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Consorcio foral

Contenido disponible: Texto GEA 2000  |  Última actualización realizada el 22/03/2010

(Derecho) Recibe el nombre de «consorcio o fideicomiso foral» la comunidad especial que se forma entre varios hermanos, o entre éstos y sus sobrinos (hijos de hermanos premuertos), cuando reciben bienes inmuebles de un ascendiente común (padres, abuelos), en estado de indivisión, por título de herencia o donación.

Es esta una figura jurídica que se da frecuentemente en Aragón en aquellas familias en las que un grupo de hermanos hereda de sus padres un determinado patrimonio inmobiliario (fincas rústicas o urbanas), y deciden no proceder a la partición del mismo, adjudicando fincas concretas a cada uno de ellos, sino que, por el contrario, se mantienen en comunidad y, normalmente, en explotación conjunta. Está basada en el principio foral aragonés llamado de la «troncalidad Buscar voz...», por virtud del cual se trata de mantener unido el patrimonio dentro de un mismo núcleo o tronco familiar. Institución netamente aragonesa, desconocida por completo en otros territorios españoles, al menos actualmente (Navarra conoció en otros tiempos una figura muy similar a nuestro consorcio foral).

Aragón supo de esta institución desde casi los mismos comienzos de su historia como reino independiente. La Compilación de Huesca Buscar voz... de 1247 la regulaba de forma expresa en los Fueros 1, 2, 3 y 6, agrupados bajo la rúbrica general De communi dividundo. Las Observancias números 1, 3, 4, 5, 6, 7, 11, 12, 13 y 14, De consortibus ejusdem rei, completaban aquella regulación legal.

Con distintas interpretaciones respecto de su contenido y efectos, el consorcio foral subsistió hasta 1926, año de la entrada en vigor del Apéndice de Derecho Foral de Aragón Buscar voz... (texto legal aragonés anterior al hoy vigente), en el que dicha figura fue suprimida. Numerosas y bien fundadas críticas a la institución por parte de importantes foralistas Buscar voz... (Martón Buscar voz... y Santa Pau, Gil Berges Buscar voz..., Isábal Buscar voz... y Muñoz Salillas) determinaron en el legislador aragonés de 1925 su eliminación del texto legal que entonces entraba en vigor. La misma Audiencia Territorial de Zaragoza se manifestaba en contra del consorcio en sentencia pronunciada el 14-III-1924.

Sin embargo, determinadas presiones por parte de ciertos elaboradores de la Compilación de Derecho civil de Aragón Buscar voz..., de 6-IV-1967, texto legal vigente en tema de Derecho foral, provocó la revitalización del consorcio, al regularlo de forma expresa en su artículo 142.

Lo más importante del consorcio foral se encuentra en los propios efectos que para él prevé el vigente texto legal. El primero de ellos es la expresa prohibición que tienen los consortes (es decir, los hermanos que se encuentran en comunidad) de disponer libremente de su participación en el consorcio. Para ello precisan del consentimiento unánime de todos los demás consortes. No parece que éste sea necesario, sin embargo, en el supuesto de que el inmueble en comunidad sea jurídicamente indivisible (pues, legalmente, a nadie se le puede obligar a permanecer en indivisión indefinidamente), o en el caso de que un consorte se encuentre en grave estado de necesidad, y precise de la disposición de su parte en el consorcio como único medio de atender a sus normales necesidades. Otro efecto importante es el no poder ningún consorte disponer de su cuota por actos mortis causa (testamento o pacto sucesorio), si no es a favor de sus descendientes (hijos, nietos, etc.). Los más graves problemas que esta prohibición origina se plantean en los supuestos de matrimonios sin hijos. En éstos, el cónyuge en consorcio foral con sus hermanos o sobrinos no puede otorgar testamento dejando su parte en el consorcio a su marido o mujer. Dicho testamento, respecto de tal disposición, sería nulo. Porque cuando un consorte fallece sin descendencia -y éste es el último y, quizás, fundamental efecto del consorcio- su participación consorcial «acrece» a los demás consortes (sus hermanos o sobrinos). Acrecimiento que supone engrosar la cuota o participación de los demás con la del fallecido.

El consorcio se disuelve y, en consecuencia, sus efectos desaparecen, cuando se verifica la partición de los inmuebles objeto del mismo. Partición que puede solicitar cualquiera de los consortes, en cualquier momento. También se disuelve el consorcio sobre un determinado inmueble cuando éste es enajenado de mutuo acuerdo por todos los consortes, aunque a él le venga a sustituir en la comunidad otro (como en el caso de la permuta), pues el nuevo inmueble no puede considerarse ya como adquirido por título y en régimen de consorcio.

• Bibliog.:
Portolés, Jerónimo: Tractatus de consortibus eiusdem rei et fideicommiso legali; Zaragoza, 1619.
Muñoz Salillas, Juan: «El consorcio foral. Una institución que desapareció del Apéndice y que no debe llevarse al que se proyecta»; Anuario de Derecho Aragonés, Zaragoza, 1953-54.
Riera Aísa, Luis: «Consorcio foral»; Nueva Enciclopedia Jurídica, t. V, Seix, Barcelona, 1953.
Merino Hernández, José Luis: El Consorcio foral aragonés; Librería General, Zaragoza, 1976.
Lacruz Berdejo, José Luis: «El consorcio foral aragonés»; Homenaje a Emilio Orbaneja, Moneda y Crédito, Madrid, 1977.

 

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