y recursos de la provincia de Zaragoza; C.S.I.E., Zaragoza, 1973.

 

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