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Constitución de 1812

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 18/03/2010

Proclamada adrede en la festividad de San José -de ahí el sobrenombre de Pepa que recibió popularmente- en recuerdo del día de la abdicación de Carlos IV Buscar voz... y la onomástica de José Bonaparte Buscar voz..., quizá como brindis burlón en su honor. Nuestro primer texto constitucional, base de la vertebración y la evolución del Estado contemporáneo español, tuvo gran trascendencia para Aragón como reino: lo borró políticamente, aunque no del mapa, geográficamente. En sus diez títulos y trescientos ochenta y cuatro artículos, sólo en el t. II, cap. I, art. 10 aparece Aragón como «Territorio de las Españas» en primer lugar, por orden alfabético, sin ninguna otra referencia a sus viejas instituciones y peculiar modo jurídico, quedando, pues, aunque provisionalmente entonces como provincia, rematada así la obra del Decreto de Nueva Planta Buscar voz...: con éste permanecería, sin embargo, con cierta unidad instrumental -Capitanía General, el Real Acuerdo y la Intendencia.

La Constitución de 1812 prevé dividir el territorio nacional en provincias, y hasta que éstas se demarquen Aragón quedará como tal, con una sola jurisdicción que durará poco, tanto menos que la vigencia de la propia Constitución en el tiempo constitucional de Fernando VII Buscar voz... y en parte de la regencia de María Cristina de Borbón Buscar voz..., su viuda. El término provincia, por otra parte, empieza a ser usual en el siglo XVIII, en la jerga administrativa central. En el Nomenclator de 1789, impulsado por Floridablanca, aparece Aragón como «provincia-reino» dividido en 13 corregimientos o partidos. Era la tendencia de la monarquía ilustrada, heredera de la absoluta, para superar las tendencias de los Estados medievales mediante la división cartesiana del territorio de la monarquía, centrándolo sobre su corte. Casi lo hizo perfectamente Napoleón como heredero del concepto de gran nación propio de la Revolución francesa, cuyas Constituciones -de 1791, 1793 y 1795- fueron modelos, casi textuales en algunos de sus artículos, con la de Bayona, de la nuestra de 1812, que tuvo que combatir dialéctica y estratégicamente en sus principios innovadores, superándolos al límite. Y en el límite estuvo al olvidar la antigua división reina de España. Bien es verdad que en aquel momento de guerra sin cuartel aquélla podría parecer un anacrónico artilugio histórico, muerto. Para los ideólogos de Cádiz la luz venía de Francia: Igualdad. Una mera igualdad en los territorios de la piel de toro; sentimiento de homogeneizar el suelo de la monarquía que llegaba de atrás, de Colbert y, después, de Carlos III Buscar voz... y sus ministros. Aragón se quedaría en una mera nomenclatura geográfica, pero, eso sí, cargado de historia y de valores jurídicos y espirituales, de formas de vida, arraigadas en la hermosa y libre conciencia diferenciadora e integradora de sus gentes que continuarán siendo aragoneses partidos en provincias. (División provincial Buscar voz....)

• Bibliog.:
Fernández Almagro, M.: Origen del Régimen constitucional en España; 1928.
Diem, W. M.: Las Fuentes de la Constitución de Cádiz; 1967.

 

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